El santuario con la imagen de San Antonio de Padua, ubicado en Montuva; quedó intacto en medio del barro y la destrucción tras la creciente que arrasó Zonda
Todo alrededor es barro. El parral del fondo quedó sepultado bajo la greda, los alambrados desaparecieron y el terreno plano se transformó en un paisaje de montículos y destrucción. Pero en medio de ese escenario desolador en Zonda, una imagen permanece de pie. Es San Antonio de Padua.
El pequeño santuario, inaugurado hace apenas unos meses, quedó intacto después de la creciente más fuerte que recuerdan en Zonda en casi cuatro décadas. El pasado viernes 23 de enero la corriente arrancó las barandas soldadas a las columnas y deformó el terreno, pero no logró mover la estructura que protege al santo.
El dueño del predio asegura que había levantado ese santuario como promesa cumplida y hoy habla de milagro, en una noche que pudo terminar en tragedia. “Todo cambió alrededor, pero él quedó ahí”, resumió Gustavo Alés, dueño del predio de eventos Montuva y uno de los comerciantes más afectados por el temporal de la noche del 23 de enero pasado.
Alés contó a Tiempo de San Juan que levantó ese santuario como agradecimiento por una promesa cumplida. “San Antonio me hizo un milagro, y yo le prometí construirle esto. Lo inauguramos el 13 de junio del año pasado”, comentó. Lo que nunca imaginó es que, pocos meses después, ese rincón se convertiría en símbolo de una noche que pudo terminar en tragedia.
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Gustavo Alés junto al santuario que construyó en cumplimiento de una promesa.
El caballo enterrado y rescatado
Cuando los dueños del lugar llegaron al otro día de la tormenta al predio de Montuva, a pocos metros de la imagen de San Antonio otra escena los sorprendió. “Vimos que el caballo de Don Rivero, un antiguo encargado de la finca que todavía suele dar una mano en el lugar, quedó literalmente enterrado bajo el barro. Solo sobresalían sus patas delanteras y la cabeza”, contó Alés.
De inmediato se pusieron a trabajar para rescatarlo, pero temiendo lo peor. Sin embargo, y contra todo pronóstico, el animal no sufrió fracturas y salió con vida. “Fue un milagro de San Antonio” repitieron los trabajadores que presenciaron la escena.
Una fiesta salvadora
Es posible que el mayor de los milagros ocurrió antes de que bajara la creciente. Es que el casero del salón de eventos -uno de los predios más destrozado- no estaba esa noche en su casa. Junto a su esposa y su hijo de apenas dos años, esa noche se encontraba celebrando un cumpleaños de un familiar fuera del predio. “Si hubiera estado acá, no sé qué le habría pasado”, dijo Alés.
Su auto que quedó en la propiedad fue arrastrado por la corriente y terminó montado arriba de una de las camionetas del propietario que había quedado estacionada al lado de la vivienda del casero. Una imagen que resume la violencia del agua y lo que pudo haber ocurrido si la familia hubiese estado en el lugar.
No es todo. Un operario que estaba ayudando en las tareas de limpieza del lugar relató que los ocupantes de uno de los autos que fueron arrastrados por la corriente en la ruta 12 esa noche, enfrente de Montuva también tuvieron mucha suerte. “Llegaron hasta cerca del puente y al verlo desbordado, pegaron la vuelta y los alcanzó la creciente que pasó por aquí. Pero San Antonio los protegió”, contó el trabajador a este equipo periodístico. Mas tarde sus ocupantes fueron rescatados con un gran susto, pero con vida.
Entre la fe y el alivio
Embed - Tiempo de San Juan on Instagram: "El milagro de la creciente en Zonda En medio del barro y la destrucción, una imagen de San Antonio de Padua quedó intacta tras la creciente. Otros sucesos alrededor que pudieron terminar en tragedia no lo hicieron. Su dueño, Gustavo Alés; cuenta que había levantado el santuario en agradecimiento a una promesa cumplida. La historia detrás del santuario que hoy muchos llaman “el milagro de Zonda”. @elizabeth1037perez @elkukazz Más info en @tiempodesanjuan #milagro #sanantoniodepadua #zonda #crecida #tiempodesanjuan"
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Mientras todavía intenta dimensionar pérdidas que incluyen alambrados, mobiliario y parte de su predio devastado, Alés vuelve una y otra vez a mirar el santuario. “La baranda de hierro del lado sur, que estaba soldada cedió, pero la estructura que protege al Santo no se movió. Yo lo siento como una protección”, dijo.
Es que, entre autos apilados, animales y automovilistas rescatados y una imagen que resistió la furia del agua, en Zonda varios hablan de milagro. Y hasta los que no tienen fe coinciden en algo: con la violencia que bajó la creciente de las sierras de Zonda pudo haberse llevado vidas. Y no lo hizo.