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Creciente histórica

La noche en la que el agua y el barro lo cambiaron todo: dos testimonios desde la tragedia en Zonda

El dueño del salón Montuva y la propietaria del restaurante La Coqueta cuentan cómo vivieron la noche más dramática que recuerdan en décadas: clientes evacuados, autos arrastrados y pérdidas millonarias. No hubo víctimas, pero el impacto fue devastador.

Por Elizabeth Pérez

Primero fue la lluvia y luego vino la creciente, como siempre ocurre en los meses de diciembre y enero cuando llueve en los cerros de Zonda. Pero cuando el agua empezó a bajar con fuerza por la ruta 12 y las calles Las Moras, Laprida y Sarmiento, entre otras; nadie imaginó hasta dónde podía llegar.

En cuestión de minutos, comercios, fincas, autos y casas quedaron bajo el barro. No hubo víctimas, pero sí escenas de terror, rescates a contrarreloj y pérdidas que todavía hoy son difíciles de dimensionar.

Gustavo Alés, dueño del salón de eventos Montuva, y Andrea Coria, propietaria del restaurante La Coqueta, fueron dos de los damnificados que vivieron la noche más dramática que recuerdan en décadas y dieron sus testimonios a Tiempo de San Juan. Algunos lugareños dijeron que hace casi 40 años que no ocurre algo tan violento.

“Nunca vi algo así en mi vida”

Embed - Creciente histórica en Zonda: el testimonio del dueño de un salón arrasado por el agua

A sus 62 años, Gustavo Alés aseguró que jamás presenció una creciente de semejante magnitud. “Es un desastre. Las imágenes dicen más que cualquier palabra”, resumió mientras caminaba entre montañas de barro dentro de un predio que días atrás era un jardín verde.

A una parte del salón, donde están los baños y la cocina, no se puede entrar: unos dos metros de lodo impiden abrir la puerta. Cerca de allí, lo que alguna vez fue una piscina hoy es un hueco de barro, sin barandas y destruida.

Acostumbrado a las crecientes de verano, Alés reconoció que esta fue distinta a todas. “En diciembre, enero y febrero siempre baja agua. Pero algo así nunca lo vi en mi vida”, repite.

La corriente se llevó el alambrado de 350 metros y todo el mobiliario del salón: mesas, sillas, sillones y herramientas de trabajo. El terreno, antes plano, quedó completamente deformado. “Ahora tengo casi un Valle de la Luna acá adentro”, describió.

El daño es tan grande que ni siquiera puede calcular las pérdidas. “Esto no se puede sacar a pala. Acá hacen falta horas de máquina”, afirmó, mientras pidió ayuda urgente al Estado para poder comenzar la recuperación.

La situación pudo haber terminado en tragedia. Dos autos fueron arrastrados dentro del predio sobre la ruta 12 y quedaron montados uno sobre otro. Uno era suyo; el otro, del casero. “Gracias a Dios el casero no estaba. Estaba con su hijo de dos años y su esposa en un cumpleaños. Si no, no sé qué habría pasado”, dijo.

Comensales atrapados y rescates en plena noche

Embed - Los clientes salían de la mano con el agua hasta las rodillas: el dramático relato desde La Coqueta

A pocos kilómetros de allí, en el restaurante La Coqueta, la escena era igual de dramática. Cuando comenzó la lluvia, Andrea Coria, la propietaria nunca imaginó que esa noche iba a terminar con clientes evacuados y rescates improvisados.

“El agua empezó a entrar por la galería. Había unas 20 personas comiendo ahí y las chicas los trasladaron al salón pensando que iba a pasar”, recordó. Hasta invitaron café y té mientras esperaban que bajara la creciente.

Pero ocurrió lo contrario. La creciente se hacía más abundante. En pocos minutos, la policía llegó al lugar y comenzaron a circular noticias alarmantes: gente con el agua al pecho, autos arrastrados como si fueran barcos, vecinos que lo estaban perdiendo todo.

Andrea contó que llegaron al restaurante zondinos que conocían bien la zona, rompieron el alambrado del fondo y abrieron paso entre las fincas para rescatar a quienes habían quedado atrapados. “Primero sacaron a los clientes y al personal. Salían todos de la mano, con el agua hasta la rodilla, apuntalándose entre ellos”, recordó la empresaria.

Tres mesas con comensales lograron ser evacuadas. Dos autos quedaron varados y una camioneta grande ayudó a trasladar personas hasta la ciudad. Una pareja incluso pasó la noche en la casa de la dueña del restaurante, porque ya no había forma de regresar por los cortes de ruta. “Nunca nos había pasado algo así. En 15 años, jamás había entrado agua a La Coqueta”, resumió.

Pérdidas, aniversario truncado y un equipo clave

El daño dentro del restaurante fue importante: el jardín de verano arrasado, lodo dentro de la galería y del salón más alto, freezers y heladeras inutilizados, la producción de alimentos perdida por el corte de la cadena de frío. Todo lo preparado para el fin de semana terminó en la basura.

La tormenta llegó justo cuando La Coqueta celebraba sus 15 años de vida, con un mes lleno de eventos y propuestas especiales. “Teníamos todo programado. Y de golpe, esto”, lamentó.

Ahora evalúan abrir de a poco y apelar al acompañamiento del público. “Queremos mostrar que somos resilientes y que vamos a reconstruir despacio”, dijo Andrea, quien destacó especialmente el rol de su equipo. “Se quedaron hasta el final, contuvieron a la gente, manejaron la situación de un modo excelente. La Coqueta es una familia, y esa noche se notó”.

Reclamos y una herida que vuelve a abrirse

Para Gustavo Alé, la creciente reabrió heridas del pasado. En enero de 2007 otra avalancha de agua ya había causado daños graves en su finca y afectado profundamente a su padre, que nunca volvió al lugar.

Hoy vuelve a reclamar obras, mantenimiento del cauce del río y ayuda del gobierno con maquinarias pesadas para sacar las montañas de barro. Mientras agradece la colaboración de amigos y vecinos que lo ayudaron a sacar barro durante el fin de semana, Alé reclama una respuesta concreta de las autoridades.

“Zonda es un municipio chico y no tiene maquinaria. Espero que se solidaricen otros municipios y el gobierno provincial, y que gestionen ayuda ante la Nación”, pidió.

A cuatro días de la creciente, el barro sigue marcando cada rincón de Zonda, pero ambos entrevistados coinciden en lo mismo: fue una desgracia con suerte. No hubo muertos, pero la noche dejó escenas que nadie en el departamento va a olvidar por mucho tiempo.

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