sábado 21 de marzo 2026

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Coaching

Vivir sin amor bajo el mismo techo

Son muchas las excusas y los pretextos que las parejas esgrimen para no abandonar la casa donde viven, aun cuando el amor desapareció. Quizás por los niños, quizás porque comparten la propiedad de la vivienda, por hábito, quizás porque no alcanza el dinero para vivir solos…. Pero, ¿puede funcionar bien esta situación?

Por Carlos Fernández

Cada pareja es un mundo, y como tal rupturas hay de muchos tipos: amistosas, traumáticas, frías, tensas…, pero es común en la mayoría lo que en lenguaje jurídico se conoce como "cese de la convivencia". Parece de cajón, pero sin embargo, y por incongruente que se antoje, hay ex conyunges que, por un abanico de razones, siguen viviendo juntos, algunos durante meses y otros durante años, ya no en amor, pero sí en compañía.

En estas circunstancias intervienen distintos factores, como no querer renunciar a determinadas cosas, o resistirse a perder el lugar donde se vive, donde están los hijos y donde se volcaron muchos sentimientos y emociones. Pero en muchos casos el verdadero factor de resistencia es el ego y el miedo.

En general, cuando se llega a ese raro epílogo es porque no queda más remedio o por testarudez. Sea por una u otra cosa podemos decir que no es plato de buen gusto seguir compartiendo mesa y mantel, o inodoro, con una persona que ya no amamos ni queremos (se supone que del lecho ya no se hace uso conjunto). Simplemente, no es la situación ideal, pero en muchos casos, el tiempo pasa rápido, y lo que se tiene por un arreglo transitorio puede durar más de lo que los implicados (y sus hijos, si los hay) pueden soportar.

En estos casos no se genera el espacio para que los integrantes de la pareja puedan acostumbrarse a que ya no existe más el vínculo. El proceso de duelo no tiene lugar, se llora con el compañero-a, y no se genera la distancia suficiente para hacer un cierre correctamente y de manera sana.

Los tres principales motivos para no abandonar el hogar.

  • Económico:

Hoy en día cuesta llegar a tener la casa propia o encontrar el lugar que servirá de “nido propio”, sin embargo cuando el amor desaparece tendrán que sortear un sin números de situaciones a definir, una de ellas es si venden o no la casa, pues en la gran mayoría de los casos la venta del inmueble no alcanzará para comprar dos más pequeños para ambos y sus hijos. Si a eso le sumamos que además deberán soportar los gastos con un solo ingreso y no con dos como lo era hasta hace poco.

El precio de los alquileres no ayuda, y el deseo de no perder la independencia hace que muchos no quieran volver a casa de sus padres por lo que se resisten a dejar su espacio en el hogar.

  • Los Hijos:

Cuando hay hijos, sobre todo pequeños, es común pensar que si bien se puede haber fracasado “como pareja”, para no hacerlo “como padres” es mejor continuar viviendo juntos. De esta manera se centran en sus roles paternos y maternos para no afectar prácticamente en nada la dinámica familiar a la que estaban acostumbrados y se cargan de argumentos para no irse.

Esta situación genera en muchas ocasiones una herencia envenenada en los hijos que adoptan como normal una situación contranatura en la relación de amor de sus padres, ya que bien se ven una pareja bajo el mismo techo donde todo aparenta ser una familia, de puertas para afuera cada uno hace una vida y eso acaba dañando la parte psicológica y afectiva de los más pequeños al sufrir una distorsión de la realidad.

  • Emotivo:

Es también común que alguno de los miembros de la “ex pareja” guarde consciente o inconscientemente la esperanza de recomponer lo que ya no existe ingresando peligrosamente a un limbo afectivo, alargando como un chicle lo que es inevitable, hasta que finalmente lo pueda aceptar y poder hacer el “duelo” tan duro como necesario para cerrar una etapa de sus vidas.

El no querer soltar, el miedo al desapego, al quedarse solo-a por imposición hace aguantar el tiempo que sea necesario para ver si en algún momento la relación se recompone, algo realmente difícil en la mayoría de las ocasiones, llegando a mendigar, sufriendo constantemente rechazos, y destrozándose la autoestima a niveles de llegar a somatizar enfermedades.

Separados bajo un mismo techo, rara vez funcionan a largo plazo

Es una combinación muy difícil de sostener en el tiempo, ya que donde hubo amor existía tolerancia, cuando el amor se acabó las cosas se tensan. Quien se degrada de pareja a “compañero de casa” desarrolla una dinámica propia y problemas totalmente nuevos, como en cada convivencia.

¿Quién cocina? ¿Quién limpia? ¿Quién se ha comido todo lo que había en la nevera? Si ambos lo desean y reflexionan lo suficiente, ciertamente podrían seguir siendo amigos, sin embargo en general rige aquello de que “si se terminó, se terminó” y la postura es: “yo no voy a hacer lo que hacía antes porque está claro que no funciono”, y la costumbre del pasado y los hábitos adquiridos en la pareja, nos lleva a situaciones peleas constantes y desajustes en la relación.

Los niños también necesitan un mensaje claro de los adultos

Nosotros en terapia aconsejamos siempre desde Europa Coaching, no aferrarse a una situación que no le hace bien a nadie y en especial a los hijos, ya que si los padres fingen que todo está bien, aunque sean hostiles el uno con el otro cada vez que se encuentran, o si sus palabras no concuerdan con su comportamiento, los niños se verán perjudicados.

Sería muy confuso para los hijos si se mantuvieran las antiguas dinámicas de relación, ya que ellos observaran la convivencia, pero escucharan constantemente ante cada crisis o discusión, que sus padres ya no están más juntos.

¿Cómo debe entender esto un niño?

Los más pequeños entienden más rápido que los adultos cuando el mensaje es claro, que un divorcio no es malo de por sí, ya que si el nivel de conflicto, es mayor que la convivencia en el hogar, es mejor la separación.

Los niños y adolescentes prefieren vivir con uno de sus padres separados bajo condiciones más estables y tranquilas, que con padres que se pelean constantemente y cuyo efecto colateral acaba afectándoles emocionalmente.

Insistir con la convivencia forzosa puede acabar en problemas mayores por lo que nuestra recomendación seria que en caso de tener que estar juntos, tras una ruptura bajo un mismo techo, pongamos una serie de pautas claras de convivencia bajo parámetros distintos a los que se tenían, y definamos roles a seguir que eviten tensiones, dejando claramente marcada una fecha de salida lo antes posible.

Queremos dejar muy claro, que si no hay más remedio, esta circunstancia debe ser absolutamente transitoria. Tarde o temprano, deberán y necesitarán continuar con sus respectivas vidas y pasar página de lo que fue su historia de amor. En caso de no poder ponerse de acuerdo, una mediación, o la ayuda de un profesional en terapias de pareja, facilitara este delicado proceso dejando por escrito las normas y obligaciones de cada uno para hacer más transitable esta etapa de “tiempo compartido sin amor”, hasta la fecha acordada.

Escrito por: Carlos Fernández. Coach y psicólogo.

Redes sociales: Facebook e Instagram: Europa Coaching.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

LO QUE SE LEE AHORA
el paraje de la difunta correa tendra mas parrilleros y espacios renovados para disfrutar en familia

Las Más Leídas

El empresario De Oliveira (a la izquierda) y Enzo Sebastián Salinas. video
Preocupación en Concepción: en pleno duelo ante el Santo tucumano, San Martín sumó dos bajas por lesión
Triple tragedia en Ruta 20: tres personas murieron tras protagonizar un choque frontal
El extraño verano sanjuanino que recién terminó, bajo análisis.
Tres detenidos en Chimbas tras un megaoperativo: secuestran cocaína, marihuana y casi medio millón en efectivo

Te Puede Interesar