En el mundo del liderazgo y la gestión de equipos, en los distintos ámbitos de la vida, hay un perfil que suele pasar desapercibido, pero que genera enormes daños a medio y largo plazo: las personas tibias. No hablamos de quienes son prudentes o reflexivos, virtudes necesarias en cualquier ámbito, sino de aquellos líderes que no se atreven a decidir, no se comprometen y terminan paralizando a toda una organización o la ciudadanía.