Aun se puede percibir en la voz esa alegría que le dejó haber formado parte del Gelato World Cup, el mundial de helado artesanal que se realizó en Italia, donde Argentina quedó cuarta y Santiago Nieto formó parte del seleccionado. Tras haber pasado unas jornadas llenas de experiencias, se prepara nuevamente para lo que será un año lleno de proyectos, pero no olvida sus inicios, en el Barrio Camus, cómo el rol de su padre fue fundamental en su relación con el helado, ni aquella carrera que dejó, a pesar de todo, para perseguir su pasión, sin saber que le daría tantas satisfacciones y alegrías.
Santiago recuerda que, en su infancia, el helado era algo a lo que se llegaba como recompensa, un permitido o un regalo si se portaba bien, pero un hecho desafortunado hizo que del helado una forma de vida. “Vengo de una familia de cuatro hermanos, más o menos dentro de todo era una familia estable, con un ingreso suficiente, y de repente mi padre y mi madre se quedaron sin trabajo. De repente nos quedamos sin nada, y por intermedio de un amigo de mi padre, que vendía helados, nace la heladería”, recuerda el sanjuanino.
Si bien la primera etapa fue venta de helado a domicilio, el “depósito”, que era la casa de la familia de Santiago, fue en el Barrio Camus, en Rivadavia, lugar que recuerda como el sitio donde nació todo. Donde su pasión comenzó a dar los primeros pasos.
Lo que comenzó como reventa de helados impulso a Ricardo Nieto, padre de Santiago, a profesionalizarse y tras realizar algunos cursos para aprender sobre elaboración de crema helada, el negocio muta para pasar de revender a ser productores.
En esos momentos, Santiago tenía 12 años, y al cabo de dos años, el espíritu de empuje y emprendedor comenzó a manifestarse en el joven cuando se sumó a trabajar junto a su padre en la heladería. “De los 14 a los 22 años trabajé de delivery, cajero, en el mostrador y hasta como personal de eventos”, comenta entre risas, rememorando esos momentos en donde combinaba su pasión por el helado con la vida de un joven en San Juan que estudiaba y debía seguir una carrera.
“Estudié ingeniería industrial y en segundo año decido abandonar la carrera y poner mi primera heladería. Fue una decisión drástica, porque mis padres no querían que deje la universidad, pero mi idea era dedicarme a lo que me gustaba. Vengo con este espíritu emprendedor de toda la vida, mamado por mi viejo, que tiene un espíritu muy fuerte”, comenta.
Como todo negocio reciente, Santiago recuerda que no era sencillo. No solo vivía para la heladería, sino que vivía en la heladería. De día pasaba sus horas en el local, viendo distintas maneras de marcar la diferencia, sea en los sabores, en la calidad del producto, en la estética de su marca. Por la noche, dormía en un ático que quedaba sobre el local. “En esa heladería dejé todo, fue una experiencia maravillosa, pero fue difícil porque estaba solo era mucho trabajo”, asegura el sanjuanino.
Era hora de tomar una decisión: dejar las cosas como estaban o buscar ayuda para crecer y compartir su locura por el helado con más personas. Era más que claro que se inclinaría por la segunda opción y en 2011 se asocia con su hermano Fernando. Fue cuestión de tiempo para que la marca Portho Gellato se expandiera por todo San Juan, con una variedad de sabores únicos, originales y auténticos.
Todo iba bien en la vida de Santiago con la sociedad, pero había algo que faltaba, al menos una experiencia más para vivir el helado de otra manera. Fue así que comenzó, sobre el 2013, a interiorizarse en el mundo de los campeonatos.
Tanto a nivel nacional, continental como mundial hay distintos campeonatos que permiten no solo la visibilización de los distintos maestros heladeros, sino también pone en juego la profesionalización y ayuda a la difusión de la actividad. En Argentina, hay importantes y grandes exponentes, y Santiago, con su talento, no demoró en formar parte de ese mundo.
Su primera participación fue en 2013, en el Campeonato Argentino, junto a su padre, donde obtuvieron el tercer lugar. “Fue gratificante porque fue nuestra primera participación. Luego de eso, me atrapó de una manera increíble. Me gustan, quiero capacitarme todo el tiempo y seguir. Desde ahí no frené. 2015 me volví a presentar con mi padre, donde volvimos a salir terceros. En 2017 no me podía presentar en el argentino porque teníamos un viaje familiar programado, y me sale la posibilidad de inscribirme en el Gelato Word Tour, donde salí Campeón Latinoamericano, y eso me dio la posibilidad de participar en la Copa en septiembre de 2017, en Italia. Salgo 14 de 36, fue una experiencia linda”, recuerda.
El camino por los torneos continuó, esta vez acompañado por Fernando, obteniendo el primer lugar en el Campeonato Nacional. Con ese logro, se abre la posibilidad de formar parte del seleccionado nacional de heladeros, el envión más que justo para los logros recientes de los cuales aun siente orgullo y felicidad.
El 2022 se consagra campeón de la Copa Latinoamericana de Helado Artesanal y este verano formó parte del mundial de heladeros artesanales, el evento más importante a nivel internacional.
Parado hoy a inicios del Santiago se siente más que satisfecho. Disfruta de cada experiencia, sacando el mayor provecho posible, pero también disfruta de su vida, familia, amistades y el deporte, actividad que le gusta.
Pasa largas horas en la fábrica, en contacto no solo con los trabajadores sino con el producto. Mantiene reuniones con Nicolás Bacha, amigo y socio, o con Fernando, o Elizabeth, quien también forma parte del negocio familiar.
“Una o dos veces a la semana me doy el tiempo para crear. Me encierro con música que me gusta y creo sabores, recordando cosas que he probado, navego por ideas para crear sabores nuevos como productos nuevos. Mi día a día es dinámico, no tengo rutina en lo que es el trabajo en sí”, comenta.
¿Qué le depara el futuro? No lo sabe, pero sí está seguro que en cualquier horizonte que explore, el helado está presente. Proyectos hay varios encaminados, algunos ambiciosos y que permitirían romper las fronteras físicas, otros que sin duda marcarían el legado de Santiago, pero cada uno se conocerá a su momento.