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Bolsa de Comercio de San Juan

El sueño de un puñado de empresarios famosos, en aquellos años que un litro de vino valía un dólar: así nació una entidad sexagenaria en San Juan

En los años ‘60, cuando la industria vitivinícola sanjuanina era un gigante, un grupo de empresarios visionarios creó una institución que puso a la provincia en el mapa financiero del país, y convirtió al vino en moneda.

Por Elizabeth Pérez

Corrían los primeros años de la década de 1960 y San Juan aún vivía tiempos de reconstrucción, tras el terremoto de 1944 y las crisis económicas que habían golpeado duro. Pero nadie estaba dispuesto a resignarse, y en ese contexto, un grupo de empresarios y amigos visionarios en San Juan pergeñaron una idea audaz.

Decidieron crear en la provincia una Bolsa de Comercio donde los sanjuaninos pudieran participar del mercado de valores nacional y potenciar el protagonismo económico apuntalado por la vitivinicultura. Por aquel entonces la industria del vino era poderosísima en San Juan. Al punto que sucedía algo que hoy resulta increíble: un litro de vino de traslado cotizaba a 1 dólar, que hoy sería el equivalente a casi 1.500 pesos.

Empresarios visionarios

Detrás de esa idea estuvieron hombres extraordinarios para la época, que “pechaban” todos para el mismo lado, y en las juntadas del Club Social o en el estudio jurídico de General Acha, pasando Rivadavia, analizaban cómo mejorar la provincia.

Allí estaban el bodeguero, hotelero y fundador de Canal 8, Jorge Enrique Estornell; los abogados del estudio jurídico de sus empresas, Héctor Miguel Seguí y Juan Delfor Atán; Edgardo Gómez y el “Bebe” Gómez Centurión, que tiempo después ambos fueron gobernadores.

También estaba el fundador del Diario de Cuyo, Francisco Baltazar Montes, que se codeaba con Rodolfo Passerón, Emeterio Ortiz, Fulgencio Navarro, Juan Ruffa, Hilario Zamarbide, Carlos Correa Arce, Emilio Romito, Francisco Bataller Estornell y quizá alguno otro apellido famoso que quedó en un rincón de la memoria.

“Mi padre hacia derecho societario y se vio la necesidad de tener una entidad financiera similar a la de Buenos Aires o Rosario. San Juan no tenía puerto como aquellas provincias, pero ya se pensaba en la necesidad de tener conectividad con el Pacífico, cruzando la cordillera”, contó a Tiempo de San Juan, Diego Seguí, el hijo de Héctor, al rememorar esas épocas.

Así el 16 de octubre de 1960 nació la Bolsa de Comercio de San Juan SA (BCSJ), que este 2025 celebra sus 65 años de vida. Un año después fue fundada oficialmente e insertó a la provincia en el mercado nacional de valores, títulos y monedas

El apogeo y la “city” local

Con la decisión tomada, este grupo de empresarios construyó con sus medios el edificio de la Bolsa: erigido frente a la plaza 25, la principal de la ciudad, el inmueble de 1.800 metros cuadrados se convirtió en símbolo del auge económico de los años ’60, ’70 y ‘80.

“Era gigantesco”, dijo Seguí. “Toda la planta baja estaba destinada a la atención al público y abarcaba lo que hoy ocupa La Caja, la confitería Cereza y el bazar. Era la “city” financiera de San Juan”, agregó.

Al lado estaba el banco Agrario, de capitales sanjuaninos; y enfrente la familia Zunino construyó el Banco Hispano Corfin que llegó a tener 32 sucursales en Argentina. Cruzando la plaza, en la avenida Ignacio de la Roza, el banco San Juan.

“Las cuentas de los bodegueros trasladistas sanjuaninos en los bancos de la época eran millonarias”, recordó Diego con conocimiento de causa, ya que él mismo fue empleado del banco Corfin.

Con el tiempo, la Bolsa sanjuanina consiguió algo difícil: ser reconocida como agente de la Bolsa de Buenos Aires, un logro que exigía cumplir estrictas condiciones de solvencia y control. Durante los años ‘80, mientras la vitivinicultura local vivía su esplendor, la entidad alcanzó su punto más alto.

El vino como moneda, una genialidad sanjuanina

“La industria del vino entonces era poderosísima”, deslizó Seguí, al recordar que a su padre se le ocurrió la idea de lanzar un Warrant para el vino, un instrumento financiero similar al que usaban para invertir con los cereales en Rosario.

Así fue que el vino sanjuanino escribió un capítulo único en la historia financiera del país. La BCSJ logró, en un hito de innovación bursátil, convertir el vino añejado en una "verdadera moneda negociable". En 1965, la idea gestada por Héctor Miguel Seguí fue aprobada en forma unánime por el directorio y nació un vino certificado que cotizó en todo el país.

Se llamó simplemente Vino Bolsa Certificado, tenía perfiles de vino fino y se fraccionó en botellas, toda una novedad en épocas donde el gran volumen era de traslado y viajaba en los vagones de carga del tren a Buenos Aires. “Convocaron a mi abuelo materno, el enólogo Alberto Baistrocchi, quien elaboró Borgoña y Barbera de Asti por tres años seguidos”, recordó Seguí.

La botella de vino iba acompañada por un certificado bursátil -el Certificado de Añejamiento de Vinos- y San Juan logró algo inédito: contar con un título negociable que podía comprarse o venderse en todas las Bolsas del país, incluyendo la de Buenos Aires. El mecanismo funcionaba de la siguiente manera:

  • La bodega añejadora, que intervenía con la Bolsa, asumía la responsabilidad de asegurar la conservación y la calidad del vino.
  • Se emitieron "certificados de propiedad" por volúmenes de 100 o 500 litros de vino. Estos documentos representaban la propiedad del vino y podían ser negociados en la Bolsa.

Así, el vino sanjuanino se consolidó como una forma de invertir y ahorrar, además de una herramienta de financiamiento para los productores vitivinícolas. “Esos títulos bursátiles representaban un valor notable, teniendo en cuenta que un litro de vino equivalía a un dólar”, indicó Seguí.

De la crisis al legado

Luego de los ’80, con la crisis económica y el declive de la vitivinicultura local, la Bolsa también tuvo sus tropiezos: perdió su condición de agente, fue intervenida y finalmente reducida. “Fue una decadencia traumática”, admite Seguí. Pero lo que permanece, más allá de los vaivenes, es el legado de aquellos empresarios que soñaron en grande.

Hoy, el edificio de General Acha y José Ignacio de la Roza sigue en pie, como testigo de una época donde una generación de sanjuaninos llegó a jugar en las grandes ligas financieras.

Tiempos actuales

En efecto, la BCSJ continúa operando, con menor estructura en el segundo piso del edificio, pero con el mismo espíritu de sus fundadores. Lo hace bajo la forma de una Sociedad Anónima, y cuenta con la autorización y control permanente de la Comisión Nacional de Valores (CNV) para funcionar como bolsa de comercio. Su actual presidente es Damián Ventura.

La entidad se ha diversificado y consolidado mediante alianzas estratégicas -como Invu, empresa de servicios financieros, el Banco Galicia y seguros-, ampliando su presencia regional en Mendoza, San Luis y La Rioja, y ofreciendo servicios clave en minería, seguros e inmuebles.

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