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El día que el alma de la Central Quebrada de Ullum se fue al cielo

Este jueves se vivió un momento histórico en San Juan con la extracción del rotor de la estación hidroeléctrica y Tiempo de San Juan estuvo allí para mostrártelo.
jueves, 8 de abril de 2021 · 17:52

Monumental, impresionante, como danzando en el aire, el monstruoso disco de 242 toneladas empieza a elevarse hacia el cielo. Este 8 de abril marca un hito en la historia energética de San Juan, con la extracción del rotor que es el alma de la central hidroeléctrica Quebrada de Ullum. Tiempo de San Juan participó en exclusiva de este espectáculo único que se dio en el marco de la reparación integral de la central de energía más antigua de la provincia, que prevé terminarse para principios de 2022.

La única y última vez que esta pieza se extrajo fue en 1994 pero es la primera vez desde su fabricación hace 30 años que se realizan ensayos especiales en el rotor, que no se pueden efectuar cuando la máquina está armada.

Tres horas de adrenalina

Una grúa con capacidad para mover 275 toneladas despierta al gigante cerca de las 11 de la mañana. Afuera el agua ruge con la misma fuerza que en épocas normales le da envión a esta turbina, ahora apagada desde febrero tras décadas de rodar a 400 vueltas por minuto. La empresa privada IMPSA junto a la estatal EPSE supervisan este hito que es extraer el rotor, corazón de la central.

Como una cirugía a cielo abierto, la tarea demanda varios pasos y muchas horas. Primero destapando la máquina que implica mover grandes estructuras de metal: el eje superior, el tope superior de máquina, el distribuidor de aceite del cabezal, el cojinete guía superior, las tapas superiores y una pieza de gran porte como es la cruceta superior.

A eso de las 9 empiezan a sacarse con la grúa las placas que forman el techado de la central. La maniobra demora cerca de una hora. Luego llega el proceso estrella: izar el rotor que es uno de los componentes principales y el más pesado. 

Círculos y más círculos de hierro y enormes tornillos a la vista conforman la estructura a mover, que tiene unos 2 metros de alto por 6 metros de diámetro. Para cuidar los bordes hace falta la coordinación de 14 hombres que con precisión guían el izamiento. No puede romperse nada ni saltarse una pizca de la pintura entre el rotor y el estator, cuya separación entre ambos es de apenas 19 milímetros. Así, sostienen listones de madera alrededor de los círculos y consiguen que se eleve sin complicaciones.

Hay emoción e impaciencia, se colocan banderas sobre el disco, una argentina, dos de EPSE y otra de IMPSA. Es un trabajo casi artesanal. Los operarios aprovechan el interín para sacarse fotos. Ya está todo a punto para subir. Un gancho del tamaño de una moto se coloca cuidadosamente en el centro, lo cual lleva otros varios minutos. La operación de carga requirió múltiples pruebas previas. Esta grúa se usa seguido en la central pero no sostiene este peso desde 1994.

Los hombres salen como hormigas del pozo cuando ya está todo listo para empezar a mover la pieza. Y se inicia el show.

Suena la chicharra de prevención. El movimiento es casi imperceptible, sin rechinajes, sólo el izamiento, en una ceremonia imperdible. Lento suben esos 242.000 kilos de metal, sin balanceos, todo está calculado en detalle. Va por tramos. De a poco van quedando expuestos los bobinados del generador.

Cuando el disco está pendiendo entre el techo descubierto y la base, todos quieren inmortalizar ese momento y los operarios se sacan selfies y postales en equipo, orgullosos de haber llegado a este instante. 

Se retoma el movimiento. La máquina recorre unos 10 metros en vertical y luego unos 30 metros horizontal, se traslada en “L” para quedar depositada en el nivel cero. Todo en cámara lenta.

Por arriba, se empieza a ver asomar desde el agujero el inmenso círculo acerado. Hace el trazado horizontal y otra vez, el trabajo de artesano de los hombres que lo reciben, en coordinación con dos operarios de la grúa, para apoyarlo sobre unos pedestales de acero predispuestos, con una nivelación de décimas de milímetros, trabajo que se logra con comunicación de handy.

En las alturas, los conductores de la grúa, experimentados empleados de IMPSA, mueven el joystick a pedido de los de abajo, que están a full con la cinta métrica. Hasta que el rotor se asienta, con el más perfecto aterrizaje, en silencio, ubicándose a la perfección sobre esos pequeños pero fuertes soportes.

El gigante yace afuera, listo para ser remozado. Es casi mediodía.

Ahora viene la tarea in situ y algunas partes serán llevadas a Mendoza para dejarlas a nuevas. El trabajo también incluye desmontar otras piezas de arriba hacia abajo, para llegar a cambiar los álabes que son donde, tres pisos en subsuelo, golpea el agua para darle vida a la turbina.

El rotor, que junto con el estator son los encargados de transformar la energía mecánica en energía eléctrica, estará fuera de su lugar aproximadamente hasta agosto. Entonces se verá nuevamente el espectáculo, a la inversa, con el desafío del armado que es más complejo que el desarmado.

Tan titánica tarea vale la pena: le dará a la Central Hidroeléctrica de Ullum 30 años más de vida.

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