Historias

La casita que protege a mujeres trans sin techo

Ana Paula O'Connell recibió una vivienda del IPV en el barrio Las Lagunas. Allí cobija a chicas sanjuaninas que no son aceptadas en sus hogares.
martes, 7 de abril de 2020 · 13:22

En un país donde las mujeres trans tienen que convivir con el fantasma de una esperanza de vida de 35 años, una sanjuanina tomó la posta y decidió abrir las puertas de su vivienda para que todas aquellas que sean expulsadas de sus hogares encuentren un refugio donde ser contenidas. Ana Paula O’Connell recibió una casa del IPV en el barrio Las Lagunas, Rivadavia. Allí viven 8 chicas trans de distintas partes del país e incluso hasta del exterior. Hacen de comer, se organizan para los quehaceres del hogar y hasta se ayudan económicamente en momentos difíciles. Para sumarle una perlita: ellas son las caras que están detrás del merendero y comedor “Infancias felices”, que alimenta a más de 50 pibes de La Bebida. 

Ana Paula es la dueña de la casa. Es tímida. Sus amigas la describen como una mujer de gran corazón. La prueba más tangible es que abrió las puertas de la vivienda -que le tocó por sorteo- para que sus pares encuentren contención allí.

Conoce a la perfección los problemas que sufren sus compañeras de causa y sabiendo que la mayor dificultad que encuentran en el camino es hallar un techo, Ana Paula decidió convertir su casa en un refugio. Nadie queda afuera, toda aquella que necesite encuentra un sitio donde sentirse querida. 

Es un momento crucial cuando las mujeres trans deciden iniciar la transición. Es en este punto cuando la mayoría son desplazadas de sus familias. Al salir a la calle, se encuentran con el rechazo masivo. Puertas cerradas, empleadores que tiran sus CV a la basura. Encerradas ante la imposibilidad, les queda como opción el trabajo sexual.

Si algo funciona bien dentro de la casa del barrio rivadaviense es la organización. Cada una de las chicas tiene asignada una tarea: hacer las camas, cocinar para ellas y la gente que busca su comida, mantener limpias las habitaciones, el patio y el fondo. 
Cada una de las chicas tiene algún talento o se especializa en algo. Hay desde profesoras de inglés, chefs, pibas que están terminando el secundario, todas tienen ganas de aprender y conseguir un lugar dentro del mercado laboral. Es que si bien se dedican al trabajo sexual, no es por elección. 

Luana Funez, una de las mujeres trans que ayuda en el comedor, dijo que como colectiva ven con buenos ojos que la Municipalidad de la Ciudad de San Juan haya fijado un cupo laboral trans pero que no alcanza con decisiones políticas aisladas. “Necesitamos que las mujeres trans tengan posibilidades, hay muchas mujeres preparadas que no encuentran. Se cansan de golpear puertas. El trabajo sexual no es porque quieran en estos casos, es porque no les queda otra”, relató. Recientemente fueron recibidas en una reunión de trabajo en el Arzobispado, allí relataron la terrible realidad con la que se topan diariamente miles de jóvenes de la colectiva trans. 

El clima que se vive dentro de la casa es de alegría a pesar de que en el camino se encontraron con más espinas que rosas. Mientras cuentan sus testimonios muchas se quiebran. Se emocionan. Pero ahí nomás llega al rescate la mano amiga de otra compañera que las contiene ante las penurias. 

El otro y la solidaridad

Dicen que poner el foco en lo colectivo te salva. Que conocer distintas realidades te permite reflexionar sobre tu propia existencia. Así es como viven las chicas la experiencia de alimentar a 50 pibes de La Bebida. Gracias al merendero que abrieron en esa casa del barrio Las Lagunas, ellas lograron materializar el otro como eje del sentir.  

El merendero abre martes y jueves y el comedor miércoles y viernes. Mientras que algunas se encargan de hacer la chocolatada, otras hacen los sólidos (algunas veces sopaipillas, bizcochuelos o pan casero). Además del grupo abocado a la merienda, hay otro que hace los guisos y polentas con tuco que ofrecen en La Bebida dos veces a la semana. Los padres de los pibes las suelen ayudar para que la entrega sea ordenada. 

En el barrio todos la conocen. Es increíble como cambió la percepción de la sociedad. Nadie habla mal de ellas, todos celebran que estén en el barrio y les reconocen la enorme tarea. Es que al merendero lo mantienen gracias a un aporte que realiza Amas de Casa pero a todo el resto lo ponen ellas de sus propios bolsillos. La tarea es titánica. 

Perseguir un sueño. Ese es el motor que impulsa a este grupo. Un sueño de realización personal y colectiva gracias a la generación de una enorme cadena de favores en la que esperan estar incluidas. 

Para ayudar

Con la pandemia del coronavirus y la cuarentena se les está complicando mucho funcionar. Es que no pueden salir a trabajar y entonces los recursos son menos. Es por eso que están pidiendo solidaridad a quienes puedan ayudarlas. Quienes puedan colaborar enviando alimentos vía delivery (que es lo único permitido) comunicarse al 02646717675.


Quienes fundaron el merendero

Ana Paula O'Connell, Luana Funez, Jimena Ponce, Zaira Mesina, Pía Pizarro de Silva, Sabrina Tobar, Zoe Esquivel, Wanda Ortega, Yanina González, Tatiana Quinto y Luisana Barroso.
 

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