En España casi Circunvalación se siente el olor a torta asada desde lejos. Se hace cada vez más tentador al acercarse al carrito, muy limpio y prolijo, donde Sergio Reyna las pone a las brasas y las sirve calentitas, solas o con café al paso.
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En España casi Circunvalación se siente el olor a torta asada desde lejos. Se hace cada vez más tentador al acercarse al carrito, muy limpio y prolijo, donde Sergio Reyna las pone a las brasas y las sirve calentitas, solas o con café al paso.
Ahí nomás por la tonadita se le nota que es cordobés, y con su madre santiagueña se les ocurrió ganarse la vida en la calle ofreciendo un plato típico del Norte. “Acá no hay nadie más que se dedique a esto, entonces es algo novedoso y la verdad que muy rico, por eso la gente lo compra”, dice Sergio sobre su producto, que se promociona a uno y otro lado de la avenida con coloridas pizarras con leyendas de tiza. El nombre del negocio: “El Cordobés”.
Sergio trabajaba de costurero en Córdoba y se vino a San Juan en 2013 porque quería un mejor lugar para criar a sus hijos, dice como padre de Santiago (14) y Aylén (21). “Somos todos cordobeses en la familia, no tengo nadie acá, me visitan y los visito allá, pero me vine para estar tranquilo, en Córdoba Capital estoy seguro de que mi hijo se me iba a terminar yendo, y acá maman lo bueno, no me arrepiento”, analiza.
En San Juan trabajó en la minería y luego en la costura en una fábrica hasta que se quedó desempleado el año pasado y empezó a armar con su señora una peluquería canina. A la par buscó en qué ganarse la vida y su mamá Gilda le aconsejó que haga tortas asadas en la calle. Le hizo caso y funcionó.
Aunque su fuerte es el invierno, con la ventaja de la masita crujiente y caliente, en verano el producto se le acaba en pocas horas. A las 6 de la mañana ya está instalado en esa esquina del Barrio Santa Teresita y los choferes de micros, remiseros, gente que se va a trabajar son sus primeros clientes. Los vecinos y otros ocasionales visitantes le terminan de comprar lo que queda. Pero dice que trabaja todo el día en la logística. Tras terminar la venta cerca de las 11 de la mañana, se va a lavar todo, después ayuda a su mujer con la peluquería y a la tarde empieza a amasar, lo que a veces le demanda hasta 4 horas. Se levanta a las 4,30 todos los días y a las 5,40 llega a su puesto, en un carrito que trae con su camioneta. Vende unas 50 tortas en verano y en invierno triplica la producción porque hay más clientes, por lo que también va a trabajar a la tarde. Cada una cuesta 25 pesos, y comen más de dos personas, mientras que la mitad de la torta con infusión a gusto –mate cocido, cortado, té con canela y otros- cuesta 30 pesos.
Para tener el preciado manjar, la gente espera unos 4 minutos que es lo que toma asar los discos de masa que Sergio lleva preparados, siempre cuidando de vender todo del día, caliente y crocante. Tan bien le va que tiene una especie de sucursal, otro carrito, cerca de la UVT. Él vive con su familia en Agustín Gómez y Mendoza.
Con 41 años, además de pensar en sus hijos, Sergio está pendiente de su nieta Zoe, de 2 añitos. Por eso cree que el negocio puede crecer: “Yo quiero imponer la torta asada en San Juan”, anuncia.
Por lo pronto, el punto que eligió le da resultado, en medio de una zona segura, con mucho tránsito y enfrente de una escuela y de una galería comercial muy concurrida. Se ve que tiene clientes fijos que lo estiman, lo llaman "pelado" de cariño, lo saludan con aprecio y él les responde igual con su acentito cordobés, se disculpa si se le acabaron las tortillas y reparte bendiciones. En el barrio, dice, no les molesta tenerlo instalado en la esquina. De hecho, hay gente mayor que agradece esa compañía constante. Sergio, servicial, asegura que está a disposición, porque piensa que si Dios le dio a él por qué no va a ayudar al que se lo pida, mientras sueña con la Torta Asada como plato preferido de los sanjuaninos.
Mirá el video con los secretos del "chef":
