Laura Vera dice que a su papá lo mató la crisis de los ‘80.
Y que desde entonces, pasó de una infancia más o menos acomodada a
rebuscárselas para vivir junto a su familia, detonando a la militante social
que es ahora. Desde hace 5 años lidera la filial local de la Asociación Amas de
Casa del País, una organización que cobró notoriedad estos días en la lucha
contra el tarifazo pero que siempre tiene el ojo en el precio de la canasta
familiar, que tiene más de 800 militantes activas, que en su sede en pleno centro
ofrece 20 talleres comunitarios y productivos, tiene 19 círculos infantiles que
reciben apoyo escolar, además de contención en deportes en diferentes barrios y
departamentos y maneja beneficios estatales de refuerzo alimentario que ayuda
al funcionamiento de la Asociación.
Entre mujeres que dan la teta a sus bebés y otras que corren
en el local de Libertador casi Entre Ríos, Laura cuenta entre mate y mate que
nació un 5 de abril de 1971 y es la mayor de 6 hermanas –tuvo un hermano que
falleció de niño-, pero aclara que "siempre he sido de juntarme con varones”.
"Mi papá se murió en 1989, le dio un infarto, teníamos un
polirubro, una verdulería y criábamos animales, pero la crisis lo fue apretando
y a mediados de los ’90 le dio un ataque del corazón y no resistió. Lo mató la
crisis, era un hombre tan trabajador, estaba acostumbrado a que no pasáramos
necesidades y en ese entonces la gente tenía que salir a secar la yerba para
reutilizarla, no se alcanzaba a cubrir lo que debía. Mi papá estaba acostumbrado
a darnos todo, tuve una infancia cómoda y fui malcriada hasta grande, porque mi
abuela quedó sola y me crié con ella”, cuenta.
Con la muerte del sostén de familia la vida de la familia
Vera dio un giro. Ella tenía 19 años y su madre 37 y tuvo que salir a trabajar
fuera de la casa, con la crisis tuvieron que cerrar el negocio de Villa San
Patricio de a poco, primero el almacén, luego la verdulería y la fiambrería.
Laura, recién salida del bachillerato y magisterio quería estudiar para abogada
fuera de la provincia. Pero tuvo que empezar a trabajar. Empezó en una fábrica
textil que gozaba de la promoción industrial, donde estuvo 5 años hasta que la
dejaron en la calle. A esa altura, ya estaba casada con su novio de la
infancia, Marcos Cortez, con quien comparte 5 hijos, 3 chicas y 2 varones, de
entre 11 y 21 años.
Si le preguntan por qué empezó a militar socialmente, dice
que fue "por una necesidad que me surge de que se realicen cambios profundos en
el vivir de las mujeres”. Cuenta que "veía con mucha preocupación que empezaban
con programas sociales que no tenían el verdadero fin de la inserción de las
mujeres en el plano laboral. Tuve una fuerte militancia en lo que significa
género, uno va modificando la mentalidad, creía que eran pocas las que sufrían
violencia de género y hoy puedo decir que hay muchas. No sólo es violenta la
cachetada. Eso hace que dedique la mayor parte del tiempo a esta tarea. Mi papá
era muy solidario, siempre ayudaba, dejaba
bolsa de verduras por todos lados, a la gente necesitada…”, dice.
"Primero empecé a trabajar en uniones vecinales, en lo
social. Cuando empezaron los programas ‘Jefes’ hice una presentación porque
sostenía que debían haber generado fuentes de trabajo en la industria, presenté
proyectos en Chimbas y formé centros de capacitación laboral para mujeres en
distintos tipos de formaciones, con la idea de armar la red productiva. También
con participación fuerte en el programa Pro Huerta para sacar a chicos de la
desnutrición”, cuenta.
Laura no reportaba partidariamente a ningún partido hasta
que en el 2011 se afilió al Partido del Trabajo y el Pueblo y le ofrecieron ser
referente de Amas de Casa del País en San Juan. Desde entonces no sólo dirige
la filial local sino que en 2013 fue propuesta como vicepresidenta del movimiento
a nivel nacional, cargo en el que fue reelecta hasta 2017.
Cuenta que la propusieron ser candidata a cargos políticos
varias veces y desde distintos partidos. "Creo que no es el momento todavía,
hay veces que lo partidario limita, por eso tengo un objetivo, que es que Amas
de Casa sirva para que todas la mujeres tengan herramientas de lucha, que las
ayude a superarse. Cuando cumpla mi objetivo, quizá”, dice, sin descartar nada.
Le dedica casi todo su tiempo a la Asociación. Admira a
varias mujeres como Juana Azurduy, pero sobre todas a su abuela Margarita, que
tiene 83 años y ya es tatarabuela, porque hace un mes que Laura tiene un
nietito. Su marido, que es albañil, es un gran compañero, cuenta. "Sin él
difícil hacer todo lo que hago, me acompaña cada que vez que puede y en los
quehaceres de la casa”, reflexiona. De hecho, todos en la casa están
compenetrados con la causa: "mis hijas de 21 años y 19 trabajan conmigo y los
demás participan cuando pueden. Siguen mis pasos”, concluye.