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El posteo de una sanjuanina sobre la donación de órganos que se volvió viral

La escritora Alejandra Araya realizó un relato contando en primera persona cómo vivió la espera y el trasplante a su pareja, Jaime Bergé. Los comentarios y los compartidos no tardaron en llegar. Leé el emocionante relato.

Por Redacción Tiempo de San Juan
La reconocida escritora sanjuanina Alejandra Araya realizó un posteo sobre la donación de órganos que se volvió viral en Facebook. La profesional contó en primera persona como vivió la espera y el trasplante a su pareja, Jaime Bergé. El relato: 
 
 
 "Ramoncito, el riñoncito
Todo empezó a girar 180º hace seis años atrás. Era la tarde-noche del 12 de julio del 2010. Desde Fundación Favaloro llamaron a Jaime para decirle que había un riñón y que él estaba tercero en una lista de tres, que estuviera atento y no apagara el celular. A las dos de la madrugada del 13 de julio (En el 2010 cayó martes. Sí, martes 13) el rington nos despertó. Los otros dos pacientes estaban resfriados, él había quedado primero.
-Es un riñón de un donante de 60 años, está temporalmente isquémico. ¿Lo querés?
-¡Sí, sí, claro que lo quiero!
-¿Podés estar en la Fundación antes de las diez de la mañana?
-Ahí estaré.
Nos fuimos al Aeropuerto sin pasaje. Conseguimos y viajamos en el avión de las 8h. Al llegar a la Clínica, lo metieron a la guardia y le hicieron controles de rutina. Yo no lo vi hasta las cuatro de la tarde en que salió con las vías puestas. Me dije:
-Aquí habrá jaleo.
Y lo hubo. Nos llamó el Dr. Prado y nos informó que el cross match había dado negativo.
-No, no. ¿Por qué? Ale dixit.
-Tranquila, sra. Eso significa que no hay rechazo. A las 6 de la tarde se hace el trasplante.
Trataré de ser breve en el racconto que sigue. El riñón estaba usadito, pero en buen estado. Si hay un lugar donde la excelencia médica está cristalizada en cada enfermero, médico y camillero, donde uno siente orgullo de ser argentino, ese lugar se llama Fundación Favaloro. El riñón no arrancó inmediatamente. Fueron 33 días donde los facultativos con la ciencia y la tecnología y nosotros con el amor y la fe, coincidimos o se alinearon los planetas. Jaime Bergé está hoy gozando de salud perfecta, sin diálisis, llevando una vida plena, normal, feliz. Con nuevos proyectos, con ganas e incentivos permanentes.
Por eso, más allá de la auto-referencia a la fecha y a los hechos trascendentales que vivimos, mi intención es agradecer y concientizar. Jaime se dializó 5 años, 3 veces a la semana, 4 horas. Multipliquen. Saquen la cuenta la cantidad de horas de las que ahora dispone. Desde hace seis años, es libre de la máquina. La bendecimos porque la máquina de diálisis le permitió vivir hasta enganchar el trasplante. Pero ya no más. Nunca más. 
Amigos, sin donación no hay trasplante. Es así de simple. Podemos estar de uno u de otro lado: necesitando un órgano con urgencia (Ej, te da una hepatisis fulminante y…) o ante la disyuntiva si donar o no los órganos de un familiar. Pues, en definitiva, son ellos los que decidirán por nosotros. Por eso, ahora. Si ya lo tenés claro, decilo ahora, comunicáselo a tu gente. Repetíselos, que sepan que tu voluntad es esa para que se queden tranquilos en momentos de altísima exposición emocional.
¿Qué los médicos vienen a preguntar cuando todavía "el cuerpo está caliente”? Y sí, claro. El cuerpo del posible donante debe estar caliente. Porque los órganos deben estar vasculados, no sirven necrosados. Hay muerte cuando el cerebro dijo basta, no cuando el corazón deja de latir. Informate, si no me creés. La ignorancia genera miedo y el miedo, falta de generosidad, de apertura. La sociedad necrofílica en la que vivimos le rinde culto a la muerte. Será heavy mi planteo, pero no voy a "caretearla”: a nadie le sirven los órganos que te llevás. (Bah, sí, a ellos: a los gusanillos)
Basta de discursos falaces que hacen mucho daño y que hablan de desconfianzas en las instituciones. El INCUCAI es un organismo serio. Si Jaime tiene la calidad de vida de la que ahora goza, fue porque hace seis años, un ser, una familia tuvo una respuesta amorosa ante la pérdida. Dijo: Sí. Y ese sí viajó en la luz. Y esa luz se transformó en una maravillosa realidad: Ramoncito, el riñoncito. Gracias. Gracias. Gracias.
A donar, mi amor, vamos a donar mi amor.
Alejandra Araya"
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