Por Jorge Balmaceda Bucci
El pedal de la clásica Singer que dormía en casa de su abuela materna lo atrapó a los 6 años y el encanto nunca más se rompió. Sufrió adaptaciones propias de la evolución que transporta el tiempo, pero nunca se rompió. Ese flechazo pasional es el que hoy, vestido con una linda y disfrutada trayectoria como diseñador de moda, le permite a Francisco Guillermo Zito regalar la misma sonrisa - contagiosa y compradora- que lo acompaña desde su primer día.
Italianos del sur adornan las ramas de su árbol genealógico para el lado que se quiera mirar. Es el menor de tres hermanos en una familia que preparó para Zito una infancia en Trinidad. “Fue muy copada, guardo muy buenos y divertidos recuerdos. Me encantaba ir a la casa de mi abuela o de mis tías paternas porque también tenían una máquina eran modistas pero de puertas adentro-. El recuerdo más patente que tengo es que me gustaba mucho hacer guardapolvos con papel de diarios y los pegaba con plasticola. Una linda locura, siempre me gustó eso de crear”, comentó Francisco.
Su tendencia hacia la creatividad no podían conducir a este capricorniano –“soy totalmente una cabra, cuando me enojo me voy para el monte solito y bajo tranquilito al rato”- a otro destino que no fuera la Escuela Polivalente de Arte. Este centro educativo contempló su educación secundaria en la que, al igual que sucediera en la primaria en la Perito Moreno, destacó por su capacidad de estudio y también por su malísima disciplina. “Era muy revoltoso. Siempre estaba jodiendo y las profesoras no me aguantaban más. Lo loco de la vida es que después muchas de aquellas profesoras me eligieron para que les hiciera un vestido a ellas o alguna integrante de su familia”, indicó con su particular energía.
Con 16 años golpeó a su puerta la primera clienta oficial. Una amiga de la familia le pidió la confección de “dos camisones de satén y una cortina. Esa señora, que hoy tiene 93 años y que visité el año pasado en Buenos Aires, fue la que empezó todo. Le llamó a su consuegra y le dijo que yo era su gran descubrimiento. La consuegra me encargó una cosa para su hija, y después vino otra amiga y así fue pasando todo de boca en boca”.
Su apetito creativo, después de recibirse de maestro de Bellas Artes –“una profesión que nunca ejercí ni creo que ejerza”-, lo condujo a estudiar Diseño Industrial, Arquitectura y Artes Plásticas. Estos paisajes ornamentaban su vida cuando “un Jueves Santo, con 19 años y después de dormir la siesta, me levanté y les dije a mis padres:
. Pobre, pusieron una cara. Mi viejo me dijo: <¿Pensás dedicarte a coser?> Y yo, con toda naturalidad, le dije que sí. Ahora lo veo a la distancia y reconozco mucha inconsciencia en mí al tomar esa decisión, pero soy un agradecido por la vida que elegí y me tocó vivir”. En octubre de ese año estaba presentando sobre el escenario su primer desfile de temporada.
“Fue en Urquiza Bar. Conté con todo el apoyo de mi familia y de mis amigos. Salió espectacular y fue lleno de color, muy zafado, muy de los 70’”, rememora Francisco con la mirada endulzada en un orgullo nostalgioso.
Desde entonces, miles de diseños dan fe de su ascendente carrera, en la cual se permitió tres presentaciones de colecciones propias en Buenos Aires. Además, es de los diseñadores que puede decir –aunque su modestia no lo dejará- que sus creaciones lucen en mujeres argentinas y de otras latitudes del planisferio.
La cargada actualidad laboral no afecta para nada en la alegría que identifica a Zito. El diseñador, que entre sus referentes nombró a Valentino y Gino Bogani, se sumerge diariamente en su pasión, disfrutando de cada dibujo trazado, de cada tela cortada, de cada maniquí vestido con una de sus creaciones. “Disfruto de cada momento, de cada día desde que me levanto hasta que me voy a dormir. Estoy viviendo a mi manera, tengo una linda familia y muy buenos amigos. Soy muy feliz”, tiró este autodidacta de la moda, el mismo que ayer con 6 y hoy con 37 años intenta –sustentado en su envidiable optimismo- darle forma a su impronta. Saciar su inagotable y sano delirio creativo.
Viajes con doble fin
Viajar es un verbo que generalmente le gusta conjugar en solitario y una actividad en la que le resulta imposible apagar su ‘yo diseñador interior’. “Donde voy me gusta conocer y despejarme de mi trabajo, que aunque es mi pasión a veces está bueno desconectar. Pero no puedo. Por ejemplo, cuando voy a Brasil puedo estar en una playa tomando el sol y pasa alguien y yo ya empiezo a armar un dibujo nuevo a partir de esos colores y del delirio que me surge en ese momento”, dijo Francisco, quien reconoció que su materia pendiente dentro del apartado de travesías “es conocer Asia. Me encantaría visitar China, Indonesia y otros países”.
Además, su inevitable desapego de la moda lo empuja a no poder regresar de sus viajes a San Juan sin traer accesorios que destacarán en sus futuros diseños. “Piedras, telas o todo aquello que me inspire vuelven conmigo en las valijas. Un ejemplo es que en la última edición de Fiesta del Sol, en la Noche Soberana, para un vestido usé una arpillera gruesa que traje de Brasil. Era algo fantástico el toque distintivo que le dio a la prenda”, afirmó.
Creativo hasta en los hobbies
Francisco no para de crear nunca. Cuando quiere poner distancia con el diseño de moda, alimenta otros frentes creativos que tiene como hobbies. La cocina, la carpintería y la jardinería son tres refugios en los que desata tensiones sin desatender su instinto.
“Me gusta mucho cocinar para amigos. Si tengo que elegir un plato que me salga bien, creo que me quedó con una pasta con salsa de marisco que está riquísima”, confiesa Zito, antes de comentar que todos los muebles que dan vida y prestan servicio en su atelier “los hicimos con una amiga. Bueno, ella hizo casi todo y yo ayudaba en lo que podía. Me encanta estar produciendo permanentemente”.