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Historia conmovedora

La nueva vida de la nena que le ganó a la tragedia de Navidad

Cómo fue el año que pasó para la única sobreviviente del accidente que estremeció a los sanjuaninos el 24 de diciembre de 2013, donde la pequeña de 5 años perdió a toda su familia viniendo desde Mendoza. Hoy vive en San Juan, contenida por su familia materna. Por Miriam Walter.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Miriam Walter

Apenas tocan el timbre, la pequeña M. sale corriendo junto a Valentina. Ella corrige al que le dice que es su "prima”: "Es mi hermana”, remarca. Renguea pero llega rápido a brazos de Vicky, que ya no es su tía, es su nueva mamá. Atrás de ellas corretea el primito Federico. Falta uno de los niños en los juegos y M. lo señala en el portarretrato y dice: "Ese es mi hermano, se fue al cielo”. En la familia Gómez intentan ponerle sonrisas y esperanzas en la previa a las Fiestas, cuando se viven sensaciones encontradas. Por un lado, el dolor de recordar a Fernanda Gómez, a Gabriel García y al pequeño Ignacio cuyas trágicas muertes conmocionaron hace justo un año a los sanjuaninos el 24 de diciembre, tras el accidente cuando venían de Mendoza -donde residían- a pasar las Fiestas con la familia de la sanjuanina. Por el otro, la felicidad de ver bien a la única sobreviviente de la tragedia en Pocito, la pequeña M., quien ahora vive al cuidado de su familia materna en San Juan.

El 2014 fue una vorágine para la nena. M. ahora vive criada por su tía Victoria Gómez a quien le dice "mamá”, por su tío Ramón Ossa a quien le dice "papá” y con una nueva "hermanita” menor que solía ser su prima. Antes del accidente, M. era la más chiquita de la casa y ahora es la hermana mayor. Vivía en el centro mendocino junto a su familia y ahora vive al lado de la cordillera en Barreal. Camina con alguna dificultad porque le hicieron dos operaciones en la piernita izquierda y recién hace dos meses que anda sin yeso que tuvo casi un año. 

La casa de los Gómez, ubicada cerca del centro sobre calle 9 de Julio, siempre fue el punto de reunión para la familia. Fernanda y Vicky y el tercer hermano, Renato, eran inseparables y el amor a ellas las llevó hace varios años lejos de la casa paterna, a Mendoza y a Barreal, respectivamente. Pero igual no pasaban más de 15 días sin que se vieran. Trataban de juntarse siempre. Si Victoria y su esposo viajaban, dejaban a su hija al cuidado de Fernanda y Gabriel. Y viceversa. Por eso, para M. fue natural quedarse a vivir en San Juan, pese a que toda la familia paterna es mendocina.  

 "El 10 de marzo M. cumplió 5 años y yo 33. Nacimos el mismo día. Yo siempre le decía a mi hermana que es un regalo que ella me hizo. Ignacio también, había nacido el 11 de marzo”, cuenta Victoria mientras le apunta a la nena que la cadenita de la virgen que anda buscando está en el placard. El cumpleaños de este año lo festejaron con torta. Había algo para celebrar: M. luchó por su vida, pasó 23 días internada y está casi recuperada. 

"Los médicos dicen que va a quedar bien, que va a caminar normal”, cuenta Victoria, tras varios viajes a Córdoba donde hacen atender a la nena en un centro especializado en traumatología. Mientras, los niños se le trepan a la abuela Marta en la falda con perritas y todo: la Chicha y la Muñeca son dos aliadas de los juegos cuando visitan Capital. Al labrador Teo, "que es un perro grandote”, apunta M., lo dejaron en Barreal, en su nueva casa donde Vicky y Ramón manejan un emprendimiento turístico de cabañas y excursiones.

Lejos quedó la vida en Mendoza. Allí Fernanda había decidido formar su familia con Gabriel, tras conocerse por una amiga en común y quedar flechados. Noviaron 3 años hasta que se casaron en noviembre de 2005. Ella se recibió allá de abogada y trabajaba de productora en la televisión mendocina, en un programa de consejos para padres (TVs Mamá). Gabriel también estaba en los medios, tenía un programa de deportes y era un reconocido jugador de futsal. Vivían en un departamento céntrico y estaban por construir la casa para los cuatro hasta que los sacudió la fatalidad.

"Siempre cuando venían cerca de la calle 14 nos avisaban por teléfono, para que mi mamá pudiera ir calculando la comida”, cuenta Vicky. Ese 24 de diciembre hablaron cuando venían por Media Agua y después vino la desgracia con una rueda que perdió el Nissan y un camión de frente. A M. la sacaron por el baúl en grave estado. 

Mientras estaba internada en el Rawson, le dijeron la cruda verdad de a poquito. Primero, que su mamá no iba porque tenía "muchas pupas” y después que ya no la vería más, ni tampoco a su papá, ni a su hermano. Para acompañar el tremendo proceso, desde el accidente hay dos psicólogas cerca, una de ellas es una tía de la nena que la conoce bien y la ve los lunes y viernes.

En marzo se instalaron en Barreal. La niña empezó a ir a la escuela Nuestra Señora de las Nieves, donde se adaptó muy bien. El distrito calingastino era uno de los preferidos de la nena para quedarse por muchos días así que ya sentía la casa barrealina como propia antes vivir allí. Con Mendoza conserva  vínculos, su padrino que era un entrañable amigo de su papá, está en permanente contacto, y una de las amiguitas mendocinas más queridas fue a visitarla al pueblo cordillerano.  

Vicky recuerda la primera vez que la nena le dijo "mamá” y se llenan los ojos de lágrimas. Fue al poco tiempo de empezar a vivir juntas.  Momentos complicados fueron el Día del Padre y el Día de la Madre, con el recuerdo de siempre de Fernanda y Gabriel. M. le hizo un dibujito a Ramón y le puso una flor a la foto de su papá. Para todos fue un volver a empezar, un proceso complejo sobre todo para el esposo de Vicky y su pequeña hija que experimentaron de repente la reconfiguración de su familia. Victoria, quien también pidió asesoramiento psicológico, tuvo que cambiar de rol: "Pasé de ser la tía que la consentía en todo, a la madre que tiene que poner límites”, cuenta. Encima, en abril falleció el abuelo Alfredo. Pero M. se ve bien, contenta, repuesta, contenida y esperanzada. Juega y se nota que se siente querida. 

En Barreal que tiene uno de los cielos más diáfanos del mundo, asegura Vicky que la nena en algunas noches señala las estrellas y en las más brillantes dice que están su papá, su mamá, su hermano y su abuelito.  
 
Sueño cumplido

"Todo de Violeta tiene ella, todo”, asegura la abuela Marta y la nena, para corroborarlo, trae y muestra una heladerita tapizada con la cara del personaje televisivo que encarna Martina Stoessel. El 2 de mayo le cumplieron el sueño de ir a su show en San Juan, la saludó y hasta se sacó una foto con su ídola. 

Otra pérdida que duele 

El 18 de abril de 2014, cuatro meses después de la tragedia, les tocó vivir otro golpe duro a los Gómez. Alfredo, el papá de Fernanda, murió de una dolencia del corazón. "No quería vivir y falleció. Él quería irse con su hija y su nieto”, asegura su viuda Marta, que en menos de un año perdió a tres de sus afectos más cercanos. El abuelo fue un pilar importante en la recuperación de la pequeña M. Solía ir al hospital a hacerle bromas, a ayudarla para que coma, a acompañarla afectuosamente y en la familia dicen que cuando la vio adaptada a su nueva vida, se despidió y falleció tranquilo.
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