Nació con un problema en una mano pero esto no fue un impedimento ya que pudo llevar adelante una vida plena e incluso enseñar a manejar. María Helena Mallea es reconocida por esta actividad en toda la Provincia ya que además de ser una de las primeras profes de manejo tiene una técnica capaz de capacitar hasta al más duro. Conjuga su trabajo docente con una intensa actividad social que incluye visitas al Auditorio, al Museo Provincial Franklin Rawson y al Club Social.
A los 13 años aprendió a manejar en su casa de Villa Krause. Sus hermanos mayores, expertos conductores que participaron en carreras como la San Juan-Coquimbo y corrieron junto al "Colorado” Zunino, fueron los responsables de que ella maneje tan bien. Tardes de "punta y taco” y de prácticas intensas la llevaron a ser una especialista.
Su problema en la mano no fue un impedimento para Helena. Además de ser una eximia conductora también es una destacada jinete. "No he tenido problema, me han educado de una forma que nunca me han dicho no hagas eso porque no podés. Yo hago de todo, hay gente que no se da cuenta, Hablo mucho con las manos, para mí nunca ha sido un problema, para nada”, explicó.
Desde 1980 enseña a manejar, antes trabajaba junto a su padre, dueño de una reconocida firma de escribanos que abrió en el siglo XIX. "Cuando falleció mi padre una amiga me sugirió que empezara con las clases de manejo ya que sabía hacerlo muy bien. En ese entonces eran solo dos los profesores, el señor De la Presilla y Edita Fernández. Puse un aviso y desde ahí no paré. Seguí con las segundas generaciones de mis clientas”, contó.
Pinturas de Vicente Genovese y de Santiago Paredes tapizan las paredes del departamento en el que vive María Helena, descendiente del primer matrimonio criollo de San Juan y de Fray Justo Santa María de Oro. Su casa en pleno corazón capitalino es una muestra de su linaje. Entre los cuadros conviven artículos de colección como un tintero de plata y un Cristo de madera de la época de la Conquista.
Proviene de una familia tradicional y se crió en una inmensa propiedad en Villa Krause, una de las pocas que tenían pileta. Como prácticamente no había clubs, amigos de ella y de sus hermanos eran continuos huéspedes en su vivienda, que tenía hasta oratorio. Aquellas tardes de intensa actividad social nunca pararon hasta la actualidad. Además de ser una continúa visitante de muestras y de conciertos en el Museo Provincial de Artes Franklin Rawson y en el Auditorio también es una de las organizadoras de cenas y tés en el Club Social, entidad en cuya fundación participaron sus antepasados.
Se casó en su casa de Villa Krause con el gaucho Juan Aristóbulo Zapata. El sacramento fue oficiado por el padre Paquito. Recuerda a su marido con alegría, incluso en una de las mesas del living de madera labrada hay un portarretratos de su esposo montado a caballo. "Mi esposo fue uno de los creadores de la Cabalgata de la Fe”, dijo con orgullo.
En la actualidad continúa dando clases de manejo. Define a las mujeres como buenas conductoras y muy precavidas. Para Helena es mejor aprender a conducir jóvenes, porque es como un deporte "mientras antes, mejor”. El mayor desafío es enseñarles a personas dispersas y a intelectuales, les cuesta más dominar el arte del volante. "Tengo más clientas mujeres a las que les digo que no hay que tener miedo, el peor enemigo”, agregó.
En sus años de profe ha visto de todo: gente más permeable a los conocimientos y otras personas más duras. No hubo desafío que haya podido con Helena. "Lo que más cuesta es estacionar, yo les digo que tienen que pensar en la cola del auto no en la trompa, no saben manejar el volante del auto. Practicamos hasta que les sale el cálculo de distancia y los giros, que es lo más difícil generalmente”, alegó.
Las personas que aprenden con María Helena no sólo salen sabiendo enfrentar la calle sino que también salen sabiendo pautas de mecánica. "Hay que medir el aceite y el agua en frío”, "No hay que andar con la nafta de reserva del auto porque es la más sucia”, "Hay que calibrar las gomas de distintas maneras en verano y en invierno”, son algunos de los consejos que vierte inmediatamente. Es muy curiosa y se ha animado a cambiar bujías más de una vez en la vía pública.
Entre tantos cuadros se destaca un retrato suyo en la pared más grande del living. Saca la obra sin problema y la muestra. En su charla fluida recordó muchos detalles de su infancia y de su familia, uno de sus mayores orgullos.
La historia de Eugenio Mallea, casado con Teresa de Ascencio, la hija del cacique Angaco, la cuenta a la perfección. Es fácil perderse en su relato, lleno de historia local. "Los otros días estuve en una charla y dicen Teresa de Ascencio no era india. Para mí sí lo fue, ahora van cambiando todo”, agregó.
Para oxigenar sus días, Helena disfruta de algunos días en su casa quinta de Santa Lucía. Allí tiene perros, caballos y mucho verde. Disfruta mucho de la vida en contacto con la naturaleza y junto a la única sobrina que vive en San Juan suelen ir bastante. De algún modo le hace acordar a su infancia feliz en Villa Krause, en su inmensa casa.
Nada detuvo ni detiene a María Helena, quien promete seguir escribiendo más capítulos de una vida colmada de desafíos.