Empresarios: Julio Nacusi

“Yo era un animal de trabajo”

Es el fundador de la constructora que lleva su nombre, es uno de los directores del Banco San Juan y amante de las motos Harley Davidson y de los cruceros. Dice que aprendió de su padre la capacidad para trabajar 18 horas por día. Por Viviana Pastor.
miércoles, 28 de marzo de 2012 · 08:16

Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com

Julio Nacusi pone la misma cara de felicidad cuando se sube a su Harley Davidson modelo 2010 que cuando sube a su primera moto, una Siambretta del ’60, que aún conserva como un trofeo dentro de su empresa constructora. Asegura que la Harley no la anda a más de 100 “porque es  para pasear, para disfrutarla”.

El creador de la empresa Nacusi Construcciones, propietario del diferimiento de olivos Valle Verde y director y accionista del Banco San Juan, tiene en su oficina dos fotos en la pared: una es de su padre, Julio Salomón Nacusi, y la otra es de Carlos Santaella, el hombre que comenzó trabajando para él y que le confió todo su patrimonio para que pudiera inscribirse como empresa constructora cuando Julio sólo tenía un Citroën que lo dejaba a pie en cualquier esquina. El galpón de la empresa tiene grande el nombre de Santaella, en agradecimiento a esa confianza depositada.

Nacusi Construcciones cumple 30 años en abril y su dueño puede enumerar meticulosamente los años en los que la firma fue creciendo y cómo. Mucho antes de recibirse de Ingeniero Electromecánico, Julio ya hacía algunos trabajos de electricidad junto a un amigo, para ayudarse con la facultad “porque mis padres no podían ayudarme mucho”. Cuando se recibe  empieza a trabajar en Porres Hnos., una constructora que ya desapareció, lo toman como representante técnico y ahí estuvo casi 2 años. “Ahí aprendí lo que se tenía que hacer y lo que no”, dice. Pero las cosas andaban mal en la firma y cuando después de cuatro meses sin cobrar, decide que era el momento de abrirse camino solo.

Empieza a dar clases y a trabajar haciendo instalaciones eléctricas de todo tipo. Fue en el ’82 cuando comienza a inscribirse como empresa en todos los organismos de control y a organizarse de a poco.

Una de las primeras tareas importantes fue la electrificación de pozos de riego que funcionaban a combustible. Ese año, también hizo una línea eléctrica en una bodega grande, en La Rioja.

Luego realiza obras para Servicios Eléctricos Sanjuaninos, antes de su privatización -hoy Energía San Juan-, de líneas eléctricas de baja y media tensión y estaciones transformadoras.
En el ’89 hace frente a una crisis muy grande, sólo quedaron 5 personas en la firma, “no teníamos nada para hacer y así nos pasamos 6 meses sin trabajo, tomando mate nomás”, recuerda.

En el año 1990 comienza a incursionar en las construcciones, de a poco. Empieza con un barrio “muy chico” del IPV, en Mendoza y Benavidez, “nos fue muy mal económicamente hablando porque no teníamos experiencia, pero el empresario que lo lleva en la sangre busca mejorarse y nosotros fuimos mejorando en el ámbito de la construcción”, señala.

En 1992 la firma realiza el mantenimiento del alumbrado público en Capital y luego en  Rawson, Rivadavia y otros departamentos. En el 1994 construye la primera obra privada, Bahía de las Tablas. En el ‘98 realiza en San Luis una línea de alta tensión, una obra más compleja, más peligrosa, con otra ingeniería y otra forma de construcción; y una estación transformadora de 500 kw.

El primer edificio que la empresa realiza por iniciativa propia data del 2002, sobre calle Paula Albarracín de Sarmiento. Nacusi asegura que las adversidades de la política económica del país las fue “capeando” y las crisis las pudo sortear gracias a la diversidad de tareas que hace la empresa, que tiene departamento de obras eléctricas, de obras civiles y ésta a su vez realiza  obra pública y privada. Además del mantenimiento de alumbrado público y el alquiler de grúas.

Ahora sumó el departamento de Servicios Mineros, que está trabajando en Lama –la primera mina de oro binacional del mundo- contratado por Barrick para la generación, transporte y mantenimiento de energía eléctrica de todo Lama. “Hemos sido la única empresa que pasó todo el invierno arriba para mantener los grupos electrógenos, porque si se detenían, las 2.000 personas que había arriba al segundo día se morían”, explica.

Nacusi dice que todo se logra sólo con el apoyo del personal. “Usted puede tener muchas ganas e ideas, pero si no tiene buena gente, que entienda, que tanga la camiseta puesta, que le guste lo que hace, no se puede hacer. Yo tengo el placer de tener muy buena gente alrededor mío”, destaca.

Actualmente la firma construye tres hospitales ganados por licitación pública: uno está casi terminado, en Media Agua, de 5.500 m2 “muy completo”; otro en Pocito, sobre calle Mendoza, que tiene un 50 % de avance y calculan entregarlo entre julio y agosto próximo. Y ya empezaron a construir el tercero, en Albardón. También está construyendo un  barrio para el IPV; un barrio privado en Rivadavia y empezando otro edificio.

“Las satisfacciones que me ha dado la empresa han sido todas. Siempre dije que Dios me regaló tres hijas mujeres que adoro y este (el trabajo) es el cuarto hijo, el varón (risas). Nunca me imaginé llegar al nivel de la empresa que existe hoy, nunca lo busqué, fue hasta cómico. Mi padre fue trabajador independiente y yo lo veía trabajar sábado y domingo y le decía: ‘no puede ser que trabajés hasta los fines de semana”. El me decía´: ‘ya vas a saber lo que es trabajar para vos y sacarás tus propias conclusiones’, y fue así”, relata Julio.

Fuera del sector de la construcción, Nacusi también incursionó el sector agrario, sin mayor suerte. En 1997, con beneficios de diferimiento impositivo, compró tierras en 25 de Mayo y plantó 72 hectáreas de olivos, bajo la firma Valle Verde. “Estuve muy mal asesorado porque no es un lugar óptimo para el olivo y cuando no es el granizo, es la helada o es el zonda, nunca produce bien la finca. Espero que se revierta esto porque hasta ahora nunca dio como para auto mantenerse”, explica. “En los olivos me metí porque es una planta bíblica, Jesús oraba en los olivos, porque podría haber elegido otra cosa”, dice.

Para Nacusi cada paso dado deja una enseñanza. “La empresa me ha dado todas las satisfacciones laborales que tengo y mi pasar económico me permitió desarrollarme. Me encanta el desafío, ver comenzar una obra y ver cuando está terminada es un placer muy grande, sobre todo cuando uno sabe que esa obra es para el bien de la comunidad. Las obras que hemos hecho siempre dejan una enseñanza, en muchas obras se pierde plata, en otras se sale sin ganancia ni perdida y en otras se gana; pero soy un agradecido de Dios, de la vida que me dio una familia hermosa y una trabajo que todavía lo disfruto. Eso a pesar de que muchos días me dan ganas de que ni se abra porque es un pequeño monstruo que cuando se tiene trabajo y se cobra está todo bien, y cuando hay trabajo y no se cobra empiezan los problemas”, asegura el ingeniero.

La rica historia familiar

El abuelo Nacusi llegó a San Juan desde el Líbano con 9 años, igual que la abuela paterna, ambos tenían un apellido similar pero por un error argentino les quedó el mismo apellido. El abuelo empezó repartiendo querosén y leña y de a poco empezó a crecer hasta llegar a tener una de las bodegas elaboradora y fraccionadora de vino más grandes de la provincia, con sucursales en el país. El papá de Julio siempre se dedicó al negocio del aserradero, en una época en la que los cajones de madera eran vitales para sacar las frutas fuera de San Juan. El negocio, ubicado en calle 25 de Mayo entre Catamarca y Sarmiento, al lado de la casa familiar, era muy próspero y llegó a tener unos 100 empleados, era modelo en todo Cuyo.  “Por esas ironías de la vida, por un cortocircuito, estando mi padre en Rodeo comprando bosques en pie, se incendió todo y en dos horas mi padre perdió todo, quedamos en la calle y no nos volvimos a recuperar. Luego mi padre alquilo detrás de la feria, en la ‘Cueva del Chancho’, que era una zona muy peligrosa”, recuerda Julio. Cinco años después del incendio, Don Julio Salomón se enfermó gravemente y tuvo que viajar a Córdoba a curarse.

“Yo quería ser ingeniero Naval, pero se estudiaba en Buenos Aires; me encantan los barcos, Dios me ha permitido poder hacer varios cruceros pero no tengo barco porque el agua está lejos, además me gusta que me lleven.  También me gustaba la Ingeniería Industrial, pero era en Mendoza y no podía irme a estudiar a otro lado. Soy Ingeniero Electromecánico porque era lo que más me gustaba de lo que había en San Juan. No me arrepiento, no me quejo”, destaca.

El papá falleció cuando Julio tenía 22 años y él se pudo recibir con mucho esfuerzo propio y de su madre, “pasando muchas privaciones lo pude lograr y estamos hoy todos bien, mi madre tiene 82 años y es sumamente activa”, dice.

Julio está casado con Elizabeth y tiene tres hijas: Alexandra, de 24 años, que es licenciada en Administración de Empresas; Estefanía, de 23, se recibió de licenciada en Diseño, confecciona  ropa para jóvenes y ya tiene su local propio; y Agostina, de 20, que es profesora de danza árabe.

Para desenchufarse, Julio tiene a sus amigos del alma, “de toda la vida, esos que son realmente amigos, no por interés”, con los que se junta muy seguido a compartir un  café o una comida. “Me encanta nadar, voy 2 o 3 veces por semana y ahora me di un gustito, después de viejo artista, me compré una moto, una Harley Davidson y salgo a pasear. Fue un gran desafío porque aún tengo una Siambretta 125 que compré con 18 años con el pago de un trabajo eléctrico. Anduve en ella hasta los 22 años, cuando compré un Citroën que andaba una cuadra y me dejaba, pero lo adoraba. La moto la presté y después de más de 20 años me dijeron que la habían visto desarmada en el fondo de una casa. La busqué y  la pude recuperar y armar y esta acá exhibida. Ya le dije a mis hijas que mientras yo esté en este mundo, esa moto no se toca”, asegura.

Sobre Eskenazi y la envidia local

Julio Nacusi dice que no es fácil seguirle el ritmo al ingeniero Enrique Eskenazi. “Este año cumple 87 años y ¡hay que acompañarlo un día!, yo llego a la noche que no quiero saber más nada y él está como nuevo. Es admirable la lucidez mental y física de ese hombre”, destaca.

Nacusi cuenta como anécdota que Eskenazi solía decirle que ‘San Juan es sociedad  muy especial, una sociedad muy envidiosa’. “Yo le decía ‘no ingeniero, está equivocado, el sanjuanino tiene mucha cultura’, él me respondía que tiene mucha cultura porque tiene a Sarmiento. Yo siempre defendía a la sociedad sanjuanina hasta que lamentablemente la vida le dio la razón al ingeniero. La sociedad sanjuanina es muy envidiosa, es la sociedad de la ligustrina: si usted saca la cabeza más arriba del resto, sonó, se la cortan. Mucha gente dirá que me dediqué a la droga, a la trata de blancas o a cualquier cosa menos a trabajar y le aseguro que los primeros 20 años trabajé 18 horas por día en la empresa. Me perdí ver crecer a mis hijas, me perdí muchas cosas que no me gustaría volver a repetir”, cuenta Julio.

Y agrega: “yo era un animal de trabajo, ya no lo soy porque  estoy más viejo y más sabio, pero duele mucho cuando la gente que no me conoce habla estupideces, cualquiera sea. Hablan por envidia. Cuando su diario tenga tres veces más tirada, seguro ustedes van a vivir mejor, habrá trabajo para más gente, pero también van a decir que el director lo hizo con malas artes. Esa es la sociedad sanjuanina y da mucha bronca. Uno compra un auto y lo está escondiendo, ¿por qué?, si pago una fortuna de impuestos”, lamenta.

Sobre San Juan

“San Juan tiene un destino que es no cambiable. El destino de San Juan es la minería, en eso el gobernador Gioja tiene muchísima razón, una provincia donde el 85 % de sus tierras son montañas que deben tener minerales es un lugar donde hay que desarrollar la minería y estoy de acuerdo en que hay que hacer minería responsable. Soy defensor de los empresarios y en que deben ser controlados por el Estado, para eso está el Estado y para crear reglas de juego claras. La minería es muy buena, controlada y muy controlada. Si San Juan aprende a controlar bien la minería, desde los beneficios hasta los daños que pueda causar, como a mí cada dos meses me controla la AFIP, así la minería controlada con desarrollo sustentable, verdadero hacia los pueblos alrededor de la mina, para que puedan crecer, con intendentes que inviertan bien las regalías mineras y con un gobierno que invierta bien las regalías mineras, San Juan tiene un futuro maravilloso. A eso agregue todo lo relacionado a la uva, porque los vinos de la provincia son  muy buenos. Y ahora Agua Negra es algo maravilloso porque  a Chile le permitirá potenciar un puerto desaprovechado y a Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay les permitirá sacar productos por el Pacífico. Va a tardar, pero las grandes obras son para 200 años a futuro. Este túnel no sólo sirve para el comercio sino también para el intercambio cultural, para aprender de Chile y Chile de nosotros. Seguro hay cosas para mejorar en San Juan, pero lo que está haciendo Gioja es maravilloso”.

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