Valle Fértil es Área Natural Protegida desde hace más de 50 años y recién ahora comienzan a trabajar para preservarla como tal
Pocos saben que el Valle, y parte de otros tres departamentos, conforman –por ley-, un Área Natural Protegida desde 1971. Algo que supone el cuidado y preservación de su diversidad ecológica y cultural, aunque nunca nadie hizo algo para llevarlo a la práctica. Recién ahora, desde la UNSJ y la Secretaría de Ambiente dan los primeros pasos para ponerla en valor.
Hace exactamente 55 años fue creada el Área Natural Protegida Valle Fértil –la segunda más grande de San Juan después de San Guillermo-, que comprende unas 800 mil hectáreas de gran parte de ese departamento, algo de Caucete, Angaco y Jáchal, aunque nunca fue tratada como tal, y mucho menos cuenta con un plan de manejo adecuado. Es más, pocos son los que saben que ostenta esta categoría destinada a proteger su biodiversidad -flora y fauna-, valores paisajísticos y geológicos, además de evitar la explotación humana para preservar los ecosistemas. Esto nunca sucedió. Una verdadera desidia, más en tiempos de cambio climático y problemas ambientales que no escapan a nadie.
Así es que desde la Secretaría de Ambiente en conjunto con más de 50 especialistas en diferentes disciplinas de la Universidad Nacional de San Juan, comenzaron a trabajar para crear una línea de base que, como la palabra lo indica, será el inicio para fomentar un plan de manejo sustentable. El objetivo es generar información científica sólida para proteger la biodiversidad y gestionar los recursos de manera sostenible. Una tarea titánica si se tiene en cuenta que allí hay varias poblaciones originarias –Huarpes y Diaguitas-, reconocidas por el Estado Nacional y Provincial.
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Esta Reserva fue creada por Ley Provincial 3666 del año 1971 (actualmente Ley Provincial Nº 118-L), con el fin de cuidar un amplio sector de ambientes. Incluye parte de las sierras de Pie de Palo y Valle Fértil-La Huerta, sector donde están algunas de las rocas más antiguas de la provincia de San Juan, que representan no sólo un patrimonio geológico invaluable, sino también una puerta abierta al estudio de la historia de la Tierra.
A cada paso su riqueza aumenta porque cuenta con la mayor cantidad de bosques nativos de la provincia, entre los que se destacan los de horco quebracho, de retamo y de algarrobos, y por supuesto con una variedad de aves como el cóndor, el rey del bosque y el carpintero de los cardones. Además de lagartijas, serpientes venenosas como la víbora de cascabel, y varias especies de yararás.
Gabriel Cañadas, Director de Cambio Climático de la Secretaría de Ambiente, y uno de los referentes de esta acción, explicó que “esta área se creó junto con el Área protegida de Ischigualasto, de hecho fueron las dos primeras de la provincia. Claro que la realidad indica que no tiene un plan de manejo que es un instrumento en el que se dice lo que se puede o no hacer dentro del área; cuáles serán los usos, los cuidados y conservación. Eso nos motivó a impulsar este proyecto, porque para que se pueda generar un plan es necesario tener una base para saber qué es lo que se va a proteger”.
Una de las premisas, en estos casos, es mantener reuniones con las comunidades involucradas para informarlas y conocer sus costumbres y necesidades. La primera se realizó en el Consejo Asesor Indígena del Rectorado de la Universidad, la segunda fue a fines del 2025 con comunidades de Valle Fértil y el 9 de enero último se llevó a cabo otra en Bermejo. “El primer contacto que hemos tenido fue bueno, pero lógicamente tienen sus dudas”, agrega Cañadas.
El coordinador general de todo el trabajo de investigación es el doctor Carlos Borghi, docente universitario, investigador del Conicet y director del instituto CIGEOBIO de la Facultad de Exactas, junto a un equipo técnico interdisciplinario.
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Línea de base
¿Qué significa contar con una línea de base? No es otra cosa que un estudio profundo que permita evaluar el estado actual de conservación de los aspectos sociales, ecológicos y económicos para planificar acciones frente a los futuros efectos del cambio climático y en la matriz económica de la región. Todo eso está destinado a preservar su biodiversidad y patrimonio cultural.
Uno de los temas que más pesan sobre esta primera aproximación a lo que será un plan de manejo es su gran extensión y la cantidad de población que allí habita ya que comprende la concentración de Villa San Agustín, Astica y Usno. Sin contar que existen numerosos poblados distribuidos a lo largo del territorio protegido, como las Sierras de Elizondo, Rivero, Chávez, La Majadita y Las Tumanas, que viven de la ganadería extensiva, cultivo de frutales y actividades vinculadas al turismo. Todos aspectos que, lógicamente, se tendrán en cuenta para establecer un manejo apropiado en el futuro.
La Génesis
En diciembre de 2023, el CFI ofreció al gobierno provincial una línea de fortalecimiento destinada a áreas protegidas, que se aprovechó para –por fin-, empezar a trabajar en Valle Fértil. Tanto el equipo técnico de la Dirección de Cambio Climático y otras áreas de Ambiente decidieron que ésta zona protegida por ley, pero no el práctica, era la de mayor necesidad.
“No sólo es la segunda más grande de la provincia, lo cual ya implica un esfuerzo tremendo, sino que tiene mucha importancia social, ambiental y económica. Entonces, debido a la complejidad que tiene, es un gran desafío. Hasta ahora sólo la Dirección de Bosques Nativos trabaja pero sin un plan de manejo”, cuenta Cañadas quien es ingeniero e investigador del Conicet.
A partir de febrero ya comenzará el trabajo de campo y en unos 7 meses deberían estar los resultados de los estudios para evaluar el plan a seguir. Una gran oportunidad para que de una vez por todas esta Reserva haga gala del título que ostenta.