Su nombre es Sandra Reta, y con gran conocimiento y confianza se desenvuelve por los pasillos que componen el Archivo General de la Provincia. No es un espacio nuevo para ella, sino todo lo contrario. Durante años lo fue haciendo su lugar donde no solo desarrollaba la tarea laboral, sino que además fue creando lazos con colegas y compañeras que se volvieron amigas y familia.
Sus comienzos fueron en 1982, cuando comenzó a estudiar en el Instituto Superior de Bibliotecología Mariano Moreno, para ser bibliotecaria nacional. Lo que no imaginó hace unos 40 años atrás que ese sería el inicio de un viaje donde el pasado y la historia serían los protagonistas de su vida.
En aquella época desempeñaba un cargo en el área de Catastro y cuando se recibió la enviaron al Archivo General de la Provincia, siendo hoy una de las trabajadoras más antiguas que tiene el espacio que recopila y procura proteger la historia de San Juan. “Me pasan a planta permanente y comienzo mi actividad en la biblioteca. Esta biblioteca fue creciendo a pasos agigantados, nutriéndose de donaciones que realizaban los particulares y las instituciones, y personas destacadas de la ciudadanía”, señala Sandra.
El tiempo que pasa en el Archivo no es en vano. Tienen un conocimiento detallado de dónde se encuentra cada trabajo, cada libro que forma parte del Archivo. Pero también tuvo una participación fundamental en la elaboración de distintos trabajos que surgieron de la repartición estatal, donde sus conocimientos fueron más que fundamentales para el armado de los mismos.
Sandra Reta, la bibliotecaria que hizo del Archivo General su lugar en el mundo
Anécdotas tiene miles. Destaca entre ellas el descubrimiento que hicieron junto a la profesora Susana Tello, quien también trabajaba en el Archivo. “Haciendo un trabajo con Susana descubrimos una colección pequeña de libros antiguos, muy llamativos. En ese momento la Casa Natal sugiere hacer un primer congreso de libros raros y antiguos, y por supuesto nos presentamos con los libros que teníamos en el archivo y los que habíamos encontrados. Siempre estamos a la expectativa, esperando la oportunidad para mostrar lo que tenemos en el Archivo General”, comenta.
Asegura que no tiene un material favorito. “Es como si me preguntaran si tengo un hijo preferido”, señala entre risas. Si reconoce que cada donación que llega al Archivo es importante, por su valor, la representación que tienen como la etapa de la historia que reflejan. Además, por el cargo que ella ostenta, a cargo del área Biblioteca del Archivo, pasan por sus manos todos los ejemplares que llegan en donaciones, por lo que el primer contacto es fundamental no solo para la clasificación, sino que además renueva la adrenalina que genera la incertidumbre y el poder descubrir qué guardan esas páginas.
“Siempre fui una apasionada de esta labor. Lo que más me gusta de trabajar en el Archivo es la gente y la relación con ellos. No es que me las sepa todas, obviamente hay cosas que no sé, pero aprendo y poder transmitirlo es importante. Es importante saber el valor de cada cosa, saber por qué es importante, y darlo a conocer”, finaliza Sandra, quien reconoce que espera que sus días no acaben en el Archivo, pues después de 30 años, se volvió su lugar en el mundo.