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Sequía

San Juan: la crisis del agua y el deficiente manejo del recurso

Una experta del Instituto Nacional del Agua-Centro Regional de Agua Subterránea sostuvo que la sequía no es solo consecuencia de las bajas precipitaciones sino del riego ineficiente en los valles productivos; aumento de la frontera agrícola; demanda creciente de agua para la industria y la minería y el aumento de la población.

Por Cecilia Corradetti

La crisis hídrica se acentúa en el mundo y San Juan no es la excepción. A pesar de que, posiblemente, se registren algunos años de intensas nevadas, la peor crisis hídrica es consecuencia de la forma en que la sociedad utiliza el recurso.

Romina Battistella, bióloga, responsable del área de Hidroquímica y Laboratorio del INA-CRAS (Instituto Nacional del Agua-Centro Regional de Agua Subterránea), a cargo del monitoreo de calidad de agua subterránea de los valles productivos de la provincia, advirtió que se debe hacer especial hincapié en esta cuestión ya que, dijo, “es lo único en lo que podemos influir”.

Lo cierto es que la Argentina cursa una de las peores crisis hídricas de la historia. “La problemática hídrica existe a nivel mundial y la Argentina no está exenta. El agua en exceso o escasez es un problema. Vemos inundaciones, por un lado, y mortandad de animales y de sistemas productivos por otro”, expuso, para señalar que, particularmente en San Juan, la sequía es una característica natural del territorio.

“Lamentablemente, nuestra histórica apropiación del territorio y el mal manejo del recurso ha llevado a que hoy, con casi cuatro diques construidos… el agua sea un problema. A pesar de las pocas nevadas todavía el agua en San Juan es suficiente para la demanda actual. Dicho de otro modo, en San Juan no falta agua, pero la usamos mal”, advirtió.

“Los ríos de cordillera, como el río San Juan y el Jáchal, tienen caudales muy variables porque dependen de las nevadas invernales; de las temperaturas de las diferentes estaciones y de la nieve acumulada, entre otros factores. El Departamento de Hidráulica toma mediciones de los caudales de estos ríos desde el año 1909, lo que nos permite tener una gran serie temporal. Esto quiere decir que en los 115 años que se viene midiendo, hay épocas de sequía y de bonanza hídrica, pero si tomamos toda la serie de años hay una tendencia negativa, como ocurre en muchas partes del mundo”.

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-En síntesis ¿Cuál es la causa de la sequía?

-No solo hay que relacionarla con la bajas precipitaciones de nieve en la cordillera sino, principalmente, con el riego ineficiente en los valles productivos, el aumento de la frontera agrícola; la demanda creciente de agua para la industria; la minería y el aumento de la población. Es decir, todos debemos caer en la cuenta de que la demanda de agua es cada vez mayor y la oferta es cada vez menor.

-En el año 2021 había tres diques finalizados: Ullum, Punta Negra y Caracoles, y en proceso Tambolar ¿Qué proporcionan? ¿Alcanzan para el riego?

-Para que todos comprendan cómo funciona el sistema hídrico en San Juan, es necesario saber que la totalidad del agua que tenemos, ríos, aguas subterráneas, diques, etc., viene del mismo lugar, es decir tiene el mismo origen: la nieve que cae en la cordillera. Esa nieve se derrite, escurre por arroyos que se van uniendo, generan ríos más caudalosos hasta formar, por ejemplo, el río San Juan. El agua que escurre se embalsa en diques y, posteriormente, se distribuye en grandes canales de riego que van cubriendo gran parte del territorio. Sobre el río San Juan se construyeron tres diques que en total almacenan el agua equivalente a la que se ha estado usando históricamente en San Juan. Sin embargo, no se conocen las necesidades reales de agua en la provincia. En ello estamos trabajando varias instituciones junto al gobierno de San Juan, en un Centro recientemente formado (CIGIAA: Centro de Investigación, Desarrollo e Innovación para la Gestión Integral del Agua en el Árido).

-¿Son los diques la única forma de asegurarse disponer de agua en períodos de sequías?

-Sí, aunque esa es la teoría pero no la realidad, ya que los diques, como parte del sistema hídrico, pueden ser bien o mal gestionados.

-¿Por qué no hay agua?

-Porque se gestiona en función a la oferta de agua disponible del año en curso y no en función a la demanda real. No hay planificación a mediano y largo plazo. Es como si una persona se gana el Quini y gasta todo el dinero en un año sin pensar que el próximo, seguramente, no será igual. Los diques están pensados para asegurar agua de manera permanente, pero la agotamos rápidamente debido a la presión de ciertos grupos.

-Entonces ¿Cómo debería gestionar San Juan este recurso tratándose de un desierto?

-El sentido común imperante en la sociedad entiende que, como no nieva, no hay agua. Sin embargo, no se discute una cultura de la gestión hídrica históricamente inequitativa e ineficiente. Esto tiene fuertes consecuencias sociales, económicas y ambientales. Modificar la cultura hídrica de un pueblo conlleva un alto costo político. El principal escollo es legal. San Juan es dueño de sus recursos naturales, el agua es uno de ellos pero existe un Código de Aguas (1978), que es una ley provincial la cual imposibilita poder gestionarla de manera correcta y principalmente justa para todos los habitantes. Hay artículos en esta ley que atentan contra la eficiencia hídrica, es decir, obtener la mayor productividad usando la menor cantidad de agua posible. Esto, incluso, muchos productores agrícolas no lo visibilizan. En 1978 no había un sistema de embalses en cadena que permitiera regular los caudales y acumular reservas aguas. Tampoco existían cultivos en tierras sin derecho de agua superficial. La población, en la provincia, se duplicó en 40 años. Previo a 1978 no hubo períodos tan prolongados de bajos derrames en el río San Juan. Por último, el marco legal actual no contempla las categorías del acceso al agua como un derecho humano, ni recepta la participación ciudadana.

-¿Entonces?

-La realidad es que en San Juan se gestiona principalmente en función a las necesidades del sector agrícola de riego superficial. Esto es lo que debe modificarse, y es hoy la oportunidad de hacerlo. De toda el agua que esos diques acumulan, más del 80% lo consume la actividad agrícola, esto es un porcentaje más o menos estable en todo el mundo. Uno debería pensar que es algo lógico, ya que el destino es la producción de alimentos, algo justificado. Sin embargo, dentro del sector agrícola hay fuertes inequidades e ineficiencias. La actual distribución del agua de riego superficial está condicionada principalmente al cultivo de la vid, sin considerar otros. Por lo tanto, los productores hortícolas, algunos que cultivan frutales, olivos, etc., se encuentran con dificultades para acceder al agua en momentos donde sus cultivos necesitan el vital líquido. Para poder satisfacer esas necesidades algunos productores que cuentan con recursos económicos suficientes invirtieron en perforaciones para la extracción de agua subterránea, a pesar de tener derecho a agua superficial.

-¿Qué provoca todo esto?

-Uno de los problemas en este tipo de distribución inflexible del agua de riego es que limita la tecnificación de los sistemas. Es así que hoy la mayor parte de la superficie se riega con lo que popularmente conocemos como “riego a manto”, de muy baja eficiencia. De esta manera, el agua se infiltra en el suelo y la planta solo toma una pequeña cantidad, el 40%. Esto tiene dos graves consecuencias, derrochar y contaminar el agua subterránea.

-¿Quién y cómo se administra el agua?

-El Departamento de Hidráulica es el órgano que gestiona el agua en San Juan. La máxima autoridad del mismo es el Consejo de Hidráulica, constituido por seis personas, tres elegidas por el Poder Ejecutivo y tres regantes. Sin embargo, la realidad es que no hay representación de todos los usuarios del agua porque en este consejo no está la población, no está la minería, no está la industria ni el turismo, incluso no lo integran actividades agrícolas que se desarrollan en tierras sin derecho superficial de agua. La elección de los representantes de los regantes es en función a la cantidad de hectáreas que se tiene. Es decir, mientras más superficie cultivada uno tenga, más poder tiene para decidir cómo manejar el agua. En definitiva, solo un grupo reducido tiene alto poder sobre la gestión del recurso hídrico. No parece justo.

-¿Cuál sería la solución?

-Que todos los usuarios estén representados al momento de decidir el manejo del recurso. El agua es un bien público, por eso debe estar bajo el control el Estado Provincial, pero la participación con voz y voto de representantes de todas las actividades que dependen de ella es una condición de la gestión moderna del agua.

“La gente no valora el recurso”

El agua en San Juan es un factor de desarrollo limitante. Sin embargo, la sociedad no valora el recurso ambiental, social ni económico, alertó Battistella.

“Y cuando hablo de valor no me refiero a un precio de mercado sino al valor de un recurso esencial y escaso. Esta puede ser una de las causas de la falta de concientización de esta sociedad, lo cual es un problema cultural”, manifestó, para agregar que hay diferentes formas de generar conciencia.

“La educación hídrica es la principal en todos los niveles, así como un marco legal que permita la penalización del mal uso y contaminación del agua y estímulos para un uso eficiente en todos los órdenes, desde la vecina de un barrio hasta una empresa minera de grandes dimensiones”, aseveró.

Dijo además que es muy importante comprender el costo que conlleva a toda la población a través del pago de sus impuestos (por intermedio del Estado) para poder gestionar el agua. Un ejemplo es el alto nivel de subsidio estatal al sistema de riego.

“Otro punto es el discurso con respecto a la minería, y al uso del agua. El potencial problema de la minería que hoy se desarrolla en San Juan, en una cuenca donde existe actividad humana, es la afectación en la calidad del agua por contaminación, más que la cantidad de agua utilizada. Pero todos estos problemas pueden dejar de serlo con el cumplimiento estricto y responsable de los organismos de control y órganos de aplicación que existen en la provincia”, dijo. Continuó: “La sociedad va a concientizarse en la medida que exista un compromiso de los que toman decisiones con respecto a la responsabilidad sobre al manejo del recurso. San Juan puede ser una provincia próspera desde todas las actividades que puede desarrollar, minería, agricultura, industria, turismo, etc. Pero es un bien público, un derecho de todos los habitantes”.

Battistella sostuvo que continuar con el actual esquema de gestión del agua está poniendo en riesgo la calidad y cantidad de agua para consumo humano y ese límite no puede atravesarse.

“Hoy los principales damnificados son los agricultores y siendo este el sector que demanda la mayor cantidad de recursos y presenta los más bajos niveles de eficiencia, es donde debemos trabajar para lograr la sostenibilidad en el sistema hídrico de la provincia”, finalizó.

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