Sencillo, talentoso, dueño de una gran memoria y una exquisita sensibilidad para disfrutar y compartir su arte. Luciano Gutiérrez es sinónimo de música en San Juan. El piano lo acompañó desde el principio de los tiempos, pero tiene un especial vínculo con el saxofón, instrumento del que se enamoró en la parte final de su adolescencia y del que no se despegó nunca más.
Luciano dijo presente en el ciclo ‘Media Hora Entre Preguntas’ y sacó del arcón de los recuerdos anécdotas y momentos muy especiales con los acordes y melodías como cómplices. Amistades, sueños cumplidos y mucha felicidad se van intercalando en una charla imperdible.
Corazón al sur - Eladia Blázquez
-Da la sensación que el saxo es un instrumento que recontra ‘garpa’, pero a su también que es muy difícil de aprender a tocar.
-No garpa tanto, en qué sentido lo decís vos (Risas). Y por el lado de la complejidad, a simple vista lo parece por su diseño, pero esa complejidad hace que sea muy sencillo de tocar. Es una gran contradicción. El diseño minucioso en cuanto a la mecánica de la anatomía del instrumento es para que vos no tengas que trasladar las manos a ningún lado. Las manos siempre están en el mismo lugar. Es una evolución de lo que sería el clarinete, la flauta traversa, el oboe y todos las maderas y los metales de la orquesta. Al ser un instrumento que al ser más moderno cuenta con un mecanismo y una forma de tocar más evolucionada. Es más fácil de tocar que un clarinete o una flauta traversa en cuanto a la emisión, que es cómo se produce el sonido, y también en la digitación, que es el movimiento de los dedos.
-¿Y por qué el saxo?
-Yo de chiquito tocada el piano, como dice Charly García pero salvando las distancias (Risas). Desde siempre tuve la afinidad y la cercanía con la música. La he estudiado desde chico, pero intermitentemente. Con un compromiso no tan estricto hasta terminar la secundaria. Después ya me tocó hacerme un poco más cargo de las decisiones y tomarme la vida un cachito más en serio. Y fue sobre la marcha que enganché el saxo, me enamoré a primera vista del instrumento. De estar muy comprometido y muy seguro en el terreno del piano, yo ya salía a tocar y cantar, me encontré con el saxo y, cuando tuve la oportunidad de soplar uno, me cautivó para siempre. En ese momento no decidí comprarme uno, por supuesto, pero me quedé muy cautivado, muy intrigado. Todo ese año estuve pensándola hasta que se dio la posibilidad de adquirir uno e inmediatamente me puse a estudiar. Así empezó todo, pero tengo que decir que nunca dejé el piano porque es un gran complemento para mí. Es una gran compañía, una terapia. Hace unos días me daba cuenta que yo no decidí dedicarme a la música, fue una consecuencia. La música me llevó siempre a mí, desde que nací hasta ahora.
Hace unos días me daba cuenta que yo no decidí dedicarme a la música, fue una consecuencia. La música me llevó siempre a mí, desde que nací hasta ahora
-¿Heredaste esa pasión por la música?
-Vengo de un padre muy apasionado por la música como aficionado y que tenía un piano, una guitarra o algún instrumento por casa. Sus hermanos también eran amantes de la música, en las reuniones familiares siempre se cantaba algo. Y además mis hermanos también eran de escuchar mucha música y yo los seguía. Escuchaba lo que ellos ponían a una edad muy temprana. A los 4 o 5 años escuchaba Génesis, Soda Stereo y esas cosas. La música siempre estuvo.
-A vos te tocó disfrutar en primera persona la época de los pubs en San Juan.
-Sí, qué lindas épocas. Mirá, se me pone la piel crespita, se me cae un lagrimón. Fueron épocas muy lindas y muy sanas. A los 13 años yo empecé a salir a tocar. Ya había conocido a mi amigo Lucio Flores, que no puedo dejar de nombrarlo porque fue una de las buenas influencias que tuve. Me llevaba 6 años y gracias a que yo salía a tocar con él y su hermano Yeidi a mí me daban permiso. Yo estaba entre los dos, con un piano chiquito a modo de mascota, pero les venía bastante bien. Me usaron, me pagaron menos, no dividíamos en tres, que son cosas que ahora podría reclamar. Pero bueno, ya pasó. Me quedé con otras cosas. Gané otras experiencias. Tuve la oportunidad de ver el comienzo de esa época de pubs, solo me perdí los tiempos de Guantánamo de mi amigo Chichón (Hernández). Eso por un tema generacional me lo perdí, pero estuve en todo lo que vino después.
A los 13 años yo empecé a salir a tocar. Ya había conocido a mi amigo Lucio Flores, que no puedo dejar de nombrarlo porque fue una de las buenas influencias que tuve.
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Media Hora entre preguntas: Hoy, el músico Luciano Gutiérrez