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Historia

La casita histórica que cuida bebés sin familia en San Juan y necesita más ayuda de la gente

Casa Cuna recibe a niños desde recién nacidos que son enviados por la Justicia y la Dirección de la Niñez, a través del voluntariado hecho a pulmón.

Por Daiana Kaziura

Al abrir la puerta, una nena de poco menos de 1 año con chupete recibe a los visitantes. Está en un andador, mira y regala una sonrisa. Detrás de ella, una mujer le da la mamadera a un bebé y otra mueve hacia atrás y hacia adelante un carrito esperando que un niño termine de conciliar el sueño. Mientras, en algunas de las cunitas cuidadosamente armadas en una habitación oscurecida con cortinas, duerme otro grupo de pequeños. Pasó el mediodía, ya todos fueron alimentados y empieza el momento de la siesta. Las paredes blancas, un aroma agradable y el sonido de los pequeños hacen que se perciba una atmósfera agradable, allí todos parecen estar tranquilos.

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Eso es lo que se puede observar en un rápido paneo al ingresar a Casa Cuna, la ONG que funciona en San Juan de modo ininterrumpido desde hace casi 64 años ofreciendo contención, cuidado y cubriendo todas las necesidades de los pequeños que, por distintas circunstancias, son separados de modo transitorio o permanente de sus familias biológicas. A pesar de la enorme tarea que se realiza en el lugar, siempre ha funcionado gracias a la solidaridad de las voluntarias que se desempeñan allí y de los sanjuaninos que ofrecen donaciones o abonan su canon como socios. Hoy, en medio de la crisis económica, el espacio necesita de la colaboración de todos.

“Esta institución está a cargo de una comisión directiva, funciona como ONG, con el trabajo de voluntarias. La comisión está integrada por 21 mujeres y además tenemos un grupo divino de casi 30 voluntarias. Todas regalamos nuestro tiempo y tratamos de que los niños pasen esta etapa del mejor modo posible”, cuenta Eli Ortiz, actual protesorera de la institución.

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Todas ellas tienen una vida común, llevan una casa, tienen hijos y trabajan, pero además se dan un tiempo para colaborar en el lugar, cuidan a los niños, juegan con ellos, desarrollan actividades de estimulación y se aseguran de que todas las necesidades básicas de los pequeños sean cubiertas. Se trata de una tarea iniciada por Ana Guialino de Estornell, fundadora de la casita en 1960 junto a un grupo de mujeres valientes que la acompañaron y que se ha mantenido con el paso de los años sin pausa gracias a quienes han ido tomando la posta.

“Los niños llegan por medidas excepcionales dictadas por la Justicia en conjunto con la Dirección de Niñez y Familia, que buscan proteger sus derechos básicos cuando algunos de ellos hayan sido vulnerados. Las autoridades deciden separarlos de su entorno biológico para protegerlos, ya sea de modo temporal, para luego entregarlos de nuevo a sus familias biológicas; o de modo permanente, lo que deriva en un proceso de adopción. Nosotros sólo recibimos los oficios y les abrimos las puertas a los pequeños para cuidarlos hasta que sea necesario”, explica Eli.

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Así, el panorama en la casita a veces no es fácil, porque algunos de los pequeños llegan con problemas de nutrición, neurológicos u otro tipo de dificultades vinculadas a su salud. En ese caso, con el apoyo del Hospital Rawson, se les brinda todos los cuidados extra necesarios.

“Nosotros cuidamos que su estadía aquí sea la mejor posible. Sabemos que su situación no es la ideal, no es ideal que un niño esté separado de su entorno biológico, pero son situaciones que se presentan para protegerlos siguiendo el interés superior de cada niño”, dice con ternura Eli. De hecho, a veces los bebés llegan sin nombre, y son ellas mismas quienes les dan uno, más allá de que no sea el que después la familia elija para llamarlo.

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El aporte del hospital

Quienes se desempeñan llevando adelante el funcionamiento de la casa, cuentan además con el apoyo del personal del hospital es que, cuando Casa Cuna se creó se firmó un convenio para que el centro de salud les cediera la parte del terreno en el que se construyó. Y, al mismo tiempo, por un acuerdo con el Ministerio de Salud, se logró que brindara la asistencia de enfermeras que trabajan en distintos turnos rotativos en el lugar. Esto permite que el lugar tenga asistencia 24 horas y, al mismo tiempo, que las voluntarias reciban instrucción especializada sobre cómo cuidar y estimular a los bebés.

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Además, dentro del acuerdo de apoyo mutuo, la casa alberga a los hijos de mamás que están internadas en el hospital o tienen un hijo internado y, además, tienen otros niños que necesitan cuidado.

Una tarea que se complica

La cantidad de niños que viven en Casa Cuna es variable y depende de las necesidades de cada momento. Actualmente, el sitio alberga a 9 niños y la más grande de ellos tiene poco más de 1 año. “Si bien en el lugar se recibe niños de 0 a 6 años, en estos últimos años se ha dado que, en general, vienen niños menores de 2 años, sobre todo menores de 1 año. Esos son los oficios que nos mandan desde el Juzgado últimamente”, explica Eli.

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Debido a que en el lugar se trabaja para cubrir todas sus necesidades de los pequeños, como salud, vestimenta, alimentos; la organización es compleja. En el espacio hay una voluntaria que coordina las actividades, conoce los turnos, sabe qué necesita niño, cuándo debe ir al médico, cuándo necesita cada una las vacunas. Además, todos los datos importantes son anotados en una pizarra divida por horarios y turnos.

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Al mismo tiempo, las necesidades de insumos son múltiples. “Casa Cuna se sostiene de las donaciones que recibimos de particulares, ya sea con dinero o materiales. Nosotros acá siempre necesitamos leche, pañales, ropa de bebés, elementos de higiene para ellos y para lavar la ropa, sábanas, toallones, mantitas, limas, todo lo que necesitan los bebitos normalmente”, enumera la voluntaria del lugar.

Sumado a eso, para administración se utiliza el dinero que ingresa a través de la cuota que pagan los socios. Al respecto, Eli cuenta que, “hasta el año pasado la cuota costaba $1.000 trimestrales, pero como los costos de esos elementos subieron tanto, tuvimos que aumentarla este año. Ahora es de $6.000 trimestrales. En estos momentos no tenemos muchos socios, son menos de 150, la verdad es que necesitaríamos que más gente se asocie para poder cubrir de manera más holgada lo que necesitamos”.

Embed - Casa Cuna San Juan

* Cómo ayudar

- Quienes quieran llevar donaciones al lugar pueden acercarse por la sede de Casa Cuna, ubicada en el predio del Hospital Rawson, en el ingreso por calles Santa Fe y Patricias Sanjuaninas. Antes de eso, se puede consultar a través de las redes sociales de la organización en Facebook e Instagram

- Quienes quieran asociarse pueden ingresar a la página web que es www.casacunasanjuan.org.ar Allí una sección que dice “Hazte socio”. Los interesados deben hacer click y llenar el formulario con sus datos personales. La contribución se realiza por débito automático.

- Para ser voluntaria se debe completar un proceso que comienza con el llenado de un formulario a través de la web. A partir de ahí, las encargadas de Casa Cuna se comunican con la persona interesada en participar y se realiza una serie entrevistas y luego una charla. “Además, se pide certificado de antecedentes, todo teniendo en cuenta la protección de los niños”, aclara Eli.

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Para finalizar, la voluntaria confía que, “siempre que recibimos a un pequeño lo hacemos con mucha alegría, con mucho amor. Ayudamos a los pequeños, los apoyamos y les damos contención en ese tiempo que tiene que ser separados de su entorno”.

Sin embargo, también existe el momento de la separación, el momento en que los chicos dejan la casa, lo que puede llegar a suceder meses después. Al respecto, Eli cuenta, “cuando se van también es un momento de mucha alegría. Ellos ingresan por un derecho vulnerado y cuando se van, ya sea de vuelta a su entorno biológico o a su familia adoptiva, sabemos que van a tener la vida plena que debieron tener siempre. Claro que también tenemos sentimientos encontrados, porque uno también hace una conexión con el niño. Pero si cada una entiende que ese niño va a salir a vivir su vida como cualquier otro, siente eso, mucha alegría”.

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