Su historia se remonta a 2018, cuando Graciela y su esposo adoptaron a dos nenas y un varón de 2 años y medio, 4 y 5 años. Después de vivir todo el proceso legal, pudieron iniciar la convivencia en familia. Mientras tanto, iban al hogar a visitar a los tres hermanos mayores de sus hijos, quienes en ese entonces tenía 8, 9 y 12 años. “Era muy triste ir a verlos ahí y tener que dejarlos”, recuerda Graciela. Pero, agrega: “Fue una bendición que ellos tres también encontraran a su familia rápido”.
Es que, unos tres meses después, por casualidad, descubrió que los hermanos mayores de sus hijos estaban en proceso de adopción. Fue cuando las dos mujeres se conocieron. “Habíamos ido con mis hijos al Jardín de los Poetas. Al más grande le encanta jugar al fútbol, entonces vio una pelota y salió corriendo. Lo miré y me gritó, ‘mamá, está mi hermano’. Se encontraron ahí y se abrazaron los seis. Los papás que estaban empezando el proceso de vinculación no entendían nada. Me acerqué, les expliqué quiénes somos y empezamos a charlar. Justo en ese momento iba a ser el cumpleaños de una de mis nenas y les conté que quería que compartieran ese día juntos. ‘Contá con eso’, me respondió Sonia y a partir de ahí empezamos a reunirnos”, recuerda Graciela.
A lo que Sonia agrega: “Fue cosa de Dios. Sabíamos que íbamos a tener que vincularnos con la otra familia, pero fue una cosa de locos que pasara así. Desde ese momento nos juntamos para las fiestas, para los cumpleaños, siempre estamos en contacto y ahora somos una familia grande. Mis hijos les dicen tíos a los papás de sus hermanos y ellos nos dicen del mismo modo a nosotros”.
Después de pasar las últimas navidades juntos y de hacer incluso viajes entre los diez, Graciela asegura que, “nos hemos ensamblado muy bien. No sé si hay tantos casos en San Juan con este tipo de familias ensambladas. Lo nuestro se dio muy natural, muy bonito, y desde ahí quedamos juntos para siempre. Siempre les decimos que quienes nos adoptaron son ellos, porque ellos son la familia de 6 y nosotros nos agregamos. Entre todos formamos hoy un gran equipo”.
La maternidad, según Sonia
El camino hacia la maternidad de Sonia fue largo. Con su esposo habían intentado tener hijos, pero como no se dio de modo natural iniciaron una serie de tratamientos. “Yo había cumplido 40 años y después de tres tratamientos in vitro y dos inseminaciones, le dije a mi esposo que no iba a intentar más. Fue él quien me propuso que adoptáramos. Al principio yo no estaba segura, pero fuimos a un encuentro del movimiento familiar cristiano del grupo San José, donde te orientan mucho, y me decidí”, relata Sonia.
La pareja inició los trámites para ingresar al Registro Único de Adopción en julio de 2018 y en octubre, los llamaron para comentarles que tenían la posibilidad de adoptar a los tres hermanitos, una nena y dos varones de 8, 9 y 12 años. Al respecto, cuenta que, “nos dieron 3 o 4 días para pensarlo y le dijimos que sí al juez. Charlamos con él, pasamos por los encuentros con psicólogas y sociólogas y nos citaron para conocer a los chicos. Hicimos el proceso de vinculación y el 30 de noviembre de 2018 nos entregaron la guarda. Por suerte, pasó re poquito tiempo entre nuestra decisión y la posibilidad de llevarlos a casa. En 2021 logramos la adopción plena y, desde ese momento, tienen nuestros apellidos”.
Al mismo tiempo reflexiona: “Dicen que el proceso se demora, que las leyes están mal, que no te dan los niños, que te lleva años. Pero, en realidad, tarda mucho la adopción cuando son bebés, porque todo el mundo quiere bebés. Nosotros habíamos dicho queríamos adoptar hasta 2 niños, de entre 5 y 10 años. Y aunque eran 3 y el más grande tenía 12, no fue impedimento. Al contrario, así como nosotros necesitamos formar una familia ellos necesitan tener una familia. La verdad, después es todo igual. La única diferencia es que una madre biológica lo tiene 9 meses en su vientre”.
En cuanto al primer momento que le dijeron mamá, Sonia confía, “me acuerdo patente”. Y relata: “Hacía dos meses que estaban con nosotros. Era de noche y yo ya los había ido a saludar. Cuando estaba en la puerta, mi hija más chica me llamó, ‘Sonia’. Me di vuelta y le pregunté qué necesitaba. ‘¿Yo te puedo decir mamá a vos?’, me preguntó. Me partió el corazón y le dije que me podía llamar como quisiera. Entonces me dijo, ‘Hasta mañana, mamá’. Fue muy emocionante. Después, empezaron a llamarme mamá mis otros dos hijos. Son momentos únicos”.
Ahora, con el paso del tiempo y cuando sus hijos ya tienen 13, 14 y 17 años, la mujer asegura: “Siempre les digo a las parejas que se animen a adoptar niños más grandes, porque ellos son quienes más lo necesita y, como cualquier persona, tienen derecho a tener una familia”.
La maternidad, según Graciela
“En realidad, con mi esposo empezamos tarde la tarea. Estudiamos, nos recibimos, conseguimos trabajo, buscamos seguridad. Empezamos y vimos que no se podía, intentamos con tratamientos, pero no dio resultado. Entonces, decidimos ir por la vía de la adopción. Era un camino que no teníamos pensando, no lo teníamos como alternativa, pero fue un proceso que se fue dando, sobre todo en mí, mi marido estaba convencido. Yo soy una persona de mucha fe, puse esto en manos de Dios y dije, si es de Dios se va a dar el sueño de nuestra familia”, recuerda Graciela.
La mujer cuenta además que, siempre pensaron en adoptar más de un niño y en que no fuera bebé, porque sentían que ambos eran grandes. “Lo empezamos como un trámite nada más y a medida que fuimos avanzando en las entrevistas, nos fueron abriendo la mente sobre cómo es el panorama. Fue de mucha ayuda para poder seguir la decisión y avanzar”, confía la mamá.
La pareja también se orientó a través del grupo San José, del que ahora incluso forman parte. Además, ella comenzó a colaborar en Casa Cuna y eso también la ayudó a confirmar que iba por el camino correcto. “Fue una experiencia muy linda. Empezamos en febrero de 2017, tuvimos carpeta con el número del registro nacional en 2018. Las entrevistas fueron como un paso más, no fueron una carga. Está bien, tiene que ser un proceso y siempre lo más importante es tener en claro que se busca una familia para los chicos y no un chico para una familia que no tiene hijos”, sostiene Graciela.
Fue en junio de ese año que la pareja recibió el llamado de la secretaria del Juez de Menores. La mujer recuerda: “Nos reunimos y él nos dijo que eran tres y sus edades. Yo inmediatamente dije que sí. Creo que no lo pensamos. Las mejores decisiones salen desde el amor, desde el duelo de la maternidad biológica hasta abrir el corazón a esta nueva forma de maternidad que es la adoptiva. Después te das cuenta de que era exactamente igual, pensás ‘qué tiempo que perdí tomando la decisión’, pero obviamente fue tiempo ganado, de pura madurez”.
En cuanto a su rol de mamá, Graciela cuenta: “Es como todo proceso de maternidad, tiene cosas muy lindas y también otras que te cuestan un montón. Una adopción múltiple no es fácil y mis hijos se llevan un año y tres meses entre cada uno. Todos eran chiquitos, tenían mucha demanda de su mamá y nosotros tuvimos que aprender con los tres de una. Pero siempre, de una forma u otra, la familia y los amigos han estado para ayudarnos”.
Ahora sus hijos tienen 7, 9 y 10 años y Graciela dice que no deja de oír la palabra que tanto esperó. “Ahora escuchó todo el día, mamá, mamá, mamá. Y mi marido me dice, no te quejés”, cuenta entre risas. Y confía: “Si hay algo que no quería en la vida era morir sin haber vivido la experiencia de ser madre. Soy muy feliz, más allá de toda la tarea, esta es una entrega de amor”.