Entre menudos y cortes para olla, los jubilados de San Juan y su odisea para comer carne
Mientras el precio de la carne subió nuevamente esta semana y se esperan más aumentos en los próximos días, los que menos tienen se las ingenian para cocinar.
Tras los constantes aumentos de la carne, los jubilados sanjuaninos contaron cómo se las ingenian para seguir consumiendo proteínas.
En San Juan, la carne aumentó seis veces en lo que va del mes, según indican desde el sector, y afirman que los precios volverán a subir al menos una vez más. En ese contexto, con jubilaciones que no llegan a los $370.000, muchos adultos mayores reducen porciones, reemplazan cortes tradicionales por menudos o achuras y estiran las compras hasta donde alcanza. Comer asado quedó reservado para ocasiones especiales y, en muchos hogares, llegar a fin de mes es una verdadera odisea.
Actualmente, las blandas especiales pueden alcanzar los $24.000 por kilo, mientras que el asado ya se acerca a los $20.000. Incluso advierten que hacia el fin de semana el kilo podría rondar los $18.000 y que la punta de espalda de gran calidad se ubicaría en torno a los $25.000.
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La escena se repite en distintos barrios: menos clientes y, sobre todo, menos personas mayores cruzando la puerta. Los carniceros locales reconocen que las ventas bajaron considerablemente en los últimos días. Ante ese panorama, Tiempo de San Juan salió a consultar a jubilados de distintos departamentos cómo hacen para seguir consumiendo proteínas.
Ramona vive con su nieta y tres bisnietos. En su casa, la carne no desapareció, pero cambió de lugar en el menú semanal. “Sí, comemos carne, pero menos, no la cantidad de antes. Uno se las ingenia para comer, un día carne, un día pollo, pescado, por ahí nos vamos arreglando. Yo vivo con mi nieta y sus tres chicos y ellos tienen que comer de todo. Es difícil, pero nos vamos ingeniando para ver cómo llegamos a fin de mes. Así estamos, arañando”, resume.
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En Chimbas, Juan Carlos Montegro describe una rutina similar. “Se consume, pero se compra menos. Vamos estirando lo más que podemos hasta que se termina la plata y después ya tomamos té nomás. En las últimas semanas del mes las cosas cambian”. El asado, cuenta, quedó reservado para encuentros familiares y bajo una modalidad compartida: “Asado comemos cuando nos juntamos con la familia nomás, a la canasta. Pero es una vergüenza lo que se está viviendo, los sueldos no alcanzan. Para nosotros, con nuestra edad, es injusto. Trabajamos toda una vida y nos pagan una miseria”.
Cristina, también de Chimbas, admite que en su hogar la ayuda de los hijos es clave. “Tratamos de seguir comiendo algo de carne y lo logramos con ayuda de los hijos, si no, no se puede. Hemos ido cambiando hábitos. Comer carne, fruta, es un regalo”. En su casa intentan incluir carne dos veces por semana, sobre todo por su hijo adolescente, pero las costumbres ya no son las mismas. “Una abuela sabe cómo ingeniársela y hacer comida de olla. No es cuestión de supremas o milanesas todos los días”.
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La estrategia se repite: reemplazar cortes caros por menudos, sumar achuras, agregar más huevo a las preparaciones y estirar los guisos con verduras, aunque también estén en alza. “Habrá que comer un poco de achura, de verdura. Aunque la verdura está muy cara también. Vamos agregando más huevo. Seguimos adelante como se puede. Uno compra una pastilla para la presión y no le queda nada”, grafica.
La situación de los jubilados sanjuaninos, en primera persona
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