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El trabajo de sus sueños

El sanjuanino que convirtió su pasión en su medio de vida y recorrió más de 2,3 millones de kilómetros

Ariel Giaccaglia es sanjuanino y visitó, en moto, más de 50 países. Hace 30 años decidió "profesionalizar" su pasión y se convirtió en guía de mototours por todo el mundo

Por Redacción Tiempo de San Juan 18 de agosto de 2022 - 20:01

El sanjuanino Ariel Giaccaglia (61), desde chico, aunque no sabe cuando, soñaba con tener una moto. Según contó al diario La Nación, subirse a este vehículo le transmite una sensación de libertad y felicidad de tomar, el simple hecho de tomar el manubrio y salir sin rumbo en la moto.

Giaccaglia contó a La Nación, que en su adolescencia le pidió a su mamá una motocicleta. Como él ya lo esperaba, la respuesta fue un “no”. El que persevera, triunfa, dicen. Así fue que ante reiterados pedidos, logró conseguir su Suzuki 125cc. Corría 1979 y, aunque no tenía “un peso partido por la mitad”, organizó su primer itinerario: San Juan, Calingasta, Barreal, Uspallata, Las Cuevas, Potrerillos y Mendoza, para luego regresar al punto de partida.

“¡Fue el viaje de mi vida…! En dos años hice 150 mil kilómetros”, lanza, como si fuese ayer su primer viaje. Actualmente, lleva más de 2,3 millones de kilómetros en dos ruedas. La mayoría los transitó a partir de mototours que empezó a organizar allá por los ‘90 y que se convirtió en su modo de ganarse la vida.

Más de 50 países, de los cuales visitó más de una vez algunos. Todos en los últimos 30 años. Europa, Sudamérica, Norteamérica y norte de África, además de la Argentina entera. En su primer viaje se llevó una mochila con un farol a kerosene y una bolsa de dormir. Con el primer dinero que ahorró, era poco, le alcanzó solo para el combustible y la comida, solo llevó un tupper.

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Primera moto de Ariel

Primera moto de Ariel

-¿Cómo se decidió en convertir su pasión en trabajo?

-Primero organicé excursiones para mis amigos, en las que llevaba una planilla de Excel pegada con cinta en el tanque de nafta. Allí enumeraba los lugares a visitar, alojamiento, restaurantes y estaciones de servicio, entre otros ítems, todo muy detallado. Uno de mis amigos me dijo: “Con esto tenés que hacer guita”... y empecé a pensar en la idea. Fue este amigo quien me armó una página de Internet en varios idiomas, algo innovador en esa época. Así, fui el primero del país en ocuparme de este negocio.

-¿Qué sucedió en adelante?

-Algo poco habitual para un cuyano, el privilegio de tener contacto con la realidad del mundo y de trabajar cada día con más entusiasmo. Vuelco el corazón en esto sin pensar en el negocio y, así, el resultado es el mejor negocio del mundo. Los cupos se agotan enseguida, tenemos lista de espera y la gratificación es tan enorme que no podría describirla. Eso sí, yo también cristalizo mi propio sueño en cada aventura, porque cada viaje es diferente, la gente es distinta y yo nunca soy el mismo.

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-¿Cuál es el cupo máximo que recibe para cada excursión?

-No más de 10 motos, de modo que solemos viajar hasta 20 personas. Ojo, esto lo hago hoy después de un tiempo de llevar hasta 100 motos, una locura que no tiene sentido porque a nadie le gusta esperar horas para cargar combustible, por mencionar un ejemplo. La gente merece una atención personalizada, por eso siempre digo que lo único que deben hacer es manejar con responsabilidad. Del resto me encargo yo. Soy CEO, mecánico, fotógrafo y secretario. Jamás llamo a una agencia de viajes, soy quien llama a cada lugar para hacer las reservas, por eso me conocen en todos los hoteles, donde suelen recibirnos con los brazos abiertos.

-¿Tanto trabajo físico y logístico no lo agotan?

-¡No! Cada día me gusta más. Muchos suelen preguntarme si me canso y respondo que no, lo disfruto muchísimo y, como dije antes, cada viaje es diferente. Fui nueve veces a Machu Picchu y seguiría yendo, lo mismo me pasa con Córdoba, San Luis, La Rioja, Catamarca, Ushuaia, Chile…

-Entiendo que comparte esta pasión con su familia.

-Afortunadamente. Eso completa mi felicidad. Hemos hecho muchísimos viajes en familia. Mis hijos Pablo y Federico también son amantes de este mundo, aunque no tan aventureros. Mi esposa es clave, me acompaña cuando se anotan mujeres y es quien se ocupa de transmitirles a ellas esta pasión.

-¿Anécdotas?

-¡Uf! Imposible enumerarlas… En general son hermosas porque la gente nos valora, nos ve como gladiadores, como grandes aventureros de las rutas. Tengo amigos por todas partes. En Maca, un pueblo remoto del Valle de Colca, Perú, conocí a Rosa, una persona típica de esa zona que atiende un kiosco de mala muerte, paupérrimo. Se me ocurrió tomarle una foto. Al año siguiente regresé, le llevé una copia en papel y se puso a llorar. El marido me confesó que era la primera vez que veía una foto suya. A partir de allí le tomaba fotos y se las obsequiaba al año siguiente. Hasta que un día el hombre se enojó: “¿Por qué le saca fotos a mi esposa?”, me cuestionó. Pero con el tiempo se le pasó, y hoy suelo llevarles alfajores, dulce de leche o algún objeto gaucho y ellos hacen lo propio, hace poco me obsequiaron un cóndor, gesto que valoré muchísimo.

-¿Cómo es recibido en los distintos países?

-Me sigue asombrando la educación y amabilidad de los europeos, siempre le encuentran una solución a todos los problemas con una sonrisa. Los nórdicos están de vuelta en todo sentido, no necesitan nada más en la vida, son extremadamente respetuosos de las reglas y su calidad de vida es envidiable. Ellos me llaman “Ariel” y siento que me tienen una confianza ciega. Lo mismo me sucede en Austria, Finlandia, Estonia, Lituania y Polonia. Es muy notable la diferencia en el nivel de preocupación con respecto a los argentinos, que nunca estamos relajados y siempre estamos pensando en el dinero, en el día a día. Ejemplo, allá nadie mira el celular mientras está trabajando. Ojo, salvando las distancias, mucho más cerca nuestro, los peruanos también son supremos en educación.

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Entre otras preguntas, reflexionó sobre el final de este viaje. Comentó que la primera vez que pasó, fue en Europa después de la pandemia, un impase que fue durísimo de digerir. Resultó tan extraordinario y enriquecedor como los anteriores. Siento que tengo el trabajo de mis sueños y el de muchísimas personas más. Gente que, al igual que yo, siente esta misma pasión.

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