Perdido, en medio de un barranco de 15 metros de profundidad, sin posibilidad de moverse y solo. De ese modo quedó ayer Leandro Clavero, un sanjuanino de 23 años que fue rescatado gracias a alguien que, casualmente pasaba por el lugar y oyó su grito. El caso recordó al del montañista Guillermo Peralta, quien se perdió en el cerro y cayó a una grieta, pero en 2001, y no tuvo la suerte de ser oído por nadie. Fue hallado 11 días después, en medio de un operativo que tuvo en vilo a San Juan y generó emoción en el país.
Guillermo fue hallado el 11 de abril de 2001, justo en Semana Santa, tras 11 días perdido en el cerro Blanco, más precisamente en Las Cuevas de Zonda. El operativo de búsqueda movilizó primero a miembros del Club Andino Mercedario, y luego sumó a la Dirección Provincial Aeronáutica, el Cuerpo de Bomberos, Gendarmería, el Ejército, organizaciones como Radio Club San Juan y club de enduro ACER, baqueanos y los familiares y amigos de Guillermo, que en ese entonces tenía 21 años.
El joven deportista había subido junto a un amigo el cerro Santa Rosa. Pero él vio el cerro Blanco Las Cuevas y dijo que quería hacer cumbre. Como su compañero prefirió no seguir, se separaron. Sin embargo, justo cuando Guillermo intentó bajar, pero cayó y se rompió el seno frontal y el tobillo. Quedó en adentro de una hendidura en el lateral del cerro.
Allí, tuvo que soportar el frío de hasta 5 grados bajo cero vestido con ropas livianas, echó mano a raíces para alimentarse, racionó unas pasas que llevaba en el bolsillo y tomó agua de nieve derretida.
Mientras, tras diez días de rastrillaje multitudinario e intenso, con tres helicópteros incluidos, la esperanza se iba apagando. Sin embargo, quedaba una esperanza. Uno de sus amigos montañistas aseguraba que en medio de las tareas, en una oportunidad, había gritado el nombre “Sebastián” y había oído un, “sí”. Fue entonces, que se formaron tres parejas de buscadores que iniciaron nuevamente la tarea por la zona indicada. Justamente allí, lo encontraron vivo.
De a poco, el equipo comenzó a hidratar a Guillermo y a abrigarlo. En tanto que, una veintena de rescatistas se las ingenió con cuerdas y una camilla, a unos 4.500 metros de altura, para lograr llevarlo hasta un punto donde lo estaba esperando el helicóptero del Gobierno de San Juan.
Con una delgadez extrema y los labios partidos, Guillermo fue recibido como un héroe, bajó con una sonrisa y se quebró cuando vio a su familia. La noticia del rescate recorrió el país.