Testimonio revelador

Una arrepentida contó la trama secreta de las estafas con viviendas en San Juan

La mujer fue la secretaria de dos personas denunciadas como estafadores por varios sanjuaninos. Identidades falsas, recibos de librería y todos los detalles del modus operandi.
martes, 28 de enero de 2020 · 12:09

Julieta Ovando y su marido Alejandro Luna fueron señalados por varios sanjuaninos como presuntos estafadores. Incluso la mujer recibió en una oportunidad 24 denuncias en su contra por un curso de auxiliar a bordo y masoterapia. El mismo nunca tuvo aval de nada.  En tanto que su marido también fue denunciado en sede policial por otros sanjuaninos que contaron cómo resultaron perjudicados. Uno de ellos fue Cristian Roldan de Iglesias que denunció a Luna por incumplimiento de contrato y que actualmente se encuentra haciendo trámites legales en contra del matrimonio junto con otros perjudicados que buscan justicia.

El entramado que envuelve a estos personajes es complejo y en esta oportunidad fue una ex secretaria quien se animó a contar cómo era el modus operandi de los presuntos estafadores. La mujer de nombre Eliana M. trabajó un tiempo con el matrimonio y decidió apartarse por un problema de dinero que tuvo con Luna. La misma prefirió mantener su apellido en anonimato para evitar inconvenientes. “Básicamente la empresa, según ellos, tenían un gran depósito en 9 de julio donde tenían toda la materia prima. Cuando yo llegue a la empresa me dijeron que el dueño era un arquitecto llamado Luis Márquez, pero nunca lo pude conocer.  Incluso cuando yo pedía conocerlo me decían que tenía mucho trabajo, por eso de todo se ocupaba Alejandro Luna”.

Actuación notarial entre Luna y el ex cliente Roldan.

De la misma manera la ex secretaria dijo que “ellos trabajan con planes de financiación y además podías pagar la casa completa. Te ofrecían una casa de acuerdo a la cantidad de metros cuadrados que vos tenías. Uno cuando escuchaba eso le parecía magnífico. Pero después yo vi ciertas cosas que no me gustaron.  No tenían boletas certificadas, ni ningún tipo de logo, si los clientes entraban me decían que les diga que la empresa es vieja, me pagaba siempre a destiempo y me terminaron debiendo mucha plata” dijo argumentando porque se desligó de la empresa.

“Después me enteré del trabajo que hacía esta gente cuando salieron las denuncias en medios locales y naciones, me llamó mucho la atención que la acusada se llamaba Julieta Ovando, porque a mí se me presentó como Ayelen Alfaro. Ese fue el nombre que me dijo ella que era la secretaria cuando yo no estaba” afirmó Eliana.

Las mismas personas que hablaron con este diario afirmaron que esta aparente empresa de viviendas privadas- que nada tienen que ver con el IPV- cambiaba de lugar cada tanto sin dejar rastros.  La ex secretaria avala esto diciendo que “ellos estuvieron alquilando una oficina en calle Mendoza entre Laprida y Rivadavia, y después en diciembre se mudaron a un galpón por calle Tacuarí al fondo del ex Coloso en Rawson. También decían que pasaron por 9 de Julio, Chimbas, Capital y Rawson” detalló.

Parte de los perfiles que circulan por las redes.

En cuanto a la fachada del lugar, la ex empleada realizó una descripción bastante detallada al respecto: “Tenían varios obreros, vos los veías trabajar, pero de ahí en más si se entregaban las casas o si era una pantalla era un tema aparte. En el local de Rawson tenían un montón de barras de madera, en la otra pared ventanas de pino de varios modelos, puertas de doble chapa inyectada y ventanas de aluminio. Y en teoría esas puertas y ventanas son las que vos elegías para agregar a tu vivienda. Después había dos oficinas, pero no había nada ahí”.

Así mismo era habitual que algunos clientes llamaran preguntando por su casa. “En esos casos se les decía que teníamos un retraso, ´si te pregunta decile que no la tenemos terminada´ me decían ellos, y así mismo te hacían una recarga de 100 pesos diarios si no pagabas las cuotas a fin de mes. Pero hasta que vos no cancelaras la vivienda no se te iba a construir. También recibían permutas de autos, motos, etc. Un día me mandaron a ver a un hombre que quería tres casas por dos camionetas, pero cuando los tratos estaban por cerrarse era Alejandro el que se encargaba”.

Según afirmó la mujer que antes trabajaba para Luna “un día iba un promedio de 4 personas por lo menos a averiguar. Después de que cerraban trato o no, eso dependía de Luna. Pero recuerdo que había mucha gente que pagaba de contado entonces el mismo Alejandro me decía yo me encargo y el cerraba” finalizó.

 

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