Un procedimiento judicial sacudió el centro sanjuanino por una causa de estafas contra personas de escasos recursos. Los investigadores de la UFI Delitos Informáticos y Estafas allanaron una casa de préstamos en plena avenida Libertador, secuestraron documentación y detuvieron a una de las empleadas. Hay nueve denuncias. Investigan si otorgaban dinero a modo de préstamos y, aprovechándose de la inocencia de sus clientes, a los pocos minutos entraban a sus cuentas para desviar esa misma plata a otros destinatarios.
El revuelo se armó el martes último en un local llamado CC Créditos, sobre avenida Libertador, metros al oeste de avenida Rioja, en plena Capital sanjuanina. Una comisión policial de la brigada de apoyo de la UFI Delitos Informáticos y Estafas, dirigida por el fiscal Pablo Martín, el ayudante fiscal Francisco Rodríguez y la auxiliar Candelaria Terusi llegó a ese lugar con un mandato judicial para inspeccionar todo el edificio y secuestrar documentación sobre los préstamos. Allí también detuvieron a Tamara Romero, una de las empleadas implicadas en la causa, revelaron fuentes del caso.
La muchacha, de alrededor de 30 años, es señalada como la mujer que otorgó los créditos en dinero a tres personas que resultaron estafadas por un monto de $3 millones, revelaron fuentes del caso. Además, hay otras seis denuncias y aparentemente mencionan a otros empleados, según los trascendidos. No descartan que aparezcan más damnificados en esta presunta estafa millonaria.
Lo poco que se conoció fue que esa financiera otorgaba créditos a sola firma, con DNI y alguna boleta de servicio, pero exigían que el cliente tuviese caja de ahorro bancarizada para luego realizarle el depósito del préstamo. Muchos de los presuntos damnificados son personas de escasos recursos y de poca instrucción.
Al parecer, uno o más empleados se aprovecharon de eso. Los mismos denunciantes comentaron que, a la hora de tramitar el préstamo, también les pedían los datos de la tarjeta de débito de la caja de ahorro y las claves. Los clientes dejaban hasta que fotocopiaran su tarjeta, sin sospechar que pudieran utilizarlos con otros fines.
De acuerdo con los relatos, los denunciantes aseguraron que efectivamente les otorgaron el préstamo y les dieron los comprobantes de que el dinero había sido acreditado. Sin embargo, al rato, cuando querían hacer uso de la plata, descubrían que ya había desaparecido.
La sospecha es que, poco después de depositarles el dinero, alguno de los empleados entraba a la cuenta de los clientes a través de los datos y claves que estos mismos les habían confiado. Una vez dentro, transferían la plata del préstamo a otras cuentas y dejaban sin un peso al deudor.
Esa es la hipótesis principal. Las primeras investigaciones sobre el destino del dinero de algunos clientes arrojaron que los fondos fueron a parar a la cuenta de la ahora detenida, quien pagó servicios e hizo compras con esa plata. Entre las víctimas figura un hombre que pidió 90 mil pesos de préstamo, perdió ese dinero y ahora deberá hacerse cargo de las cuotas adeudadas.