“Este noviazgo empezó el año pasado”. La frase de Kevin Benavides (37) desata las primeras risas en la redacción de Tiempo de San Juan y, al mismo tiempo, resume un poco lo que hoy son junto al sanjuanino Lisandro Sisterna (25): una dupla que en menos de un año pasó de una charla telefónica a convertirse en una de las apuestas argentinas más fuertes del rally raid. Sentados uno al lado del otro y antes de acelerar en la provincia de la mano del Desafío Ruta 40, se pisan las respuestas, se completan las ideas y se ríen como si llevaran una vida compartiendo carreras, cuando en realidad el vínculo empezó recién en octubre del año pasado.
Kevin venía atravesando uno de los cambios más fuertes de su carrera deportiva. Después de dejar atrás las motos por una grave lesión en el brazo izquierdo, el bicampeón del Dakar se reinventó arriba de cuatro ruedas y necesitaba alguien de confianza para acompañarlo en ese salto al vacío. “Yo ya lo conocía de antes a Lichi, nos habíamos visto en San Juan”, recuerda el salteño. “Hablamos por teléfono, tuvimos una buena conversación y automáticamente noté las ganas de él de superarse y afrontar esto. Porque también era un desafío muy grande para mí pasar de las motos a las cuatro ruedas”, agrega.
Embed - El detrás de escena de Benavides y Sisterna antes de acelerar en San Juan
Del otro lado, Sisterna también se acuerda perfecto del primer contacto cara a cara. Lo invitó a girar en San Juan y ahí empezó a sacar conclusiones. “Estaba un poco verde de piloto”, dispara entre risas mientras Kevin baja la cabeza y sonríe resignado. “Pero me di cuenta enseguida de que tenía una visión muy buena y que podía llegar lejos”.
Aquella intuición terminó convirtiéndose en una sociedad que avanzó muchísimo más rápido de lo esperado. En enero debutaron juntos en el Dakar 2026 dentro de la categoría Challenger, ganaron tres etapas y terminaron séptimos en la general. Ahora, apenas unos meses después, darán otro salto enorme en el Desafío Ruta 40, donde debutarán en Ultimate, la categoría más importante del Mundial de Rally Raid. “Cuando arrancamos yo se lo prometí”, cuenta Kevin, mirando a Sisterna. “‘Le dije que íbamos a llegar a las camionetas, y acá estamos”.
La sensación es que gran parte de esa evolución se explica en cómo se fueron complementando. Kevin aporta la experiencia de años peleando en el desierto más duro del planeta; Lichi, el conocimiento técnico y la lectura de carrera desde adentro del auto. “Lo bueno es que ya sabe cuándo estoy yendo rápido, cuándo tranquilo, cuándo puedo aumentar el ritmo o cuándo hay que cuidar”, explica Benavides. “Y además tiene algo clave y es que sabe muchísimo de mecánica. En el Dakar tuvimos problemas y si no fuera por el ingenio de Lichi seguíamos trabados”.
Lichi escucha y devuelve la gentileza, aunque aprovechando para remarcar lo que implica el desafío de subirse a las cuatro ruedas. “Kevin se está acostumbrando a las frustraciones de los autos”. “La moto es mucho más simple. Tiene menos piezas, es más noble. El auto tiene el triple de cosas y es más fácil que aparezcan inconvenientes”, responde el salteño.
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Y los inconvenientes, claro, ya aparecieron. Uno de los recuerdos más insólitos que comparten ocurrió el año pasado, cuando otro competidor los chocó en medio de un río y terminaron dando varios tumbos en plena carrera. “Fue una locura”, recuerda Kevin. “Nunca me había pasado algo así”. “Después se llevó una puteadita el francés que nos chocó”, agrega Sisterna.
Lo cierto es que entre carrera y carrera, la convivencia terminó de consolidar el vínculo. Compartieron campamentos eternos en Arabia Saudita, viajes larguísimos y días enteros arriba del auto. Ahí también empezaron las pequeñas diferencias cotidianas. Kevin se define como una persona estructurado y súper puntual. El que necesita arrancar temprano y tener todo ordenado. Lichi, en cambio, admite ser “más relajado”. “Tengo que empujar al copiloto”, bromea Benavides.
La música también se volvió parte de la rutina compartida. Reguetón, cuarteto, cumbias y hasta Omega suenan en los campamentos dependiendo del humor del día. “En Arabia ponía yo la música”, cuenta el sanjuanino. “No tenemos una música fija”, agrega Kevin. “Escuchamos de todo”.
En el medio de la charla aparecen otros nombres propios. Benavides habla con entusiasmo de Franco Colapinto, con quien mantiene una amistad y comparte psicólogo deportivo. “Está viviendo un momento increíble y se lo ganó. Está bueno para el deporte argentino que cada vez haya más pilotos que puedan mostrarse afuera”.
El Desafío Ruta 40 se disputará del 24 al 29 de mayo de 2026 como la tercera fecha del Campeonato Mundial de Rally Raid (W2RC). Con un récord histórico de 151 inscriptos de 35 nacionalidades y la presencia de los mejores pilotos del espíritu Dakar, tendrá un recorrido tendrá como sedes principales a San Juan y Mendoza.
Después vuelve inevitablemente a San Juan, una provincia con la que siente una conexión especial. Acá probó por primera vez un UTV, acá corrió su primera carrera en el CANAV y acá empezó, sin saberlo, esta nueva etapa de su carrera deportiva. “Todo siempre vuelve a San Juan”, dice. Y quizás por eso el Desafío Ruta 40 aparece como algo más que una carrera. Será el estreno en la categoría máxima, sí, pero también una especie de confirmación para una dupla que todavía se sigue conociendo entre cargadas, cumbias y kilómetros de arena. “Queremos compartir muchos podios”, resume Sisterna. Y Kevin asiente, no le hace falta agregar mucho más.