Inovidable desde lo sentimental y sublime desde lo artístico. Así fue la apertura de la primera temporada del Teatro del Bicentenario, en la que cautivó por su exquisito sonido el Steinway, un piano que jugando con las virtuosas manos del checo Martin Kasík inició un camino llamado a brillar en cada presentación.
La Orquesta Filarmónica Checa del Norte, bajo la dirección de Roberto Montenegro, abrió la noche en la que los presentes florearon sus oídos con magistrales obras de Brahms y Chopín.
A semejante poema orquestal se sumó la apasionada interpretación de Kasík, quien cumplió con creces su deseos de enaltecer aún más al imponente Teatro del Bicentenario con su arte.
La temporada en la sala principal se inició por todo lo alto y continuará la semana próxima con la puesta en escena de La Traviata, otra impostergable oportunidad para disfrutar de ópera en una de sus obras más brillantes.