Un ave en extinción. Uno de los últimos capocómicos de la revista porteña. Actor, humorista, contador de chistes, monologuista (o "standapero”, como se dice ahora), cubre, en definitiva, casi todos los roles que se pueden presentar sobre un escenario.
Jorge Corona continuó con la pléyade de los grandes humoristas de nuestra escena (Marrone, Pelele, Barbieri, Dringue, Stray) y le puso su particular sello con humor descarnado y libre de cualquier tipo de sutileza y rigor académico. Todo lo contrario. Con él no existe el término medio; las cosas son blanco o negro. No hay grises. Lo tomás o lo dejás.

En tanto, los últimos tiempos estuvieron poblados de ciertas dificultades en la vida del popular intérprete. Trabajos que no se concretaron, palabras de contrato que quedaron a mitad de camino, frustraciones, que generaron incomodidad y mucho desánimo en él. Sobre todo, si tenemos en cuenta que se trata de una figura acostumbrada, como otros tantos colegas, a la continuidad laboral. Dicha circunstancia se complicó, aún más, con problemas de salud recientes (se le colocaron dos stents), aunque fue superando esta situación de crisis con tratamiento y una nueva alimentación.
En definitiva, como el Ave Fénix, Jorge resurgió de sus cenizas. Y volvió a estar otra vez arriba de un escenario. Precisamente, en Mar del Plata, junto a un elenco que se completa con los aportes de Ricardo García, Noelia Derek y Tristán Jr., Corona protagoniza otro show picaresco fiel a su estilo: "El convento está que arde”.
En la antesala de una de las funciones del show, en un coqueto café de la calle Santa Fe, Jorge charló a agenda abierta con DiarioShow.com.
"Estoy en carrera. Superé situaciones difíciles, pero aquí estamos. Le ponemos el pecho a las balas y aquí estoy, vivito y culeando”, dijo con su humor siempre inefable.

La situación económica en Mardel desde la producción teatral mereció el siguiente análisis. "El panorama está más complejo que nunca. (Carlos) Rottemberg abrió la mitad de su estructura teatral y otras salas permanecen cerradas por falta de presupuesto para pagar los impuestazos. Así las cosas, hay que manejarse con cautela, sin grandes gastos, de esta manera, se manejan casi todas las producciones”, señaló.
Y agregó: "Lo importante es estar arriba de un escenario. No tengo dudas de que el escenario tiene un poder curativo, sana todos los males. En esta vida estamos de paso, hay que hacerse menos malasangre y pasarla lo mejor posible. Evitar las complicaciones de todo tipo. Recuerdo que en casa éramos tan pobres que nos daban el arroz sin leche”.

El artista no puede con su genio y hace su aporte bromista. Artista del "under” Acaban de cumplirse, precisamente, 40 años de su primer trabajo en Mar del Plata. Fue en el café-concert "Estatus”, que estaba ubicado en Corrientes, a metros de Belgrano. El espectáculo de aquel entonces reunía a Gabriel Reynal, Paco de Arriba y José Ángel Trelles.
"Se trataba de un lugar muy especial, un sótano que comprendía espectáculos de particular brillo y jerarquía”, recuerda.
La ropa que tanto identifica a Jorge y que se adueñó del personaje empezó a formar parte de su vestuario de la siguiente manera: "En oportunidad de mis presentaciones en Villa Gesell, Carcavallo, secretario en ese entonces de Alejandro Romay, observó que el grupo que había actuado anteriormente había dejado en el piso un traje colorado, una corbata larga y un sombrero. Me dijo ponete esa ropa, lo hice y la utilicé de por vida”.
Pero el gran debut profesional de Corona se dio de la mano de Jorge Marrone. En efecto, fue en el teatro Nacional, llevado por Alejandro Romay al descubrirlo en una confiteria-pub del barrio de Flores, puntualmente en 1972. En dicha revista, además, formaban parte del elenco luminarias de la talla de Libertad Leblanc, Alfredo Alaria, Darío Vittori y Calígula.

El perfil de Jorge Corona es particularmente único y cuenta, con antecedentes, en los años de brillo de la revista nacional. Sobre todo, en aquellos cómicos denominados de "legua” que en los años 40, sobre todo, tenían incidencia en algunas zonas balnearias y que, luego, fueron fauna solamente ubicable en el emblemático teatro Florida (hoy centro cultural Astor Piazzolla) en la Galería Güemes, Florida, a metros de Diagonal Norte. Se trataba, precisamente, de un "antro” escénico inimitable. Allí, los cómicos interactuaban con una platea especial (marineros, borrachos y afines) cuando alguien del público osaba tocarle la cola a alguna de las bailarinas, encontrando respuesta inmediata en los intérpretes de turno.
En consecuencia: piñas, patadas, butacas rotas y caos generalizado. Allí, precisamente, el citado Pepitito Marrone (acompañado por una exuberante Juanita Martínez) hizo sus primeras armas como trampolín al Maipo y al Nacional. En esa escuela es que Corona encuentra la esencia de un humor repentista, basado en la observación, en los bajos fondos y en el apunte social y político. Sin eufemismos ni términos medios. Todo es salvaje y arrollador.
"En la actualidad, y en el standup, se utiliza mucho lo que yo denomino el chiste de Internet, la página estudiada que se repite función tras función. En cambio, yo me baso en el hecho cotidiano, lo que nos sucede día a día y en lo que va dejando la leyenda urbana. Trato de ser muy observador como actor y de enviar el chiste de manera muy espontánea y directa. La cuestión académica conmigo no va”, afirmó.
Sin embargo, Jorge cuenta con un gran sueño para encarar, en este tramo de su trayectoria: "Me encantaría poder abordar historias que tengan que ver con lo costumbrista. Con esos personajes del mundo de todos los días, perdedores natos en busca de la salvación. Me gustaría meterme en la piel del personaje que hizo Carlos Carella en la obra ‘El acompañamiento’. Soy fanático del estilo actoral del Negro, a quien tuve la suerte de tratar personalmente. Un actor impresionante y un verdadero tipazo”.
"Soy un tipo agradecido a la vida y ahora, nuevamente sobre un escenario, me encuentro revitalizado, con toda la energía”, señaló. Lo dice Jorge Corona y le creemos.