Laindustria metalúrgica argentina cerró 2025 con una contracción acumulada de -0,9% respecto al año anterior, en un contexto de caídas generalizadas y baja utilización de la capacidad instalada. La producción está en su peor momento desde 2020, año de la pandemia.
Así surge del último informe de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA). El balance del muestra que esta industria se mantiene en recesión y vulnerable, con descensos interanuales en la actividad y un incremento exponencial de las importaciones, sin señales claras de una recuperación a corto plazo.
En detalle, durante diciembre, el sector registró un retroceso de -7,1% en la producción, sumando ocho meses consecutivos en baja. En la comparación mensual, la actividad retrocedió -1,3%.
La entidad subrayó que la utilización de la capacidad instalada se ubicó en 44%, siendo uno de sus niveles más bajos en términos históricos.
Vale destacar que la metalúrgica es un sector clave para la economía porque cumple un rol transversal y estratégico: provee insumos, bienes intermedios y bienes de capital que son indispensables para el funcionamiento del resto de las actividades productivas.
El empleo acompañó la tendencia negativa, con una caída interanual de -2,5%, aunque se mantuvo estable respecto a noviembre. Según registros de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), se perdieron alrededor de 12.000 puestos de trabajo en 2025, entre despidos y retiros voluntarios.
Pablo González, secretario general de la UOM de Villa Constitución, detalló que en el caso de Acindar, una de las principales empresas del sector del país, se registraron bajas de 480 empleados propios y de cerca de 250 contratistas terciarizados entre noviembre de 2023 y enero de 2026.
El análisis sectorial revela que siete de los ocho principales rubros metalúrgicos finalizaron el año en descenso. Entre los sectores más afectados se destacan fundición, autopartes, bienes de capital, equipos y aparatos eléctricos, y equipamiento médico. El único segmento que mostró un leve repunte fue el de carrocerías y remolques, aunque no logró revertir la tendencia contractiva general.
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La producción metalúrgica por cadena de valor presenta caídas generalizadas, con fuertes retrocesos en consumo final, construcción y automotriz; incluso minería y petróleo y gas continúan en terreno negativo.
En términos geográficos, Buenos Aires y Córdoba explicaron la mayor parte de la retracción de la actividad, con caídas interanuales de -9,2% y -8,6% respectivamente. Santa Fe (-7,3%) también mostró un descenso importante, mientras que Mendoza (2%) y Entre Ríos (1,6%) registraron bajas más moderadas. Las cinco provincias concentran más del 90% de la producción metalúrgica nacional y todas presentaron variaciones negativas en diciembre.
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Por el lado del comercio exterior, el reporte señala que las importaciones de productos metalúrgicos continúan en aumento, con un crecimiento promedio mensual de 3,5% y una suba interanual de 18,9%. El aumento de las compras al exterior acumulado en el año fue del 50,8%, en contraste con exportaciones estancadas.
“Las importaciones de productos metalúrgicos se encuentran en niveles históricamente altos y crecen, en promedio, a una tasa mensual del 3,5% (tomando como base mediados del 2024) en un contexto de caída de la producción local”, alertó ADIMRA.
Los principales orígenes de importación fueron China, Brasil y Estados Unidos, y los destinos de exportación más relevantes fueron Brasil, Estados Unidos y México.
Respecto a las expectativas empresariales, ocho de cada diez empresas no prevén mejoras en la producción para el primer trimestre de 2026.
En materia de producción, demanda interna, utilización de la capacidad instalada e inversión, una proporción elevada de empresas anticipa cambios, con un claro predominio de expectativas de caída. Este panorama sugiere un escenario de corrección ampliamente esperado en los principales determinantes del nivel de actividad.
En el caso del empleo, en cambio, predomina una actitud más cautelosa. La mayoría de las empresas no prevé modificaciones relevantes en el corto plazo, aunque entre aquellas que sí esperan cambios se impone un sesgo negativo.
Por su parte, la demanda externa exhibe un comportamiento más estable: son menos las empresas que anticipan variaciones y las expectativas de caída se presentan de manera más moderada, sin señales de un impulso capaz de compensar la debilidad del mercado interno.