La Cámara Olivícola de San Juan dio un paso más en su rechazo al acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea y endureció su postura a través de un comunicado oficial, en el que alerta sobre las consecuencias directas que el tratado podría tener sobre la producción de aceite de oliva y empleo.
“No es libre comercio: es competencia subsidiada”, sostiene el documento, que pone el foco en el aceite de oliva y en las asimetrías estructurales que existen entre la producción argentina y la europea. Si bien el acuerdo permanece actualmente frenado del lado de la Unión Europea, la cámara volvió a advertir que su eventual avance sin correcciones podría tener consecuencias difíciles de revertir.
Aranceles vs subsidios
Según el comunicado, el tratado prevé una reducción progresiva de aranceles para el ingreso de productos europeos al Mercosur. Hoy, Argentina aplica un arancel cercano al 31% al aceite de oliva importado, mientras que Brasil —principal destino del aceite argentino y de la aceituna de conserva— grava estas importaciones con un 10%.
Reducir o eliminar esos aranceles, sin contemplar los subsidios que reciben los productores europeos, implicaría abrir el mercado regional a aceites producidos bajo un fuerte respaldo estatal. España, que concentra cerca del 50% de la producción mundial de aceite de oliva, es el ejemplo central. Portugal, segundo proveedor del Mercosur, también crece aceleradamente bajo el mismo esquema de apoyo.
Brasil aparece como el mercado clave en esta discusión. Consume alrededor de 100.000 toneladas anuales de aceite de oliva, importa más del 95% de lo que consume y más del 55% de esas compras provienen de España y Portugal. Si el aceite europeo ingresa con menores aranceles, el precio de referencia del mercado brasileño cae y arrastra a toda la región.
Para la Argentina, Brasil es un socio estratégico y un mercado con alto potencial de crecimiento del consumo interno. El problema, remarcan desde la cámara, no es venderle a Europa, sino competir contra Europa en la propia región, en condiciones desiguales.
Cultivos eficientes
El comunicado también busca desarmar uno de los argumentos más repetidos: que Europa es más eficiente. Según la Cámara Olivícola de San Juan, ocurre exactamente lo contrario. Mientras gran parte del olivar español es de secano, con baja productividad y cosecha manual o semimecanizada —entre 300 y 500 kilos de aceite por hectárea—, la olivicultura argentina, especialmente en San Juan, es altamente tecnificada, con riego por goteo, cosecha mecanizada y rendimientos de entre 1.700 y 1.800 kilos por hectárea.
Entonces, ¿por qué España vende más barato? La respuesta, señalan, está en los subsidios: pagos directos por hectárea, produzca o no produzca; ayudas sociales para evitar el despoblamiento rural; créditos blandos, beneficios fiscales y promoción a la exportación. En regiones como Andalucía, esos subsidios pueden representar hasta el 30% del ingreso del productor.
Este esquema genera lo que la cámara define como dumping indirecto: precios que no reflejan el costo real de producción, caída de valores internacionales y pérdida de competitividad para países sin subsidios estructurales. A esto se suman las desventajas internas de la Argentina: alta carga impositiva, costos laborales elevados, logística deficiente y energía encarecida por impuestos distorsivos.
El documento alerta que, sin salvaguardas, el acuerdo podría derivar en una caída del precio interno del aceite de oliva, pérdida de empleo, menor inversión, abandono de olivares y mayor dependencia de importaciones. El impacto, advierten, no sería inmediato, pero sí estructural.
La propuesta
Por eso, la Cámara Olivícola de San Juan propone mantener el arancel del 31% al aceite de oliva mientras persistan los subsidios europeos, financiar un estudio técnico independiente sobre subsidios y dumping, e implementar políticas compensatorias internas que permitan defender al aceite argentino por calidad, origen y eficiencia productiva.
“La olivicultura argentina es moderna y eficiente. Lo que la pone en riesgo no es el mercado, sino una competencia subsidiada”, concluye el comunicado, que pide que cualquier decisión sobre el acuerdo UE–Mercosur contemple esta realidad si se busca preservar empleo, inversión y desarrollo regional.