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Un genio

Sanjuanino, fierrero de alma y emprendedor: la historia detrás del autito de colección que llegó a las manos de Franco Colapinto

Leonardo Bustos conoció el amor por los fierros a los 10 años por un torino de la época que se estacionaba en la puerta de su casa. Si bien siempre soñó en convertirse en piloto, se acercó desde otro lado: en la fabricación de autitos. Su primera tanda a un automovilista del Top Race, las sentidas palabras del Flaco Traverso y cómo se gestó la llegada de un clío rosa a las manos del piloto de Fórmula 1.

Por Antonella Letizia

Hay pasiones que nacen temprano y no se van más. Este es el caso de Leonardo Bustos (52), el sanjuanino amante del automovilismo que se dio cuenta de esta pasión cuando tenía 10 años por un torino que estaba 'parado' siempre en la puerta de su casa. Sin poder convertirse en piloto por todo lo que significaba, empezó a fabricar autitos de colección: después de tanto soñarlo, su auto clío en miniatura llegó a las manos de Franco Colapinto. La historia detrás del video que se hizo viral.

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Casado con Maby, padre de María Victoria y Juan Cruz, Leonardo siempre tuvo claro que los autos no eran solo máquinas, sino sueño y un legado que matiene desde niño por su familia fanática: "Esta pasión viene de familia, me dejaron marcado este amor", simplificó.

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Este amor tiene un punto de partida y la historia arrancó aproximadamente en el '82, cuando su papá de crianza compró una coupé Torino, de esas que habían ido a correr a Alemania. El auto quedaba estacionado en la puerta de su casa durante la siesta y Leonardo, con apenas 10 años, se subía, agarraba el volante y viajaba con la imaginación: "Era subirme al auto y soñar que era un piloto de carreras", recordó.

Con el tiempo, cada auto deportivo que veía le llamaba la atención. Seguía las carreras que llegaban al Autódromo El Zonda, y así también se animaba a ir recorriendo el país para seguir el deporte motor. El poder adquisitivo no ayudaba para correr, así que la pasión se vivía mirando y soñando.

Leonardo es diseñador gráfico y llegó a tener su propia gráfica, pero el fuego fierrero seguía encendido. Es por eso que como hobby empezó con el automodelismo. Al principio, las carrocerías que conseguía no lo conformaban. Entonces, comenzó a investigar, probar y en principio, ver cómo salía.

Con el tiempo, fue perfeccionando cada detalle. Tanto, que hoy sus moldes están tallados a mano en bloques de hierro. Puro trabajo artesanal. "Siempre fui muy busca, a nada le decía que no", dice. Y esa constancia empezó a dar fruto con gente de afuera que vio lo que hacía y así, sin mucho marketing, en boca empezó a rodar.

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El primero que le tocó la puerta para llevarse su magia fue un piloto del Top Race Junior: "Me dijeron que les habían pasado mi número, era Rolo Ortega. Me pidió 50 autitos. Yo estaba más contento que perro con dos colas", confesó entre risas. Fue el inicio de una historia.

Y un día, esas vueltas mágicas del automovilismo lo llevaron al sector VIP de una carrera. Ahí estaba él, nada más y nada menos que Juan María Traverso. Se econtraron de casualidad, ya que Leo había ido a llevar unas maquetas y ahí estaba el Flaco. Hubo un intercambio de palabras y el asombro total del ex piloto por ese mundo del auto en miniatura.

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El fanático por los fierros no le cerró la puerta a las nuevas aventuras y todo lo que vino después lo terminó sorprendiéndolo. Es que fabricó un Clío rosa para que llegue a las manos de Franco Colapinto y sueño cumplido. El periodista Mariano Angarolla lo contactó por Instagram y fue intermediario para que el autito que creó con sus propias manos llegara al piloto de la Fórmula 1 que en ese momento se encontraba compitiendo en Las Vegas.

La entrega quedó registrada en un video que circuló por todo el país. En las imágenes puede verse a Franco recibiendo la miniatura, observándola en detalle, elogiando su terminación y mostrando una sorpresa genuina por la calidad del trabajo sanjuanino. Su reacción, espontánea y agradecida, multiplicó la emoción entre los seguidores. "Está buenisimo, es una bestia", tiró el pilarense.

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Leonardo Bustos no llegó a ser piloto, pero encontró su propio camino para estar muy cerca del automovilismo y haciendo lo que mejor le sale: sus autitos de colección que marcan paso firme y prometen dar la vuelta al mundo.

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