Si bien la institución que protagoniza Pasiones del Interior tiene apenas 38 años de vida, para su comunidad se convirtió en un símbolo de orgullo que pocos pueden lograr. Es que la Unión Deportiva La Chimbera no sólo lleva el nombre de su localidad, sino que -desde el verde césped y con el rojo y el negro en el escudo- la representa frente al mundo.
Al igual que los otros equipos que componen la Liga de 25 de Mayo, el conjunto que asegura tener la mayor taquilla de aficionados es una de las figuras del llamado “fútbol chacarero”, puesto que tanto sus jugadores como dirigentes son también los actores principales de la actividad agrícola que sostiene al departamento.
En ese sentido, su presidente, Fernando Ortega, cuenta que el sacrificio es constante y los obliga a buscar la manera no sólo de subsistir, sino también de destacarse para contentar a su gente. El objetivo es claro y es trascender los límites de la Ruta 20, ya sea en otra liga, la Copa de Campeones o, por qué no, en un Torneo Federal.
Y así como las estadísticas están hechas en el fútbol para romperse, los sueños están para cumplirse y a ello se avocan. Es por eso que el conductor de la institución, que le abrió las puertas a Tiempo de San Juan para el especial que cuenta las historias de los clubes del interior de la provincia, reconoce que la búsqueda está en “ser más grandes”.
“El proyecto que tenemos en mente es que conozcan de afuera un poco más sobre el fútbol del interior y que nosotros podamos crecer, como lo venimos haciendo”, sostiene ‘Toto’, el primero en llegar y el último en irse de las instalaciones cada vez que la pelota rueda por la cancha.
El líder de La Chimbera, que se esfuerza no sólo para cumplir con sus labores en una finca cercana al club, sino también para que a la entidad que comanda le vaya bien y obtenga conquistas, asegura que en 25 de Mayo existe una buena cantidad de jugadores habilidosos. Sin embargo, es el contexto el que no ayuda en algunas ocasiones para que exploten al máximo.
Es por eso que, desde su lugar como dirigente, intenta negociar para que todas las partes, el club y el futbolista, se vean beneficiados. No obstante, reconoce que quienes se calzan la camiseta rojinegra –similar a la de Colón de Santa Fe- entregan en el campo mucho más de lo que reciben.
“Los muchachos vienen de trabajar con las gamelas y se ponen a entrenar y, otras veces, no pueden cumplir al cien por razones de trabajo. Entonces, del vamos, sabemos que estamos en desventaja y a eso lo compensamos con pasión. Los chicos lo hacen por amor a la camiseta”, advierte quien cuenta que la paga es para un sánguche y algo para tomar a la salida del partido.
A pesar de que nunca estuvo en sus planes estar al frente del club, cuenta que una vez que asumió el compromiso se lanzó de lleno a la aventura de cumplir grandes sueños como construir un estadio de gran envergadura. "Nunca imaginé conducir al club y ahora estamos cerca de tener la cancha iluminada", cierra con orgullo.
Buscado por la hinchada cuando la institución necesitaba alguien que la manejara, agradece a su familia por el apoyo frente a la dedicación que le supone la presidencia y, al mismo tiempo, destaca a los fanáticos que colabora con el club cada vez que hace falta una mano. Ya sea con tareas en la sede o actividades para recaudar fondos, la gente siempre está y por ello, para el protagonista, es la clave de su crecimiento.