Inusual oficio

El sanjuanino que viste muertos de manera gratuita y conoce "las sombras" del negocio funerario

Carlos Iturrieta (58) empezó a vestir muertos cuando tenía 14 años y de a poco se introdujo en el "negocio de usureros que se aprovechan del dolor", en sus propias palabras ¿Por qué no cobra por el servicio y cuáles son los secretos que conoce?
sábado, 30 de mayo de 2020 · 17:13

En el mundo de los muertos hay de todo. Sepultureros, embalsamadores, floristas, choferes, fabricantes de ataúdes, peritos, maquillistas, tanatólogos, médicos, enfermeros y mucho más. Y si bien cada uno de estos profesionales se desempeña en algo distinto, hay un denominador común que los une: todos cobran dinero por el servicio que prestan.
A la par de esto está Carlos Iturrieta, un sanjuanino de 58 años que ha trabajado de todo en su vida – mayormente arriba de un taxi y ahora repartiendo panificados –  que ofrece un servicio inusual totalmente gratis. El mismo se dedica a vestir a los fallecidos y a realizar los trámites pertinentes que rondan en las funerarias. Comenzó con familiares y otros seres queridos, pero su sensibilidad a la hora de abordar el difícil asunto y el mismo boca en boca lo han convertido en una persona muy solicitada en esta lamentable etapa de la vida.

En sí parece un tipo común, pero de común no tiene nada. Porque no se trata solo de vestir a los difuntos y de tener el tacto propio para no tratar a los cuerpos como meros objetos, sino también de conocer todos los trámites y negocios que rondan “en un mundo de astutos que juegan con el dolor y el sufrimiento de las personas para hacer que la gente se endeude”, en palabras de Iturrieta que ha vestido y ayudado a las familias de más de 40 difuntos.

“Cuando el doliente va a elegir el cajón y no sabe nada, el que vende es tan astuto que juega con el sentimiento y el dolor de las personas. Yo no conozco personas que han terminado con deudas más grandes que una casa, o han tenido que vender su auto para pagarle el contrato a la funeraria, o lo que es peor y es cuando en el mismo velorio los familiares y amigos juntan plata para poder hacerse cargo de los gastos”, dijo Carlos.

La historia de este extraño oficio comenzó cuando Iturrieta estaba empezando a transitar su temprana adolescencia. “Tenía 14 años y corrían otros tiempos en materia de sensibilidad para comunicarte las cosas. Para darte un ejemplo, cuando falleció mi abuelo, que era mi ídolo de la infancia, un tío mío me dijo ´despertate que el abuelo Esteban está muerto, se ha pegado un tiro´, me dijo con total brutalidad. Desde ese entonces apareció una tía mía que venía de Buenos Aires que se llamaba Vera para hacerse cargo de todos los trámites. Ella me pidió que la acompañara a hacer las diligencias y me dijo así: ´Carlitos, este no es el momento, pero alguien tiene que aprender a hacer lo que yo he hecho toda mi vida´, y me llevó a ver cómo es todo el asunto cuando se te muere un familiar”, sostuvo Carlos.

Aquel día la tía de Carlos habló con funebreros, con personal del cementerio, con el encargado del nicho, llevó carpetas con los papeles y realizó algo que no es común cuando se pierde un familiar: negociar. “Cuando se te muere alguien vos no estás cien por ciento despierto y es así donde te venden un cajón más caro, o si viene con revestimiento, o te arman una caravana con varios autos cuando no es necesario. O incluso te dan un servicio de tercera calidad cuando el difunto pagó toda su vida por un mejor servicio. Mi tía me explicaba todo eso y me decía que era importante aprenderlo para no terminar siendo víctima de los dueños de estos negocios millonarios, que así como te vendieron un montón de cosas o te niegan otras, a los 10 minutos retiran la carroza y se van, y es ahí donde dejan a las familias con grandes deudas que son muy difíciles de pagar. Tengamos en cuenta que el costo más barato de una funeraria es de 75 mil pesos y en otros incluso alcanzan cifras millonarias. Por eso yo hago esto, porque es una forma de retribuir a la familia, o al familiar que se fue, pero también a la gente porque no todos saben en la que se meten cuando firman un papel”, contó Carlos que es muy minucioso a la hora de mirar el servicio que ofrecen las funerarias.

En otra nota de Tiempo de San Juan, un empresario del rubro sostuvo que “los precios de los servicios oscilan entre $48.000 a $330.000”, en palabras del apoderado de Cocheria San Juan, Edgardo Maffú.

“Nunca conté todos los muertos, pero han pasado muchos seres queridos, otros conocidos y gente que no conocí en mi vida. Yo pienso que fácilmente fueron cuarenta y pico seguro”, dijo Carlos. Y agregó que lo esencial en este empleo "es saber separar los sentimientos del corazón y de la mente”, pero que luego inevitablemente el cuerpo pasa factura de algún modo.

Su esposa Alicia lo dijo de una manera clara y tal vez fue más precisa a la hora de describir el trabajo de Carlos y el porque lo busca tanta gente. “Él es una persona muy audaz y tiene la capacidad de juntar la sensibilidad de darse cuenta de los dolientes y tomar la situación de una forma más objetiva. Por eso la gente lo busca. El tema es después, cuando ves un hombre silencioso, un hombre que está mirando por la ventana, quedándose quito. Todo ese caudal de emociones que tuvo que contener lo trasluce a un momento de silencio, o quietud, o melancolía”, contó la compañera de Carlos con la cual tuvo 3 hijos.

Lo más raro que le tocó ver a Iturrieta no está netamente relacionando con lo misterioso. “Una vez estaba vistiendo a un señor mayor junto a su yerno. Ellos no se querían en vida, pero ahí estaba el yerno conmigo y en un momento pasó algo que me dejo sin palabras. Y fue cuando el hombre que trabajaba en el Poder Judicial se sacó su corbata, me miró a los ojos y me dijo que se la pusiera al muerto. A mí la verdad es que ese gesto me sorprendió muchísimo porque ellos en vida no se querían ni ver”, dijo Carlos.

Pero esto es solo una anécdota dentro de las tantas que le tocó vivir a Carlos en las morgues de los hospitales y clínicas de la provincia. “Los muertos se tiran pedos, se hacen pis, o eructan. Vos tenes idea lo que puede llegar a ser ese sonido a las 4 de la mañana cuando estas en una morgue o un cuarto donde solo se escucha como sopla el viento. Es más, una vez me pasó que estaba vistiendo a un amigo que lamentablemente falleció y en un momento abrió los ojos. Vos lo mirás y es tu amigo, pero está muerto. Ese día me acuerdo que estaba con su hijo y yo le decía que se fuera y me dejara hacer el trabajo a mí. Ese fue uno de los trabajos que más me marcó en la vida”.

Aunque también hubo otros casos que le quitaron el sueño a este sanjuanino. “Estuve en las morgues del Hospital Español, el Santa Clara, el Castaño, la del Marcial Quiroga y en el Rawson y en casi todas son cuartos pequeños con tubos fluorescentes que titilan y estás solo con el olor a formol. No todos los aguantan y muchas veces hay cosas con las que soñas porque no es fácil estar en esos lugares. A mi por ahí me pasa que sueño con un chico que falleció producto de una lesión mal curada en un accidente, pero trato de no pensar en eso", dijo el sujeto que también es fanático de los fierros y las motos.

Carlos tuvo varias profesiones y  la misma pasión por las motos.

La cantidad de cadáveres que le toco vestir a Carlos le fueron dando diferentes técnicas que ahora se han vuelto una especie de ABC personal. “Con el tiempo aprendes a realizar las cosas con menor esfuerzo y de manera más rápida. Por ejemplo, ahora si tengo que poner una camisa suelo romper la tela en la zona de la espalda y luego introduzco los brazos”, detalló sobre parte del procedimiento que realiza.

Para Carlos este proceso es tedioso, pero como el mismo afirma “es esencial porque todos nos morimos, por lo tanto, es importante que esto se hable entre la familia para que la gente sepa que hacer en el caso de que tengan un fallecido”, dijo el sanjuanino que ha preparado a sus hijos “para enfrentarse a estos usureros de guante blanco que están esperando que alguien caiga en sus engaños con los dientes afilados”, y al final recomendó que "a la morgue no tienen que ir los dolientes porque también los empleados de esos lugares buscan convencerte que no realices la autopsia para ahorrarse el esfuerzo, pero que esto es sumamente necesario para cerrar un ciclo con el familiar", finalizó.

 

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