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Seminario Arquidiocesano: La nueva vida de los seminaristas

Hay 30 estudiantes en los distintos niveles con normas más laxas que las de antaño. Pueden usar celular y visitar a su familia los fines de semana. Cómo es el día a día y cómo son los 8 años de proceso para convertir un seminarista en sacerdote. Por Viviana Pastor

Por Redacción Tiempo de San Juan

En el hall central del edificio del Seminario Arquidiocesano, unos 30 seminaristas se arremolinaban para la foto y posaban como si fueran un equipo de fútbol. Jóvenes y entusiastas, se presentaron ante esta cronista con nombre, apellido y parroquia a la que pertenecen.

La postal no era común. Era la primera vez que un medio de comunicación lograba una foto del grupo de chicos que se preparan para ser sacerdotes dentro del seminario, que hasta hace no mucho tiempo tenía reglas más estrictas de acceso y hasta de permanencia en el claustro.

Hoy los seminaristas, que tienen entre 18 y 46 años, pueden tener celular y visitar a sus familias los fines de semana, nuevas reglas que buscan adaptarse a los nuevos tiempos.

El padre Martin Reta, formador del primer año, contó que el fin de semana los chicos van a su parroquia para tener conocimiento más profundo de la misma y estar en contacto con su comunidad de origen. El domingo están en su casa, con su familia. En algunas ocasiones hay encuentros en el seminario y sus familias van a verlos allá.

"Cada uno tiene su teléfono celular, en la primer etapa tenemos un periodo de restricción de celular por una cuestión de invitarlos a vivir más en silencio, pero después en las siguientes etapas tienen libertad, trabajamos mucho con la libertad y la responsabilidad”, dijo Reta.

En el primer año, la rutina diaria sigue más o menos el mismo esquema: los chicos se levantan a las 6,30 y hacen una hora de oración, después desayunan todos juntos y van a clases desde las 8,30 a las 12,30. Luego comparten el almuerzo y en la siesta realizan tareas comunitarias, limpieza, cuidado del parque, tareas particulares y también hacen deporte. En la tarde hay horas de estudio y entrevistas personales para quienes tienen inquietudes. Por la noche comparten la eucaristía, "que es lo central del día”, luego tienen la cena y nuevamente oración antes de acostarse. Extraordinariamente tienen algún otro tipo de actividad como retiros, charlas especiales, entre otras.

En el 2010, el seminario no tuvo ingresantes, pero el rector, Jorge Harica, aseguró que en los últimos años los ingresos han sido constantes, entre 3 y 8 aspirantes a sacerdote.

"En los últimos 5 años el ingreso mínimo fue 3 y lo máximo 8, en el último año entraron 8. Entre esos números se ha mantenido sin variaciones. En la región Cuyo, Mendoza, San Juan y San Luis, todos tienen más o menos la misma cantidad de seminaristas, unos 30”, señaló Harica.

Pero no todos los que ingresan terminan, y aunque en el seminario no tienen la tasa de deserción, las bajas se producen, sobre todo durante los últimos 4 años.

"Cuando un muchacho ingresa no quiere decir que sí o sí saldrá sacerdote. Acá les pedimos siempre que sostengan la libertad con la que ingresaron, que puedan decir ‘esto no es lo mío’”, dijo Reta. Y Harica agregó que en cualquier etapa, si el seminarista descubre que no es su camino deja el seminario, "pero generalmente sucede en la última etapa”.

Las etapas

El Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora de Guadalupe y San José, ubicado sobre Calle 5 entre San Miguel y Meglioli en Pocito,  tiene tres etapas bien definidas en los 8 años que dura el proceso para llegar a ser sacerdote: la primera etapa de un año es la adaptativa, en la que los estudiantes se adaptan al ritmo de estudio, de oración, de convivencia, de descubrimiento las virtudes humanas que son base de la vocación, explicaron. La segunda etapa, de tres años, de discipulado y estudio intensivo; y la última etapa, de 4 años, que es la de configuración de la vocación.

El padre Harica explicó que no hay una edad mínima ni máxima para ingresar aunque la mínima está determinada por uno de los requisitos: tener secundario completo. "Por ejemplo este año ingresó un chico con 17 años y acá cumplió 18, pero no es común. Antes si era común pero ahora la mayoría entra con una experiencia de universidad, promedio 20 años o un poco más, algunos con 30 años, tenemos uno que entró con 44 años. Antes era común que entraran después del secundario, ahora no, vienen con experiencia de trabajo o estudios y eso sirve mucho también”, dijo Reta.

Hoy sólo hay 3 seminaristas de La Rioja, los demás son sanjuaninos de distintos departamentos "ninguno se destaca, de todos lados hay”. Los 30 seminaristas ocupan el 50 % de la capacidad de alojamiento del edificio.

Las materias de estudio más importantes son, los primeros 4 años, de orden filosófico; y los últimos 4 de orden teológico, ambos complementarios que hacen a la formación humana y espiritual del futuro sacerdote.

La formación está  a cargo de la Universidad Católica de Cuyo, con sus profesores sacerdotes y no. El gran aporte económico para sostener el seminario es el de las parroquias que todos los meses ponen fondos, pero ellos mismos también hacen eventos para obtener beneficios, mas el aporte de los mismos estudiantes. También colabora el grupo Obra de las Vocaciones Eclesiásticas,  que son laicos que ayudan al seminario buscando fondos y otros beneficios para poder mantenerlo. "Es un gran edificio que hay que mantener y es lo que insume más fondos, pero también hay que sostener la vida de los seminaristas acá adentro, el problema es que hay que darles de comer”, bromeó Harica.

UN CENTRO DE ESPIRITUALIDAD

San Juan estuvo 56 años sin un centro de formación de sacerdotes ya que el que existía, en Ignacio de la Roza y Entre Ríos, se derrumbó con el terremoto del ’44. Recién en el 2000 se inauguró este nuevo edificio que también se usa para los retiros espirituales del clero. "Es un eslabón fundamental para la Iglesia y es una bendición que haya resurgido porque por muchos años  cuando surgían vocaciones debían ir a otras diócesis como Mendoza, San Luis, Córdoba, Rosario o La Plata. Existía la necesidad de un seminario propio porque San Juan siempre estuvo bendecida con muchas vocaciones”, dijo Reta.

Los directivos agregaron que este seminario es un centro de espiritualidad; todos los sanjuaninos lo tienen muy presente y rezan por esas vocaciones. "La mayoría somos sanjuaninos que queremos quedarnos en San Juan”.

 

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