Solidaridad

Cómo funciona el banco de pelucas de FUNDAME

La fundación tiene 160 pelucas que son prestadas a mujeres que hayan perdido el cabello por la quimioterapia. Interviene una escribana y se entregan hasta que la paciente sane. Por Natalia Caballero.
domingo, 09 de agosto de 2015 · 08:12
Por Natalia Caballero

Uno de los momentos más impactantes que atraviesan los pacientes que enfrentan una quimioterapia es la pérdida de cabello. La calvicie total es muy traumática, sobre todo para las mujeres. En este período tan difícil en la vida de una persona aparece la mano amiga de FUNDAME, una organización sin fines de lucro que logró armar gracias a la solidaridad un banco de pelucas que está a disposición de quienes están luchando contra el cáncer. La fundación presta las pelucas, con un comodato de por medio, durante el tiempo que sea necesario. Una vez que las pacientes sanan, las devuelven y se vuelven a prestar a otras pacientes.

Para armar el banco de pelucas, que tiene 160 en su haber, se recurrió a dos campañas solidarias masivas bautizadas "Trenzando voluntades”. Además, mucha gente  por motu proprio lleva su cabello en forma constante a la fundación, ubicada en calle Sarmiento 1437 (Este) barrio Santo Tomás, Santa Lucía. 

A lo largo de estos cuatro años FUNDAME recaudó poco menos de 107 kilos de pelo (en la primera campaña recaudaron 49, 800 kilos, en la segunda 45 y el resto correspondió a donaciones espontáneas). Llegó cabello de todo el país, inclusive muchas mujeres que superaron el cáncer y fueron usuarias en algún momento de estas pelucas cuando se sanaron decidieron donar su cabello. 

El cabello se mandó a una postisería en Rosario, de donde se enviaron 160 pelucas listas para ser usadas. 

Si una persona tiene que comprar una peluca tiene que pensar en invertir más de $15.000 si es de pelo natural, precio que las transforma en objetos prácticamente inalcanzables para la mayoría. 

Hay pelucas de todo tipo en el banco: con cabello de todos los largos y cortes y de todos los colores. 

Las pelucas se prestan a las pacientes con cáncer durante ocho meses, con posibilidad de renovación si la enfermedad no se ha curado completamente. Se retiran con el DNI los miércoles por FUNDAME. El procedimiento implica dos pasos: primero una voluntaria acompaña a la paciente a una escribanía para firmar un comodato y luego la paciente puede ir a la peluquería de Miguel Ángel Alessi (padrino de la institución) para que le acomode la peluca de acuerdo a sus facciones. 

"Vienen niñas a partir de los 15 y también para señoras.  Para las mujeres la pérdida de cabello es lo más impactante, vienen las señoras y es una alegría y satisfacción poderles dar un poco de autoestima, que ellas se sientan mejor. Se está cumpliendo con una parte importante para quienes se someten a tratamientos contra el cáncer”, contó la presidenta de la Fundación, María del Valle García. La mujer también dijo que hasta ahora nunca ha ido un hombre a pedir pelucas, pero que no están limitados en poder hacerlo. 

En un principio se pensó armar un banco de pelucas nacional, pero resultó imposible para la organización pensar en una distribución de pelucas para todo el país. Lo que sí hizo FUNDAME es donarle 10 pelucas a una organización similar cordobesa, que donó importantes cantidades de cabello. 

Con la firme convicción de ayudar y de darles contención a aquellas personas que están encarando la lucha de su vida, FUNDAME se propone seguir tendiendo puentes entre la solidaridad y los gladiadores que pelean contra el cáncer. 

El corazón que contiene

A lo largo de una década de trabajo han pasado más de 350 niños oncológicos por FUNDAME. Ahora hay 75 niños que están siendo tratados contra el cáncer,  ellos en la mañana van a la casa que la organización tiene en el hospital y a la casa van los niños que vienen de departamentos alejados. Actualmente hospedan a dos niños de Barreal, dos de Jáchal y dos de Valle Fértil. 

Colaboran con FUNDAME más de 70 voluntarios, muchos jóvenes y señoras. Conocé las opiniones de algunas. 

Antonia Rosa

"Ayudar es muy gratificante, vemos como sufren los papás y los chicos y los acompañamos en todo el proceso. Al principio no me animaba a participar pero después me sumé como voluntaria gracias a mi hija. Hace diez años que estoy trabajando con FUNDAME. Vengo tres veces a la semana, estamos con las puertas abiertas para lo que la gente necesite, muchas veces la ayuda es material pero otras es espiritual”. 

Claudia Lindo 

"Mi hija empezó en el 2007 con el cáncer y tuvo una recaída en el 2011, después de su tratamiento empezamos a venir a la casa como voluntarias. Nosotras nos dijimos cómo no ayudarlos si ellos nos han ayudado tanto. Soy de Chimbas y me vengo tres veces a la semana de acá. Tamara se llama mi hija, tiene 18 años y ahora es mamá de Tiara, de 3 meses”. 

Liliana Puente 

"Yo me he sumado a la casita porque ya pasé lo peor con mi hijo. Hace varios años la vengo peleando, me he arrimado a la casita para ser útil, para poder ayudar.  Soy de Jáchal, Niquivil, y ahora ya me instalé acá. Yo empecé con mi hijo cuando tenía 5 años, caímos tres veces pero seguimos. Les digo a las mamás mucha fuerza y ahora somos compañeras de lucha”. 

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