Diario de una luchadora

Perdió 130 kilos y ahora es la abanderada de los obesos

Gina Martínez llegó a pesar 200 kilos y 4 años y medio después, tras someterse a un rígido tratamiento con bypass gástrico incluido en el Hospital Rawson, redujo su peso a 70 kg. La historia de todo un ejemplo. Por Jorge Balmaceda Bucci.
martes, 21 de julio de 2015 · 10:33
Jorge Balmaceda Bucci

Cuesta creer que se está conversando cara a cara con la misma persona que aparece sentada en un sillón en la foto. Pero sí, las dos responden al nombre de Gina Martínez. Cuatro años y pico y unos 130 kilos son la brecha que separa la instantánea de la protagonista que recibió a Tiempo de San Juan en la cálida cocina de su hogar. 

La protagonista de esta historia le ganó la pulseada a una enfermedad que afecta cada vez a más sanjuaninos sirviéndose de un tratamiento en el Hospital Rawson y se convirtió en la musa inspiradora de más de 400 comprovincianos que están siguiendo sus pasos para volver a disfrutar de una vida normal.

Calvario y felicidad

Gina, comerciante de la zona de Capital, llevó una vida normal durante su infancia y adolescencia. Luego le llegó el turno de ennoviarse y se casó sin sospechar la crueldad con la que la trataría el destino poco tiempo después. "Cuando yo me casé pesaba 48 kilos. Yo era flaca recontra flaca. Mi gordura vino cuando yo me quedé embarazada de mi primera hija, con 20 años. El doctor que me atendió dijo que en el estado que yo estaba no podía tener cría -literalmente como se fuera un animal-. Entonces me dio vitaminas para que engordara y eso me llevó a que yo pasará a tener 25 kilo más, sin contar el embarazo. Fueron 25 kilos que me iniciaron en la utopía de correr detrás de un régimen para adelgazar".  

A partir de ese momento, se subió cuanto anuncio, promesa o recomendación que aseguraba tener la llave para devolverle su peso normal. "Llegué al punto de ir a ver un ponja que vino al ex Hotel Nogaró, que supuestamente él había hecho bajar de peso a Susana Giménez, y llegué a tomar una cucharada sopera de vinagre en ayuda porque supuestamente quemaba grasas. Yo ahora me río de las locuras que hice, pero en ese momento buscaba a toda costa una solución. Me acostaba a dormir y soñaba cómo iba a ser cuando adelgazara".

Sin perder un ápice de franqueza en su relato, Gina contó que a mediados de noviembre de 2010, tras chocar contra unas cuantas paredes y un puñado de fariseos insensibles, llegó a las puertas de la Salud Pública de la provincia. "Yo me iba a las 2 o 3 de la mañana para hacer cola para tener un turno y después esperaba para ser atendida. Una de las primeras veces que fui me atendió un cirujano y me mandó a buscar la nutricionista. Ese día estaba garuando y yo venía llorando. Me preguntó que me pasaba y le dije que para mí era un tormento caminar y que si los gordos no podíamos tener otro medio para movernos, que no lo soportaba más. Salir a la puerta de mi casa para mí ya era todo un sacrificio”.

Completamente víctima de su peso excesivo –por entonces ya rondaba los 200 kilos- y de continuas discriminaciones y limitaciones, Gina no mermó en su búsqueda y siguió paso a paso el tratamiento que le impusieron el grupo de profesionales que había por aquel entonces en el nosocomio capitalino: Constanza Enrico (médica clínica), Juan Pablo Gempel (cirujano), Nuria Camenforte y Luciana Serafini (nutricionistas) y Silvia Agudo (psicóloga).

Mientras cumplía con paciencia tibetana el arduo camino que se había trazado, la comerciante seguía padeciendo el día a día. "Yo para bañarme tenía un cepillo de espalda para cada parte del cuerpo. Uno para poder llegar a mis partes íntimas, otro para la espalda, otro para las piernas y los talones. Todas esas limitaciones en mi privacidad nunca las supo nadie en mi casa", recordó con las comisuras apretadas.

El 18 de abril de 2011, con 54 años y los 175 kilos de peso que le delataba la balanza, Gina se sometió a una de las etapas más importante de su recuperación: el bypass gástrico. Ella aseguró que tal operación "es una solución, pero no es una varita mágica. Sí es verdad que te ayuda a adelgazar, pero si uno no pone toda la fuerza de voluntad no va ningún lado".

Dietas especiales, un mejor hábito alimenticio y una adecuada contención psicológica y familiar fueron los siguientes aliados para terminar de completar la pérdida de 130 kilos, que puede ser calificada de milagrosa a simple vista, pero que tras escuchar a la protagonista que claro que responde a la capacidad de superación de una mujer con todas las ganas del mundo de volver a vivir.

"No quiero volver a pasar por las limitaciones y el sufrimiento que tuve estando tan gorda. Estando así yo sufrí mucha discriminación. Una sola se encierra en su casa. A mí siempre me gustó ir al cine y para poder ir tenía que ser la primera en entrar, buscar la forma de sentarme en una butaca -que, por supuesto, tampoco son para gordos-. Yo era diabética y ahora no. Yo era hipertensa y ahora no. Me cambió muchísimo la vida. Ahora he vuelto a disfrutar de la vida. He podido salir con mis nietas e irme de vacaciones con ellas. Mi vida es otra", añadió Gina, quien no dejó de resaltar que "a pesar de las falencias que aún existen, San Juan es la única provincia donde se hace de manera completa todo este tratamiento en el hospital público".

La ‘Reina Madre’

Gina consiguió su objetivo. Aproximadamente 4 años y medio después vive muy contenta por los 70 kilos de peso que tiene y, también, por la noble causa que la mantiene unida a los obesos que la pelean actualmente por seguir sus pasos. 

"Los chicos me dicen que yo soy la ‘Reina Madre’ o la jefa pero yo les digo que soy igual que ellos. También me dicen mucho que soy su inspiración a la hora de encarar este camino y que muchos han entrado al tratamiento tras enterarse de mi historia", aseguró Gina. Regularmente acude a sumar su apoyo a sus amigos que atraviesan lo que ella pasó y permanentemente está trabajando para mejorar aún más las condiciones en el hospital. 
"En esta sociedad no tenemos nada para obesos. Los chicos actualmente no pueden ir a un boliche, no pueden ir a una lomoteca porque las sillas son de plástico y se rompen. Y también está el tema de los baños. Aunque menos mal que ahora tenemos la oportunidad de usar los baños para discapacitados que son muchos más cómodos. Y digo tenemos porque yo sigo sintiéndome una obesa más. Trabajo para el obeso por y para el obeso. Soy como un alcohólico en recuperación", dijo Gina.

Nada de burlas

Para el final de esta lección de vida, Gina guardó una anécdota que pinta de cuerpo entero lo prendida que está con una problemática que padeció gran parte de su vida. "El año pasado hicimos la fiesta de fin de año en Willy Cuba para cumplir el sueño de muchos chicos que nunca habían podido ir a un boliche por culpa de su obesidad.
 
Cuando estaba por terminar la fiesta, después de compartir unos licuados de frutas y bebidas dietéticas, Adriana, que es una chica más alta que yo y muy gordita, me dijo que se tenía que ir. Me pidió que le ayudara a salir porque le daba vergüenza ir sola porque estaba toda la pista de delante llena. Le dije que no había problema y le pedí a un chico de seguridad que nos hiciera el favor de facilitarnos el paso. Íbamos saliendo y había un grupo de cuatro chicos y uno se dio vuelta, miró a Adriana y le hizo burla. Yo no sé de donde, pero automáticamente le encajé con el revés del puño una trompada que casi lo siento en el piso. El pibe me miró y le dije: 'Nunca más te vuelva a burlar de nadie'. Los cuatro se quedaron mudos”. Sensacional.

FRASES

"A los que me preguntan cómo hice para adelgazar, yo les aconsejo que busquen una buena nutricionista y hagan un adecuado plan de nutrición. Que no se metan en esos tratamientos milagrosos que dicen que bajás 10 kilos en 2 meses porque te inflan a pastillas y es verdad que perdés peso, pero cuando dejás las pastillas te inflás como un globo".
 
CIFRA
400 son los obesos que están realizando el tratamiento de adelgazamiento en el Hospital Rawson, según comentó Gina.

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