Empresarios: Ricardo Nieto

“Sueño con hacer la mejor heladería del país”

El dueño de Porto Gelatto cuenta que se inició en el rubro por necesidad y que tuvo que vender todo lo que tenía para comprar las primeras máquinas. Ahora planea construir una súper heladería, la más grande y tecnológica de la Argentina. Por Viviana Pastor.
miércoles, 02 de mayo de 2012 · 08:51

Por Viviana Pastor
vivipastor@tiemopdesanjuan.com

Cuando le echaron del Banco San Juan, en 1996 durante el proceso de privatización, Ricardo Nieto sintió que el mundo se le venía encima. Con más de 40 años y cuatro hijos chicos, entró en depresión. Por entonces, no podía imaginar que pocos años después sus helados serían los más buscados de San Juan y que estaría hoy proyectando construir la heladería más importante y tecnológica de todo el país, en San Juan.

“Portho Gelatto surge por necesidad, no por un proyecto previo.  Unas 400 personas nos quedamos sin trabajo en esa  época y yo empecé a vender medialunas y tartas que hacia mi mujer los domingos. Tuve una depresión muy importante, pero gracias a Dios pude salir”, contó Nieto.

Cuando era empleado bancario y su situación económica era buena, le prestó plata a un amigo para ponerse una heladería, que fue Mont Blanc, por Libertador al lado de Avícola Myriam. Cuando Ricardo estuvo desempleado le pidió la devolución y el amigo le dijo que no tenía dinero pero que podía pagarle con helados. Así fue como en el living de su casa Nieto comenzó a revender helados y como al principio no tenía freezer aplicó un sistema de ventas como el que tenía cuando era niño y vendía empanadas: por encargo y llevando a domicilio. “Traía 4 gustos: frutilla, chocolate, vainilla y dulce de leche; hasta que me di cuenta de que mi amigo era muy quedado porque tenía muy pocos gustos. Compré un freezer y por esa época la echaron a mi señora del trabajo.  Ahí nos dimos cuenta de que podíamos lograr hacer algo más importante que vender facturas, porque seguía con eso en las mañanas y por la tarde y noche con los helados, era muy agobiante porque trabajábamos 24 por 24 horas, pero era lo que teníamos”, dijo Nieto.

Cuando reunió 5 mil pesos viajó a Buenos Aires a comprar su primera máquina para elaborar sus propios helados y terminó comprando una de $36 mil, en épocas de paridad cambiaria y cuando el gobierno nacional apoyaba la importación de maquinarias. Para comprarla tuvo que hipotecar su casa. “Me acuerdo que vendí el juego de copas del casamiento, vendí el Citröen, todo vendí y tuve que hipotecar la casa para comprar la primera máquina italiana, gracias a la valentía y el apoyo de mi señora Carmen”, señaló.

Compró la  mejor máquina que había en el mundo, de última tecnología y salió al mercado con un producto muy artesanal, casi personal, “de la misma línea que se hace ahora donde se exprime el limón para hacer helado de limón o se muele el kiwi para ese sabor, nada de esencias ni colorantes y salgo con un producto diferente”, aseguró. Nieto sorprendió con esos sabores intensos, pero aún tenía que aprender mucho del mundo de los helados y a la misma empresa italiana que le había comprado la máquina, le pidió un maestro heladero. Ya había vendido todo lo que tenía, sólo le quedaba el prendedor de oro que su madre le había regalado para sus 18 años. “Con todo el dolor del alma lo vendí para poder pagarle al maestro italiano, porque nadie quiere contar donde está la gallina de los huevos de oro. Tuve la gran suerte o Dios tuvo su mano arriba mío, que ese maestro es hoy uno de los 4 más importantes del mundo”, dijo Nieto.

Portho Gelatto comenzó a hacerse famoso por ser un producto diferente no sólo artesanal, sino donde podían saborearse gustos que no se encontrarían en ninguna otra heladería del país. “El maestro me enseñó a crear el helado, si quiero helado de zapallo lo hago, si quiero de queso, igual. Los heladeros repiten fórmulas y no saben cómo construir un helado, cómo formularlo para que salga bueno, rico, estable, porque si van 5 personas a la heladería, el primero que se sirve debe compartirlo con el quinto y el helado debe durar. Todas esas cosas me las enseñó el maestro”, señaló.

“¿Cómo hago para crear otro sabor que no sea de los conocidos y que sea el más exitoso?”, preguntó Nieto al maestro heladero y éste le contestó: “muy fácil, parate adelante del kiosco que más venda y la golosina que más sale comprás 8 cajas hasta que te salga el helado”. Así nacieron los sabores que desde hace años se mantienen en el top ten de Portho Gelatto, como bocadito Cabsha, chicle Bazooka, y tantos otros.

Nieto empezó a crear y logró que los helados fueran famosos en el barrio Camus, en el Gran San Juan, en el país y hasta en el exterior, ganando distinciones en ferias italianas. “Se dieron cuenta de que Ricardo Nieto les estaba dando un helado igual, mejor o más rico y la gente empezó a venir del centro para acá porque decían que había una heladería chiquitita pero que tiene unos heladazos, como Postre Inglés, que lo hacemos con baba au rhum que traigo de Italia y se paga en euros, es espectacular pero cada pancito vale casi 4 dólares y cuando uno hace una tachada lleva  25 pancitos, ¿cuánto vale ese producto, que además no se encuentra en ningún otro lado?”, aseguró Nieto. 

Eso también lo aprendió de su maestro, apostar siempre a la calidad de las materias primas: el  chocolate es de Bélgica u Holanda para algunos sabores. Los productos locales los compra a su gente de confianza, como quien produce en San Juan las frutillas, o la leche de vacas que él mismo compró en Pérez Compac y que están en un tambo de otro productor en Albardón, o los duraznos que compra en Calingasta. “Así pude consolidar los pilares de mis materias primas regionales para un producto artesanal, por eso muchas veces se dice que es el auténtico artesanal, porque la gente que viene a mi fábrica se da cuenta de que se pela la fruta y se manda al helado”, destacó Nieto.

La fama de Portho Gelatto saltó las fronteras del país y unos empresarios portugueses le pidieron a Nieto que les vendiera su helado, pero el empresario era aún pequeño y no tenía certificadas las normas de calidad necesarias para exportar. Entonces los portugueses se lo llevaron para que les enseñara allá a hacer sus helados. “El gran éxito de Finzi Contini, en Portugal, fue gracias al know how que le vendimos nosotros. Tuve que enseñarles cómo lo hacíamos, así como el maestro italiano lo hizo con nosotros yo lo hice con ellos, se trasladó la creatividad”, cuenta.

La expansión

El living de la casa del barrio Camus había quedado chico hacía tiempo, así que Nieto alquiló el salón en el Lateral de Circunvalación pasando Libertador, al que sigue llamando “sucursal” aunque hoy es la única boca de expendio ya que Nieto cerró la de su casa. Miguel Martín le pidió los helados para venderlos en su estación de servicio de Libertador y San Miguel y ahora acaba de comprar el local de venta en Patio Alvear, donde en poco tiempo realizará una reapertura.

Pero además Nieto se animó a vender su helado a varias empresas gastronómicas, algo a lo que se había negado durante años por temor a que su producto perdiera calidad en su manipulación. “Tengo el orgullo de que muchas empresas gastronómicas de San Juan de renombre trabajan nuestro producto, pero me reservo el derecho de controlarlo en cualquier momento, abrir heladeras y probarlo”, advirtió. Incluso algunos restaurantes de Mendoza le hacen pedidos especiales como el helado de roquefort, el de vino Moscatel, de palta o de rosas acarameladas. “Hacemos estos pedidos de cosas muy específicas, incluso hay una familia que para las fiestas de fin de año nos piden algo especial y como maestro me encanta hacer esas cosas porque significa que la gente valora la iniciativa personal, es algo que nos mueve permanentemente”, destacó.

En la empresa trabajan los dos hijos varones de Nieto, Santiago (26 años) y Fernando (22) están a cargo de las sucursales, sus hijas Carina (34) y Elizabeth (32) trabajaron hasta hace algún tiempo y ahora se dedican a sus familias y sus profesiones.

“Papá maestro es el que fabrica y estoy orgulloso de que sea así. Compartimos todo el trabajo y cuando se almuerza se habla de la heladería, cuando se cena también, porque estamos todos metidos. A veces cansa un poco pero es con lo que nos ganamos la vida, lo que nos gusta hacer”, dice. De los cuatro nietos que tiene Ricardo, Lucas es el que pinta para maestro heladero y cuando llega a la casa de su abuelo se calza el delantal, que le queda grande por todos lados, y se instala en la fábrica para “ayudar”. 

Ahora Ricardo se armó un pequeño laboratorio para experimentar nuevos sabores y medir lo que quiere lograr.

¿Deportes?, no; ¿lecturas?, tampoco, “no me desenchufo nunca de los helados, es un problema. Donde voy busco lo mejor para los helados, chocolates, recetas nuevas, lo que sea, no me salgo nunca porque está muy adentro y soy muy feliz en las 4 paredes de la fábrica o en esto momento que estoy contando lo que hago; o cuando puedo enseñar, que no es avivar giles como me dicen, porque lo que aprendí lo hice porque tuve la suerte de tener un maestro que me enseñó”, señaló.

Su filosofía es gozar de su trabajo y de lo que puede dar, “no ambiciono una gran empresa internacional, pero sí disfrutar de que lo que hago, hacerlo bien y defender al cliente porque gracias a él vivimos y crecemos; y por nuestros clientes Portho Gelatto mantiene su código de calidad”, dijo.

Es el mismo hombre que hace 16 años no podía imaginar éste éxito. “Cuando me echaron no podía decirles a mis hijos que papá había perdido el trabajo porque era sinónimo de ser ladrón, era caótica esa época. Nunca podía imaginar que sin tener nada lograra hacer algo.
Alguien me dijo que el triunfo es sólo de los entusiastas. Pero también pasa por no descuidar el amor de la familia, el amor propio y que el trabajo sea parte de tu vida para crecer como persona, que es lo que a uno lo lleva a ser feliz. De nada valdría tener una heladería muy bonita y una familia desarmada”, sentenció Nieto.

El gran sueño

El creador de Portho Gelatto tiene un sueño: construir la heladería más grande y tecnológica del país donde además se puedan formar maestros heladeros. “Ya compramos un gran lote y veremos cómo llegar al capital que necesito para lograr esa heladería que no hay en la región ni en el país, con tecnología de punta”, confiesa Nieto. ¿Cuándo? Será en unos cuatro años, ya que Nieto quiere primero dejar de alquilar para comprar su lugar de expendio. “Pero en 4 años San Juan tendrá una heladería de punta, tendrá por ejemplo la historia de Portho en las paredes y quien quiera conocer cómo producimos helado en forma directa lo podrá hacer.

También recibiremos alumnos que quieran visitar la fábrica y puedan aprender. La inversión será muy importante porque traeré maquinarias italianas e inglesas y en el mundo sólo hay dos o tres heladerías de este nivel. Sueño con que el país tenga esa heladería y que esté en San Juan”, dijo.

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