Una carta, el mate y la chalina de UPCN: las anécdotas de sanjuaninos con Francisco I
El aniversario de su muerte reavivó historias íntimas y gestos que marcaron a sanjuaninos en distintos momentos de sus vidas. Desde encuentros en el Vaticano hasta cartas y llamadas inesperadas, el recuerdo de Francisco se reconstruye en primera persona. Postales de cercanía que explican por qué su figura sigue tan presente.
El recuerdo de Jorge Mario Bergoglio, aquel sacerdote porteño que el 13 de marzo de 2013 se convirtió en el líder de la Iglesia Católica, sigue vivo en la memoria colectiva. En San Juan, su figura quedó grabada en anécdotas que van desde audiencias en el Vaticano hasta cartas inesperadas que llegaron en momentos límite.
En uno de esos viajes, Sotomayor le llevó un poncho sanjuanino que, según la tradición, habría pertenecido a José de San Martín. La respuesta del Papa fue tan espontánea como profunda: comparó su propia historia con la del Libertador, dejando flotando una frase que con el tiempo cobraría otro significado, al preguntarse si, como el prócer, él tampoco volvería a la Argentina.
El mate compartido y un gesto bien argentino
Otra escena, más simple pero igual de potente, quedó en la memoria del padre Andrés Riveros. Durante una peregrinación en 2016, en medio de una multitud, el sacerdote y un grupo de sanjuaninos lograron llamar la atención del Papa con una invitación muy criolla: compartir un mate.
Francisco se detuvo. Tomó el mate, cebado amargo como manda la costumbre, y lo compartió con ellos durante unos instantes. “Fue un gesto humilde y gaucho”, resumió Riveros, al recordar ese momento que, aunque breve, quedó grabado como una postal imborrable.
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La escena, sencilla y cargada de simbolismo, reflejaba el estilo que caracterizó al pontífice: la cercanía, el contacto directo y esa forma de romper protocolos para conectar con la gente común.
Como parte del intercambio, le entregaron una chalina tejida a mano por una artesana local, junto con una carta que narraba la historia del club. El gesto fue correspondido con la bendición papal, en un momento que los protagonistas definieron como inolvidable y que, tras su muerte, volvió a ser recordado con emoción.
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Ese vínculo, breve pero significativo, quedó como símbolo de la identidad sanjuanina que logró hacerse un lugar en el corazón del Vaticano, aunque fuera por unos minutos.
El episodio ocurrió un día cualquiera, mientras realizaba tareas domésticas. Al atender, del otro lado de la línea se presentó el Papa. La sorpresa fue tal que, en un primer momento, creyó que se trataba de una broma. Pero no lo era. La conversación, breve pero profunda, lo acompañó en un momento difícil de su vida.
Embed - Audiencia de la Ju.Fe.Jus con el Papa Francisco
Victoria recordaría después ese instante como un gesto de cercanía que lo marcó para siempre, aun sin haber podido conservar registro alguno de aquella llamada.
Una carta que llegó justo a tiempo
Quizás una de las historias más conmovedoras es la de Guillermo Chirino, quien atravesaba el dolor más profundo: la pérdida de su hijo. En medio de ese escenario, decidió escribirle al Papa, sin esperar respuesta.
Pero la respuesta llegó. Y no solo eso: la carta estaba fechada el mismo día de su cumpleaños. Para Chirino, ese detalle fue interpretado como una señal en medio de la oscuridad. “Fue una mezcla de llanto y alegría”, recordó.
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A partir de ese gesto, encontró fuerzas para seguir adelante y transformar el dolor en acción, creando una asociación para acompañar a otras familias en situaciones similares.
El día que el mundo miró al Vaticano
Las historias personales también se entrelazan con recuerdos colectivos. El 13 de marzo de 2013 es una fecha que muchos sanjuaninos no olvidan. Sotomayor, por ejemplo, contó que, pese a sus diferencias ideológicas con Bergoglio, no pudo contener las lágrimas al verlo aparecer en el balcón.
En Albardón, en tanto, el padre Riveros reunía a cientos de alumnos frente a una pantalla gigante para esperar el anuncio. Los niños no sabían quién era ese sacerdote, pero la emoción de los adultos fue suficiente para que celebraran como propio aquel momento histórico.