Susana Seguin, de niña prodigio ganadora del Premio Saint-Exupéry en Argentina a doctora en Literatura de la Sorbona donde siguen sus logros
Con un fluido idioma, llegó a Francia muy joven a estudiar letras. Allí se formó como doctora y a la par consolidó su faceta de investigadora. Han pasado 36 años, sigue ligada a San Juan pero con una vida de éxitos en Europa.
Tenía 11 años cuando ganó el Primer Premio del Concurso “Saint-Exupéry” otorgado por la Alianza Francesa, elegido entre decenas de trabajos de todo el país. Y si fuera poco el logro falta decir que el jurado estaba integrado por Ernesto Sábato, Manuel Mujica Lainez, Federico Aldao, Jean Wellard, entre otras destacadas personalidades de las letras. A esa edad, Susana Seguin, tenía clarísimo lo que quería ser y hacer. Lo logró con creces. Estudió en la Universidad de la Soborna, Francia, donde se recibió de doctora en Literatura Francesa del Siglo XVIII, es profesora de la Universidad de Montpellier y directora de la revista "La Lettre Clandestine". La misma pequeña que un día mirando el mar durante unas vacaciones familiares decía con total convencimiento que del “otro lado” había una niña igual a ella esperando que cruzara el extenso océano.
Lo confiesa: “Francia es mi lugar en el mundo”, pero no deja fuera a su San Juan querido al que trata de venir todos los años para ver a su mamá Ñata (Susana Ruíz), ahora de 92 años, su familia y sus amigos. Por el contrario agradece a diario “haber cruzado cada día la Plaza Laprida para estudiar en la Escuela Normal Sarmiento”, el jardín de infantes en la Alianza Francesa que quedaba a la vuelta de su casa, y todo lo que esta institución le permitió aprender. “Siempre hay que recordar de dónde venimos”, dice desde Paris donde vive desde 1990.
La conexión de Susana con la cultura francesa comenzó en su hogar porque su familia paterna es de origen francés. Su abuelo nació en la región de Borgoña, y aunque se trasladó a Argentina siendo muy pequeña, la familia mantuvo vivo el interés por la lengua francesa. Susana creció en un ambiente donde sus hermanos estudiaban el idioma y ella inició su formación en la Alianza Francesa desde el jardín de infantes, comenzando formalmente a los 7 años.
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El entorno familiar se encargó de estimular sus talentos porque no pasó desapercibido que a los cuatro años ya sabía leer y escribir, que su pasión por los libros era más que evidente, y que siempre manifestó una atracción casi "natural" por Francia y la literatura. Un deseo que fue alentado constantemente por sus padres y hermanos. Incluso su papá, quien inicialmente se oponía a que se mudara a Mendoza para estudiar, terminó reconociendo su mérito cuando ganó por segunda vez el premio “Saint- Exupéry”, que le permitió finalmente llegar a destino.
“El premio consistía en un viaje a Francia, pero no viajé de inmediato porque mi intención era estudiar en La Sorbona y era muy caro. Así es que durante dos o tres años estudié libre el profesorado de Francés en Mendoza porque a mi papá no le gustaba mucho la idea que me fuera a vivir allá. En ese tiempo empecé a preparar los papales necesarios, hasta que me vine y la Universidad me aceptó para hacer la carrera de Letras. Creo, en el fondo, que en casa pensaban que no iba a ingresar. A la par me puse a trabajar porque no podía pedirle a mis papás que me pagaran los estudios en Europa, menos con la realidad económica argentina. Era algo impensable. Así hice la licenciatura porque reconocieron todo lo que yo había estudiado en Argentina. Después hice un máster de Literatura y luego ingresé al doctorado de Letras siempre en la Sorbona donde hice todos mis estudios y además quedé trabajando”, cuenta Susana.
Con todo eso, cada vez era más difícil regresar a San Juan, así es que sus padres fueron a visitarla en 1996. Quedaron tranquilos, felices de ver el progreso y su forma de vida en Francia. Afortunadamente su papá pudo constatar que “su pequeña” estaba bien, haciendo lo que siempre había querido, y era reconocida en aquel país por sus trabajos de investigación, porque a los cuatro años –en el 2.000-, él falleció. También logró ver su primer libro publicado llamado “Ciencia y Religión en el Pensamiento del Siglo XVIII”.
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Después de 30 años en Francia tiene una materia pendiente: aún no conoció el pueblo donde nació su abuelo. “Con una prima hemos hecho el árbol genealógico y hemos encontrado el pueblo exacto donde nació porque creíamos que era de Lyon y en realidad era de Yonne en la Borgoña. Estoy esperando que venga mi hermano este año para ir juntos”, dice.
Indudablemente la influencia paterna fue enorme porque su bisabuelo, ingeniero, había llegado a Uruguay para construir ferrocarriles, luego se trasladó a Argentina con parte de su familia integrada por 17 hijos. Uno de ellos, su abuelo junto a otro hermano, fueron los primeros en llevar el cine por todo el país con una máquina de proyectar películas, hasta que se radicó definitivamente en San Juan. Así el arte también fue tomado por ella que durante un tiempo hizo teatro y luego se dedicó plenamente a la literatura.
“No se si estas cosas son reales o no, pero te puedo decir que tan lejos como pueda hacer memoria de lo que quería hacer cuando fuera grande, lo he hecho. Toda mi vida quise hacer lo que estoy haciendo. Es raro pero yo era muy pequeña y estábamos en la playa en la casa de uno de los hermanos de mi papá y yo decía: Del otro lado hay una nena como yo, que tiene la misma vida que yo, y me está esperando", recuerda Susana.
Probablemente, vaya uno a saber, era la influencia de su entorno familiar, el estímulo de sus padres, su capacidad precoz para leer y escribir, lo que la impulsaba a pensar eso. Cada uno sacará sus propias conclusiones.
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Susana mamá e hija de paseo por París.
La vida en tren
Es profesora en la Universidad de Montpellier, al lado del Mediterráneo donde pasa parte de la semana, vive en París donde también dirige una revista; su laboratorio de investigación está en Lyon en el centro de Francia. Literalmente vive en el tren bala que le permite transitar esos caminos.
"La lettre clandestine", revista que tiene a cargo, es un capítulo aparte, y con gran vínculo con una de las facetas de investigación a la que ella se dedica referida a la relación entre la literatura, la filosofía, la ciencia y la religión. Está conformada por un grupo de investigadores que se ocupa de trabajar sobre textos manuscritos que circulaban de manera clandestina en Francia en el Siglo XVIII. Esos escritos cuestionaban la religión católica dominante en Francia en ese momento. “Cada año se saca un número dedicado al estudio de un cuerpo de esos textos que están distribuidos por el mundo porque circularon por todas partes”, agrega.
Su amor por la literatura del Siglo XVIII obedece a que ese es un momento histórico en el que se cuestiona absolutamente todo, incluso el lugar del hombre dentro de la historia, la relación a la autoridad, el lugar de la mujer en la sociedad y el comienzo de una separación entre la creencia y el conocimiento. “Es el punto en el que nace la ciencia moderna, es un momento clave de la historia del pensamiento mundial, y particularmente Francia. En ese siglo nace una nueva organización mundial”, explica.
Todo le ha valido a Susana para ser muy reconocida en Francia. Entre sus tantos logros, hace cinco años la distinguieron como miembro senior del Instituto Universitario de Francia, que es una institucion suprauniversitaria que elige proyectos de investigación a través de un jurado internacional. Eso implica que durante 5 años la investigadora distinguida da menos clases y dispone de una suma de dinero para hacer su propio proyecto.
Una vida que continúa con nuevos trabajos y más estudios, pero siempre extrañando personas, nunca cosas ni lugares. Por eso muchos inviernos sanjuaninos invitó a su madre a pasar el verano francés, algo que ya no puede hacer por los 92 años de Ñata. Ahora es ella la que viene siempre a recargar pilas con amigas, compañeras de la secundaria, sobrinos, sobrinos nietos, cada vez que dispone de varios días para disfrutar.