En Avenida Libertador y Perito Moreno, donde durante décadas se cruzaron las risas de las sobremesas con el humo de las brasas, hoy solo queda el eco del pasado. El drone de Tiempo de San Juan sobrevoló el predio y mostró la imagen actual de Los Toneles, el clásico restaurante que marcó una época en la vida social de la provincia y que hoy permanece vacío, rodeado de maleza y recuerdos.
El lugar nació en los años ’80 bajo otro nombre: Las Cubas. En aquella esquina emblemática, familias enteras celebraban cumpleaños, amigos se reencontraban y políticos de todos los colores se sentaban a debatir sobre el rumbo de San Juan. Con el paso del tiempo, el negocio cambió de manos y adoptó el nombre que lo haría célebre: Los Toneles, bajo la gestión del empresario Mauro Volpini. La parrillada se transformó en punto obligado de encuentro, especialmente durante los fines de semana, hasta su cierre definitivo en 2017.
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Antes de bajar sus persianas, el lugar intentó reinventarse. De parrilla tradicional pasó a restó, adaptándose a los nuevos tiempos y a la cambiante movida gastronómica de San Juan. Pero el ciclo llegó a su fin. Los propietarios del terreno decidieron vender la esquina, aquella que en otras épocas elegía Leopoldo Bravo para detenerse a comer tras salir de Casa de Gobierno.
La propiedad fue adquirida por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que la incorporó al terreno contiguo donde por décadas funcionó el Colegio Inglés. El plan era construir un espacio para que los fieles pudieran compartir actividades y encuentros comunitarios. Sin embargo, con el paso de los años, el predio quedó cercado y en silencio.
Desde Libertador se alcanza a ver la reja que ahora delimita el lugar, y por Perito Moreno aún asoman los restos del antiguo restaurante. La vegetación crecida cubre parte del edificio, pero entre los yuyos todavía se distinguen las parrillas, los pisos originales y los muros que alguna vez sostuvieron el bullicio de los comensales. En las paredes, las pintadas recientes se mezclan con el recuerdo persistente del fuego y las charlas que dieron vida a Los Toneles.
Hoy, lo que fue refugio de la movida social sanjuanina yace en calma. Entre la sombra de los árboles viejos y el rumor del tránsito cercano, la vieja parrillada resiste como un fragmento de memoria colectiva: un espacio donde el tiempo parece haberse detenido justo después del último asado.