El regreso de Pachakamaq a las alturas cordilleranas no es solo la historia de un ave que recupera la libertad, sino también el símbolo de un trabajo paciente y colectivo que une ciencia, conservación y cultura. Tras un año de rehabilitación, este joven cóndor andino volvió a surcar los cielos de San Juan, allí donde su especie cumple un rol vital para el equilibrio natural.
La historia comenzó el 9 de abril de 2025, en la madrugada, cuando un llamado a la Policía Ecológica alertó sobre la presencia de un cóndor en una vivienda del departamento 9 de Julio. El ejemplar había sido encontrado a la vera de la ruta, aparentemente tras un incidente con tendido eléctrico. A partir de ese momento se activó un operativo conjunto entre el área de rescate de la Dirección de Conservación y las fuerzas policiales, que permitió su traslado seguro y el inicio de su recuperación.
Bautizado como Pachakamaq (“Hacedor del Universo”, en referencia a la cosmovisión andina), el ave ingresó al Centro de Rehabilitación de Fauna Silvestre, donde profesionales trabajaron en su recuperación clínica y física. Allí, junto a la Fundación Bioandina, se realizaron estudios diagnósticos, controles sanitarios y un seguimiento exhaustivo que permitió evaluar su evolución.
Superada la cuarentena, el joven ejemplar de Vultur gryphus pasó a un recinto de entrenamiento, una etapa clave para recuperar musculatura y habilidades de vuelo. Cada planeo dentro de ese espacio controlado fue un ensayo del momento más esperado: el regreso a su ambiente natural.
El escenario elegido para su liberación fue el Dique Las Crucecitas, en Pedernal (Sarmiento), un área protegida cuya geografía ofrece las condiciones ideales para la reinserción del ave. Allí, entre cerros y corrientes térmicas, Pachakamaq tendrá la oportunidad de integrarse a poblaciones silvestres.
El cóndor andino no es solo una de las aves voladoras más grandes del mundo, sino también una pieza clave del ecosistema. Su rol como carroñero contribuye a evitar la propagación de enfermedades, funcionando como un limpiador natural de los ambientes que habita.
La liberación, además, estuvo acompañada por una ceremonia ancestral que busca honrar el vínculo entre la naturaleza y las culturas originarias. Este gesto simbólico refuerza el valor del cóndor como emblema no solo biológico, sino también cultural de los Andes.
Desde la Secretaría de Ambiente de San Juan destacaron que el caso de Pachakamaq es un ejemplo del impacto positivo del trabajo articulado entre organismos estatales y organizaciones civiles. Un esfuerzo silencioso que hoy se traduce en un vuelo abierto, alto y libre, como corresponde a uno de los grandes guardianes del cielo andino.