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El drone de Tiempo

Lugares abandonados: el gigante dormido de los espumantes, parte de la historia de Rivadavia

El drone de Tiempo de San Juan registró el estado actual de la histórica bodega Duc de Saint Remy. Entre grafitis, abandono y recuerdos de su esplendor, el gigante sobre Avenida Libertador permanece sin movimiento desde hace más de una década. Fotos y video: Leandro Porcel.

Por David Cortez Vega

Al costado de Avenida Libertador, en una de las zonas más codiciadas de Rivadavia, se levanta aún la estructura imponente de una bodega que alguna vez fue orgullo de la industria vitivinícola sanjuanina. El drone de Tiempo de San Juan sobrevoló el predio y mostró la imagen actual de Duc de Saint Remy, un gigante dormido desde hace más de una década, atrapado entre grafitis, muros y el recuerdo de los espumantes que hicieron brillar su nombre en todo el país.

La historia de este emblema se remonta más de un siglo atrás. En 1912, el comerciante Francisco Maglione compró para Argentina la marca Duc de Saint Remy, con la que se inició una etapa de esplendor en la elaboración de vinos y espumantes. Ya en 1950, la familia impulsó la construcción del edificio en Libertador, sobre el terreno que había ocupado la antigua bodega Meglioli. Con capacidad para tres millones de litros, fue inaugurado en 1952 y se convirtió en un faro productivo de la provincia.

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El crecimiento fue sostenido durante varias décadas, pero en 1992 los Maglione dieron un paso al costado. Pasaron 18 años, nuevas manos intentaron darle impulso e incluso inauguraron una cava, aunque la ilusión duró poco: la producción se apagó y la bodega cerró definitivamente. En 2016, un incendio sacudió el predio y ese mismo año se trabajó para declarar al edificio como Patrimonio Cultural.

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Hoy, el paso del tiempo y el abandono dejaron huellas visibles. En las paredes, decenas de grafitis reemplazaron las etiquetas brillantes de los espumantes. Los pasillos, antes repletos de barricas y obreros, están vacíos. Y entre la fachada castigada y el interior vandalizado, sobrevive apenas un árbol gigantesco que acompaña al predio, junto a la sede de una universidad privada que parece darle un último pulso de vida a esa mole silenciosa.

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El gigante de los espumantes permanece ahí, detenido en el tiempo, como un recordatorio de la potencia que alguna vez tuvo la vitivinicultura en San Juan y de cómo el olvido también forma parte de la memoria de los pueblos.

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