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Nostalgia por San Juan

Martín Rodríguez, la estrella de Netflix que vuelve a acariciar su infancia paseando por el barrio Camus

Un imperdible paseíto con Martín Rodríguez, el actor sanjuanino que cautiva en "En el barro", por las calles de su glorioso Camus. Compartió recuerdos sobre su niñez de juegos inventados, visitó su escuela primaria y el Polideportivo donde hacía goles de pibe. Emoción, memorias y selfies con fans en un relato de cada memorable rincón, en primera persona.

Por Miriam Walter

Es la media mañana de un viernes de agosto en el barrio Camus, uno de los más antiguos y simbólicos de San Juan, que nació enclavado en medio de viñedos a principios de los ’70 y salió indemne del terremoto del ’77. Una leve brisa mueve las hojas de las moras añejas y el sol comienza a picar en la cara. Martín Rodríguez se baja de un Ford Ka con una delicada mezcla de elegancia de estrella de Hollywood y de impronta de chico de barrio.

El actor sanjuanino, que disfruta del éxito de la serie “En el barro” que es furor en Netflix en la que hace de un guardiacárcel, y que hasta hace poco se besaba con Sofía Vergara en la serie “Griselda” en su rol del sicario Rivi Ayala, se reencontró con su pasado, invitado por TIEMPO DE SAN JUAN a recorrer los lugares que marcaron su infancia y adolescencia.

Volvió a su terruño por unos poquitos días, en vuelo directo desde Estados Unidos, Los Ángeles, donde vive actualmente en medio de castings para series internacionales. En San Juan está su familia, y el cumple de 80 de su papá fue la excusa perfecta para darse una vueltita a ver a sus parientes y amigos y compartir con sus sobrinitos, que lo derriten de amor.

“Está todo muy cambiado, la verdad. Cuando yo era chico, esto no era una plaza, o sea, sí era una plaza, pero había un sector allá que era de bicicross, entonces estaba todo más árido, no había tanto pastito como ahora, así que está súper cambiado”, se admira, mientras camina por la calle Periodistas Sanjuaninos, el acceso al complejo de hogares de clase media en el que vivió desde los 5 hasta los 25 años.

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“Era mucho sin videojuegos, mucho barrio, mucha calle, mucho juego inventado por nosotros y mucho fútbol, deporte, lo que surgía. Acá había bici, había competencia y pibes por todos lados que andaban correteando”, se acuerda apenas pisa el pasto de la placita.

El barrio era nuevo cuando su familia se mudó allá por los ‘80, y todas las familias tenían hijos de la misma edad, creando banditas de un lado y del otro. Martín pertenecía con su grupo de amigos a los del "sector del fondo" y se entretenía con ellos casi todo el tiempo correteando tras una simple la pelota. Flaquito, como es ahora.

La Mosconi, revolucionada

Cuando llega a la puerta de la ilustre escuela Enrique Mosconi, se le iluminan los ojos. Mira la fachada con el cartel: “está igualita”, dice sobre la institución en donde tomaban clases él y todos los niños del barrio apenas se reiniciaba la democracia en el país. “Sé que han hecho una remodelación atrás y que han incorporado más sectores y modernizado, pero la fachada y la entrada están muy parecidas a cuando yo venía”, suelta en la vereda.

Como su casa está a un par de cuadras, todos los días llegaba caminando. “No sé por qué me habrán anotado en el turno tarde, pero la creo que me gustaba más. Toda la vida fui a la tarde. Como había muchos amigos de mi edad, entonces eran compañeros de escuela, y mis hermanas también venían”, dice.

En eso se le acerca una mamá que va a buscar su hijo a la escuela. Lo mira, se asombra. Lo abraza. Él la recuerda, iban a la escuela juntos, se llama Belén. Ella le cuenta que vive enfrente, que lo ama, que están felices los vecinos con la carrera actoral que él hizo. "No lo puedo creer. Digo cuando empecé a ver la serie, ‘yo este chico lo conozco. Nooo es imposible que esté ahí’”, le cuenta ella. Además le confiesa que quería ser actriz. Y le pregunta si se puede sacar una foto con él. La primera de varias que tendrá en su recorrido por el Camus, con mujeres principalmente, que lo paran al darse cuenta de que es el actor de “En el barro”.

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Aparece Alejandra, la vice de la escuela, abre el portón e invita amablemente a pasar, “para que le dé testimonio a los niños”. Empiezan a caerle en catarata los recuerdos de la Primaria a Martín. Va contando que era medio tímido y que le escapaba a salir en los actos, que también era medio revoltoso de niño, más bien curioso, pero que siempre tuvo buenas notas.

Apenas pasando el ingreso, mano izquierda, descubre su aula de quinto grado. Se entusiasma cuando la vicedirectora lo invita a dar un mensaje a los alumnos, que son de los más chicos. Se para frente al salón, con la hidalguía del prócer Miguel Soler que interpretó años atrás cuando trabajó junto a Rodrigo de la Serna en la película sobre el Cruce de los Andes, y pronuncia un discurso improvisado pero profundo: “yo estudié acá de chico y pueden hacer sus sueños realidad”.

Mientras la vice explica que la escuela tiene estrictos controles de acceso por seguridad, haciendo una excepción para la visita de Martín, se paran en el patio. “Acá cantábamos el himno y la bandera está en el mismo lugar”, asegura.

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Vuelve a contar que no le gustaba actuar en los actos, pero sí disfrutaba ayudando a las maestras con la escenografía y la organización detrás de bambalinas.

Siente "cosquillitas" de estar parado ahí, confiesa. A la par, Alejandra le cuenta que la escuela, inaugurada en 1978 (el mismo año en que Martín se mudó al barrio), solo fue pintada tres veces desde entonces, lo que demuestra su buen estado de conservación, que sigue recibiendo alumnos del barrio, pero no tantos como hace décadas, y también algunos de Marquesado o alrededores, en busca de una mejor educación.

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“Nosotras nos vamos a sacar una foto con él. Lo conozco, todas las chicas de la época. Así que nos vamos a sacar una foto. Permiso”, dice de repente una maestra que aparece con una colega a saludar al famoso actor. La charla se centra entonces en la serie exitosa de Martín, de la que están esperando la segunda temporada, y él les confirma que está prevista para febrero de 2026.

Es el turno de la segunda aula. Alejandra lo presenta a la profe y los alumnos, que son de sexto. Algunos lo reconocen. Martín vuelve a darles un mensaje de resiliencia. Que estudien, que sigan sus metas, que con esfuerzo se puede dar. Se crea un alboroto para la escena en la que todo el grado, las docentes y él se toman la foto. Le agradecen mucho.

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Al salir posa una vez más para un retrato con la portera, que le comenta sobre las porteras que estaban en los ’90. Abre la reja. Llegó la hora de despedirse de la Mosconi otra vez para Martín, como hace más de 30 años.

El Poli y salir corriendo tras la pelota

Dicen que el Polideportivo del Camus es parte del combo de elementos que hizo, apenas inaugurado, muy especial al barrio, un conglomerado de casas amplias que se destacaba por una excelente urbanización, servicios e infraestructura. Justamente este gran predio, que Martín de chico llamaba “el Poli”, aparece como un desarrollo importante en uno de los extremos que dan a la Libertador, con arcos futboleros y edificaciones donde funciona también la Unión Vecinal. Allí , cuentan los memoriosos, se forjaron futbolistas como el "Teco" Flores, que jugó en varios clubes sanjuaninos y llegó a las inferiores de Boca.

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Quizá Martín vivió los momentos de más esplendor del Poli. Cuando los habitantes de esas 500 casas eran familias jóvenes con niños chicos que jugaban en el complejo. Ahora son muchas parejas grandes, cuyos hijos ya formaron sus propias familias o se fueron al exterior, como el caso del artista.

Los Rodríguez viven enfrente del Poli. Por eso para Martín es como un segundo hogar. “Esto era fútbol todos los días y los fines de semana campeonato. Venían de otros barrios aledaños a jugar campeonatos. También había escuelita de fútbol. Teníamos entrenadores. Me acuerdo que había chicos más grandes que eran del barrio y veníamos todos, entonces éramos todos como una familia”, dice mirando la canchita.

Él jugaba de delantero y sus padres lo veían desde enfrente de su casa: “me desplegaba”, describe su talento como futbolista. También el polideportivo era lugar para comer asados, celebrar eventos y cumpleaños de 15, a los que iba “a veces colado”, en una especie de quincho que sobrevive junto a unos banquitos de hormigón para mirar los partidos.

“Nos levantábamos y lo primero que hacíamos era venir al Poli. Ni desayunamos y ya estábamos con la pelota en la mano. A toda hora, en la siesta también. En la siesta no nos dejaban salir, pero nos escapábamos igual y era la juntada con todos los chicos del barrio”, recuerda.

Mientras camina por las callecitas laterales del Poli dice que ve el barrio más limpio, cuidado y conservado. Para él, cada esquina y los arcos de fútbol son un recuerdo. Cuando él andaba por ahí hace varias décadas, la línea más usada de colectivo era el 6, que unía Punta de Rieles con el centro sanjuanino, y ahora pasan varias de la Red Tulum. La central de la empresa de transporte quedaba cerca y era un lugar enigmático, centro de encuentro de muchos rivadavienses a varios kilómetros a la redonda. La zona, sobre todo la Libertador, eran más rudimentaria antes, ahora Martín se asombra porque parece una súper ruta.

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Cada vez que regresa a su barriada, disfruta de muchas reuniones familiares. Aún conserva amigos del alma en San Juan con quienes se junta a comer asados. Asegura que le sale espectacular la punta de espalda. Y confiesa que es fanático de las semitas al punto que suele llevarse varias docenas congeladas a Buenos Aires, que compra una panadería cerca del Camus.

Habla sobre el éxito de "En el barro". Está muy contento con la repercusión en la gente. Describe la experiencia de hacer la serie como increíble, y destaca "el equipo, el guión bien escrito, los personajes bien definidos y la locación que recrea una cárcel real". Ahora, cuenta sin dar muchas pistas, está leyendo guiones de series internacionales y alguna de ellas podría ser su próximo proyecto.

Casi terminando el recorrido, se encuentra con un vecino, Don Ricardo, a quien Martín recuerda como "buena onda", incluso como cuidador del Polideportivo en algún momento. "¿Cómo le va, don Ricardo?", saluda al hombre, que se para en seco. Y le explica: "yo vivía acá en este barrio y me acuerdo de usted que era mi vecino". El señor piensa, se toma unos segundos y le responde: "Ah, ahora me acuerdo. ¡Cómo pasa el tiempo!". Y se va caminando despacito, dejando a Martín con una sonrisa de nene.

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