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Drama en la altura

Una alpinista morirá en la montaña porque no pueden rescatarla: un amigo quiso ayudarla y terminó falleciendo

Natalia Nagovitsyna se quebró una pierna en el Pico Pobeda, la cima más peligrosa del Tian Shan. Las autoridades resignaron su búsqueda. Pero Luca Sinigaglia no se dio por vencido y escaló para dejarle provisiones y acompañarla. La crónica de una tragedia anunciada.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Natalia Nagovitsyna, de 47 años, estaba a un paso de cumplir un sueño que muy pocos alpinistas logran: completar el Leopardo de las Nieves, el título honorífico que se concede a quienes suben las cinco montañas más altas de Asia Central. También, estaba a punto de vivir una historia de amistad verdadera.

El 12 de agosto hizo cumbre en el Pico Pobeda, la montaña más alta y temida del Tian Shan, en la frontera entre Kirguistán y China. Pero en el descenso, a más de 7000 metros de altura, sufrió un accidente: se fracturó una pierna y quedó inmovilizada en plena arista somital, un filo interminable y expuesto a las tormentas.

Desde entonces, Natalia permanece atrapada. Un dron llegó a mostrarla con vida días después, moviéndose con dificultad en su refugio improvisado.

Sin embargo, todo intento de rescate fue declarado imposible: el mal tiempo constante, la altitud extrema y lo técnico del terreno hicieron inviable cualquier operación. El jefe del campamento base lo dijo sin vueltas: “En Pobeda, desde 1955, no hay registros de una evacuación exitosa”.

El amigo que no dudó

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Mientras las autoridades kirguisas y rusas discutían protocolos y los helicópteros permanecían en tierra, un alpinista italiano tomó una decisión crucial. Luca Sinigaglia, de 49 años, se ofreció como voluntario para subir hasta el filo en el que estaba atrapada Natalia.

No eran simples conocidos. En 2021, en el Khan Tengri, Luca la había acompañado en un descenso crítico tras la muerte de su esposo. Desde entonces, los unía una relación de amistad. En la montaña, esa clase de lazo se vuelve sagrado.

Junto al alemán Günter Siegmund, Luca ascendió hasta la carpa de Natalia. Le dejó un saco de dormir, comida, agua, gas y una pequeña cocina portátil. Fue un gesto de amistad en lo que sería el último contacto humano que Natalia recibiría.

Los voluntarios pasaron la noche con ella en la carpa para acompañarla, darle calor y dejarle lo indispensable para sobrevivir unos días más. Al amanecer, no podían quedarse más tiempo: en la montaña -a 7400 metros de altura-, cada minuto extra reduce la chance de regresar con vida.

Decidieron bajar para conseguir más ayuda. Además, quedarse los tres atrapados en la misma situación habría significado una tragedia inmediata. Ella estaba lesionada y no podía descender por sí misma. Ellos, aunque agotados, tenían movilidad.

Cuando las autoridades dieron el rescate por perdido, Luca intentó un segundo ascenso para reforzar la ayuda, pero el clima del Pobeda no perdona. Una tormenta lo atrapó en la arista.

Buscó refugio en una cueva de hielo a casi 7000 metros, pero ya era tarde: sufrió edema cerebral por la altitud, además de hipotermia y congelamiento en las manos. Murió solo, en ese sitio inaccesible donde todavía permanece su cuerpo.

Su compañero Siegmund, exhausto y al borde de la muerte, se vio obligado a dejarlo atrás y descender. Fue el único testigo de su sacrificio.

La familia de Luca lo recordó con orgullo. Su hermana Patrizia dijo: “Nunca habría dejado a nadie atrás… especialmente a Natalia”. Otros amigos lo describen como un hombre que vivía la montaña con humildad y generosidad, fiel al código no escrito del alpinismo: “Si alguien está en peligro, lo ayudas, aunque te cueste la vida”.

El rescate imposible

Durante más de dos semanas, las autoridades habían intentado organizar un rescate oficial. Helicópteros militares del Ministerio de Defensa volaron en varias oportunidades, pero la altitud y las ráfagas los obligaron a retroceder.

Los expertos calculaban que serían necesarios al menos 20 o 30 montañistas experimentados para mover a Natalia en camilla desde esa altura, algo impracticable en esas condiciones.

Finalmente, el 23 de agosto, el gobierno kirguís anunció el fin de las operaciones: el rescate era imposible.

Natalia quedó sola en su carpa, vista por última vez desde un dron. Su hijo pidió reanudar los esfuerzos, convencido de que aún había una chance. Pero las autoridades ratificaron la decisión: nadie puede llegar hasta ella sin multiplicar las víctimas.

El Pobeda volvió a mostrar su fama: en la jerga, lo llaman la “montaña devoradora de hombres”. Su combinación de altura, frío extremo y clima imprevisible lo hace aún más letal que algunos ochomiles del Himalaya.

La tragedia de Natalia y Luca no puede contarse por separado. Ella, inmovilizada en la montaña que soñaba conquistar, a punto de lograr el Leopardo de las Nieves. Él, que eligió subir no por el récord sino por lealtad.

La historia podría resumirse en un solo gesto: mientras el mundo daba la espalda a un rescate imposible, un amigo subió hasta la altura de la muerte solo para que ella no estuviera sola.

FUENTE: Todo Noticias

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