Ocaso de un ícono

El doloroso abandono de la bodega Duc de Saint Remy

Fue una de las pioneras en la elaboración de espumante en el país. La marca fue símbolo de estatus y calidad durante décadas. La última sociedad propietaria no pudo sostener la producción y vendió el predio. En total abandono, en una zona top de San Juan, hoy está completamente destruido. Por Viviana Pastor.
sábado, 09 de enero de 2016 · 09:08
Por Viviana Pastor

Al jardín de la bodega Duc de Saint Remy se ingresa sin problemas porque no hay rejas. Al interior del edificio se ingresa sin problemas porque no hay puertas. Y todo el predio se puede recorrer libremente porque no hay nadie que lo cuide. En este abandono total, la histórica bodega sanjuanina no sólo fue saqueada sino destruida completamente en el último año. Ubicada en una zona top de San Juan, una de las más demandadas en las inmobiliarias, este abandono resulta inaudito. Pero también cuesta entender cómo se dejó caer un ícono de la vitivinicultura local, una bodega clave en nuestra historia.

Para los que han recorrido la bodega en sus buenos años, el panorama actual es desolador,  muy doloroso. Todas las puertas y ventanas fueron robadas y los vidrios rotos, las paredes pintadas con aerosol, robados los inodoros y lavamanos de los baños. Bolsas de basura desparramadas en el piso parquet, mezcladas con los vidrios y pedazos de mampostería, por momentos se hacía difícil caminar.

El olor a orín y a materia fecal en las habitaciones de lo que fuera la administración de la bodega, el primer edificio de la izquierda, confirma que por las noches se convierte en un aguantadero. Allí, otra de las habitaciones que contenía cajas con papeles fue incendiada y permanecen los restos quemados. Parece zona de guerra.
En la sala que contenía la caja fuerte rompieron la pared para llegar al interior de la caja que estaba empotrada y retorcieron la cara metálica, ante la imposibilidad de romperle la puerta. 

Por dentro todo está conectado. En la nave mayor de la bodega aún permanecían de pie, estoicos, como símbolos irrefutables de la gran bodega, ocho cubas de roble importado cuyas proporciones hicieron imposible su robo. La base que sostiene estas enormes estructuras de madera, que otrora guardaron algunos de los mejores vinos sanjuaninos, están revestidas de venecitas, al igual que muchas de las paredes que contienen las piletas externas. Una joya de decoración de aquellos años.

Robaron todas las tapas metálicas de las piletas de cemento dejando en el piso sus bocas abiertas, unos agujeros que constituyen un peligro mortal para los visitantes nocturnos. 

A medida que uno recorría el predio, el corazón se estrujaba más y más. Los vidrios altos fueron destruidos a propósito, como alguna forma de diversión perversa, inentendible. 

El edificio donde funcionaba el restaurante Remigio tiene su entrada de arco con maderas atravesadas que pretendían en algún tiempo parar a los intrusos. Todo el interior está pintado con aerosol, incluso hasta el techo. Por allí se llegaba a la cava donde hasta hace poco tiempo se hacían algunas de las reuniones con más glam de la provincia, pero la falta de iluminación no permitió seguir este tour de terror.

La caída

"Lo que pasó con la bodega lo siento como una frustración”, dijo el último gerente de Duc de Saint Remy, Carlos Rizzo, que por primera hablaba del tema con un medio de comunicación y contaba la historia de la debacle. 

"Cuando me propusieron que me hiciera cargo de la bodega fue algo interesante, yo dejé Graffigna porque creía que se podían hacer grandes cosas y las hicimos. Pero llegó un momento que no se pudo más. Hicimos gestiones en Buenos Aires y ante autoridades locales pero no logramos nada. Esto se podía haber arreglado de alguna manera, sin mucho esfuerzo económico, sólo necesitábamos una mano y esa mano no se dio”, confesó Rizzo.

Los pedidos giraban en torno a la extensión de la promoción industrial que tenía la firma, lo que le ayudaría a sortear su crisis, que era la crisis del sector. 

"Agotamos los esfuerzos y las finanzas. Perdimos mucho, hicimos gestiones tratando de conseguir la continuidad de la promoción industrial y con eso habríamos tenido algún alivio, pero no tuvimos éxito, no hubo ningún oído que escuchara estas verdades. La bronca es que era una planta bien instalada, funcionaba, pero todos nos dieron la espalda”, contó.

El grupo inversor, que según Rizzo no tenía nombre como sociedad, decidió cerrar en el 2010 la bodega, sobrepasados por problemas de costos, impuestos, deudas laborales que se fueron muy arriba y sin posibilidad de exportar.  "Los que debían estar en esto, no estuvieron. Ya no vale llorar sobre lo caído, pero hicimos hincapié con argumentos de lo que necesitábamos. No eran dádivas, era algo que nos correspondía. Habíamos logrado salir del concurso, nos levantamos, se hicieron inversiones, se hicieron todos los deberes pero a pesar de eso los funcionarios no cuidaron algo que tenía futuro”, destacó. 

Fue el principio del fin. Vendieron todo,  la maquinaria y las barricas fueron a parar a otras bodegas sanjuaninas. Los antiguos dueños mantuvieron la marca del espumante que hoy elabora la bodega Franalco, en partidas limitadas. 

 "El 30 de noviembre de 2010, me tocó estar como gerente, se cerró la bodega. La venta del predio fue posterior, casi un año más y hasta entonces teníamos algún control en el edificio, y funcionaba el restaurante Remigio.
 
Teníamos algunos problemas de intrusión pero no con la gravedad de este momento. Hoy es tierra de nadie. A partir de 2011 que se vendió no se a quienes, perdí toda relación y control”, dijo Rizzo con pesar en la voz.

La bodega llegó a fraccionar hasta  2,4 millones de botellas al año, entre el espumante y su línea de vinos varietales. La elaboración de vinos ayudó a la economía ocupando tiempos en los que no funcionaba tan bien la venta del champagne. "Entre vinos y espumante estábamos en 400.000 cajas de 6 botellas,  era interesante.
Sumando el restaurante para el enoturismo que se podía potenciar con imagen de la bodega”.

"Lo que hizo Duc de Saint Remy  fue poner la marca del champagne en Argentina con un peso muy fuerte. Fue la marca de mayor conocimiento en el mercado nacional nacida en una bodega de 1912. Pero tristemente llegamos a esta situación”, lamentó el ex gerente. 

Muchos otros predios históricos fueron rescatados con leyes provinciales de declaración patrimonial,  algo que podría salvar a este ícono de San Juan.

Una bodega histórica

Hace 114 años, un inmigrante italiano, Juan Meglioli, terminaba de construir una bodega modelo para la época, ubicada sobre avenida Libertador. La tragedia hizo que Meglioli muriera junto al entonces gobernador Amable Jones, el 20 de febrero de 1921. Iban a Pocito, a proyectar una obra de riego, y en La Rinconada el auto en el que viajaban fue acribillado por un grupo de hombres. Según algunos historiadores, los sicarios fueron enviados por Federico Cantoni.

En Buenos Aires, la familia Maglione ya era una de las principales importadoras de espumante en la Argentina, pero la imposibilidad de mantener el comercio durante la Segunda Guerra Mundial hizo que Héctor Francisco Maglione y su hermano Manuel Ricardo, propietarios de la marca Duc de Saint Remy, decidieran elaborarlo en el país con el método champenoise. 

La bodega sanjuanina Gutiérrez y de la Fuente era famosa por sus vinos blancos, por eso la  eligieron los Maglione para elaborar su champagne.  Los caldos base viajaban de San Juan a Buenos Aires y allá se terminaba el proceso y se envasaba. 

La empresa adquirió hectáreas de viñedos en el departamento de San Martín, y desde 1948 plantaron 240 hectáreas con diferentes variedades de uvas champañeras.

En 1950 se inició la construcción de la bodega Saint Remy en San Juan, sobre avenida Libertador en lo que fuera la antigua bodega de Meglioli. El nuevo establecimiento tenía  capacidad para 3 millones de litros y fue inaugurada en 1952. 

El crecimiento de las ventas hizo que en 1957 la firma Maglione Carbó y Cía se transformara en Bodegas y Viñedos Saint Remy SA, 80 % del capital pertenecía a Maglione y 20 % a Orencio Carbó. En 1967 se amplió la capacidad de la bodega a 5 millones de litros, pero se seguía terminando el proceso en Buenos Aires.

Fue recién en 1983 cuando decidieron trasladar la elaboración de espumante a San Juan. Al principio la champañera funcionaba en la bodega Del Bono, hoy casino-hotel.  "En la parte del subsuelo, donde ahora está la barra, hay arcos antiguos que se mantuvieron, son los que marcan donde estaban las cavas”, contó Rizzo.

La familia Maglioni operó la bodega hasta 1992. En 2006, ya en manos del último grupo que elaboró espumante en ese predio, se inauguró la nueva cava, para entonces ya se había integrado todo el proceso en un solo predio y tenían un ambicioso proyecto de enoturismo.

En el 2009 promocionaron la marca con un comercial para televisión que se vio en todo el país y en 2010 realizaron el relanzamiento de la marca con una nueva imagen. Pero para fines de ese año la bodega cerró su producción. El resto ya es conocido.

Los espumantes 
La bodega elaboraba cinco versiones de espumante: Duc de Saint Remy Extra Brut, Demi Sec, Dulce, Rosado Demi Sec y Rosado Dulce.

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