Es el cierre de las Nochecitas Cauceteras, y desde temprano se están preparando los adolescentes, niños y niñas que con gracia y orgullo caminan con sus trajes de gauchos y paisanas. Las edades son tan amplias como variadas, y todos forman parte de un mismo grupo, se puede deducir por la tonalidad de sus vestuarios. Esos niños, inocentes y juguetones se convierten en inmensos artistas al subir a escena, brindando un espectáculo que se lleva todos los aplausos. El paso de los integrantes de la Escuela de Danzas Amán, de Caucete por un nuevo escenario no es el primero, ni será el último.
Detrás del espacio que funciona desde el 2007 se encuentra Gimena Aciar, directora y fundadora de la escuela. La joven de 31 años comenta que sus primeros pasos en el folklore se dieron de muy pequeñas, prácticamente mientras caminaba. Fue de la mano de su abuela que conoció un mundo que la atraparía y la haría descubrir sus pasiones y dedicaciones.
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Una de las primeras presentaciones de la Escuela de Danzas Amán en el 2007
Su formación continuó con Don Roberto Correa, un querido y recordado vecino de Caucete que año tras año realizaba lo que se conocía en la zona como “Postas Gauchas”, que consistía en una especie de procesión con danza camino a la Difunta Correa. “Luego conocí lo que es el instituto al que pertenezco, que es el IDAF, el Instituto de Artes Folklóricos, donde comienzo la carrera del profesorado de danza folklórica. Me perfeccioné ahí y luego, el 11 de abril del 2007, abrimos lo que es hoy Escuela de Danza Amán”, comenta a Tiempo de San Juan.
Desde ese entonces, y de manera ininterrumpida, pese a las adversidades como la falta de espacio físico o la pandemia, la institución ha sido un lugar de enseñanza y contención para las decenas de niños, niñas y adolescentes que acuden. Pequeños desde los 3 años hasta jóvenes que superan los 18 han pasado por la institución de danzas. “He pasado la mitad de mi vida dando clases, y enseñando”, comenta entre risas Gimena.
Es ella misma quien elige ver su espacio como un semillero. Asegura que le gusta verlo así, ya que sus alumnos inician a corta edad, disfrutan de lo que hacen y se emociona ante alguna presentación o a la hora de estar arriba del escenario. “Se nota que les gusta, nos eligen y se quedan, y eso nos da felicidad como espacio”, reflexiona la joven caucetera.
Amán, hoy en día tiene una matrícula de 35 alumnos aproximadamente. Si bien no cuenta con un espacio físico para funcionar, desde hace años Gimena, junto con quienes forman parte de la institución y padres que acompañan, viene luchando para que la escuela tenga su techo propio. Un lugar que permita a la institución crecer, poder contar con más grupos, sumar, porque no, otras disciplinas dentro del folklore, como malambo o fantasía de bombo, y seguir creciendo, siempre con la premisa de ser un espacio donde las nuevas generaciones puedan tomar contacto con algo tan tradicional y nuestro como son las danzas folklóricas.