En los planes inmediatos del Ejecutivo capitalino figura la intención de avanzar en un sistema de clasificación de residuos domiciliarios, al menos en una parte del departamento que aún no fue definido. Que no pasa hasta ahora de una intención, porque no cuentan con los recursos que demanda en emprendimiento y tampoco tienen claro si podrán hacerlo en el plazo inmediato.
Eso es lo que contó la intendenta departamental Susana Laciar en una entrevista que ofreció al programa "Desconocidas y no tanto", de la Red de Medios San Juan el lunes por la tarde. Allí, la funcionaria explicó que es una intención de mucho tiempo pero que “aún no contamos con el presupuesto para los contenedores”.
De igual manera, enumeró las virtudes de un sistema que permitiría a los ciudadanos capitalinos separar entre residuos orgánicos y reciclables, pero también explicó que para poder avanzar hace falta contratar una infraestructura de depósitos para poder hacerlo. Allí fue cuando fue realista en cuanto a los planes, debido al freno presupuestario.
La funcionaria no detalló el costo que tiene la operación con la que se ilusiona para convertir a su departamento en el primero en San Juan con este tipo de avance. Tampoco si tiene planes de corto plazo para el año que viene para salir a buscar el financiamiento que hace falta.
Sí, en cambio, se explayó sobre las virtudes del sistema de clasificación de residuos, luego de consignar que en la Capital conviven varios sistemas de recolección de residuos de manera simultánea, como el de compactación que opera entre las cuatro avenidas, el de contenedores comunitarios que hay en la mayoría de los barrios del departamento, y el manual que se mantiene en el resto. Laciar no explicó si el sistema de clasificación lo piensa para todo el departamento, o solamente para una parte.
De qué se trata la clasificación domiciliaria de residuos
La separación domiciliaria de residuos se consolidó en los últimos años como una herramienta esencial para mejorar la gestión de la basura urbana. Se trata de un proceso simple: cada familia identifica y clasifica sus desechos antes de sacarlos a la vereda, colocándolos en diferentes contenedores según su tipo. Esa acción, que parece mínima, marca una gran diferencia en el camino que sigue la basura.
El objetivo central es facilitar el reciclaje, ya que cuando los materiales llegan limpios y separados —plásticos, vidrios, papeles, metales o cartones— pueden reincorporarse a la cadena productiva. De esta manera se reduce la cantidad de residuos que termina en basurales o rellenos sanitarios y se minimiza la contaminación en los entornos urbanos.
En la mayoría de las ciudades, la clasificación básica distingue entre residuos secos reciclables y residuos húmedos u orgánicos, que incluyen restos de comida y material biodegradable. Además, existen desechos que requieren un tratamiento especial, como pilas, electrónicos o medicamentos vencidos, que se deben llevar a puntos de recolección específicos.
Los especialistas coinciden en que la separación “en origen”, es decir, en cada casa, es el paso más efectivo para transformar los sistemas de gestión de residuos. Cuando la basura está mezclada, los materiales reciclables se pierden o encarecen su recuperación. Por eso, la participación ciudadana se vuelve un eslabón indispensable dentro de todo el circuito.
Promover este hábito no solo alivia la carga ambiental, sino que también optimiza el trabajo de recicladores urbanos y de los municipios, que pueden aprovechar mejor los recursos y planificar políticas más sustentables. En una comunidad que separa, cada bolsa cuenta.