Myriam Teresa Bregman nació el 25 de febrero de 1972 en Carlos Tejedor, un pueblo del noroeste de Buenos Aires que por aquellos tiempos no legaba a los 4.000 habitantes. Sobre su ascendencia, ella misma relata que “nací en un pueblo del interior. Mi mamá no pudo terminar la escuela porque tuvo que trabajar desde muy chica y mi papá fue docente y comerciante”.
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Myriam Bregman junto a su hermano
Conocida como “la rusa”, su genealogía la ubica dentro del pueblo judío askenazí, una rama cuyos orígenes se pueden precisar a orillas del Rin, en Alemania, y que se desplegó por Europa Central y Oriental.
A los 18 años, junto a su hermano, emigraron Buenos Aires. Ella se recibió de abogada en la UBA, y rápidamente ingresó al terreno de la lucha social, fundando con otros compañeros una red de abogados para trabajar en la defensa de quienes caían presos por participar en las movilizaciones populares que derivarían en el trágico diciembre del 2001.
Su militancia política comenzó en la universidad, integrándose al Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), un sector de la izquierda de orientación trotskista.
Bregman comienza a hacerse conocida por su trabajo como querellante en juicios por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar argentina.
Ese reconocimiento la deposito en la legislatura porteña desde 2017 a 2021, en la cámara de Diputados de la Nación desde el 2021, y la promovió a la candidatura presidencial por el FIT-U (Frente de Izquierda de los Trabajadores-Unidad), en 2023.
En aquella oportunidad cosechó uno de sus momentos más virales, cuando en pleno debate presidencial le dijo a Javier Milei que, más que un león, era un “gatito mimoso del poder económico”.
Embed - Bregman: “Milei no es un león, es un gatito mimoso del poder económico”
Para comprender el pensamiento político, y la manera de estructurar la acción política de Bregman hay que saber de que se habla cuando se habla de trotskismo. Esa corriente de pensamiento no se puede definir en unas pocas líneas, pero al menos se puede, como aproximación, trazar algunos rasgos gruesos en los que se observarán las diferencias con otros sectores de la política nacional como el peronismo o el ultraliberalismo que hoy representa el gobierno de Javier Milei.
En el plano económico, Bregman plantea la nacionalización de sectores estratégicos, el rechazo al pago de la deuda externa y la redistribución del ingreso.
La defensa del modelo sindical se combina en estos tiempos con un reclamo por la reducción de la jornada laboral y la oposición a reformas laborales flexibilizadoras, como la última que el gobierno nacional logró aprobar en el Congreso.
Lejos de “dejar de mirar para atrás”, Bregman y su espacio trabaja por la continuidad de los juicios por crímenes de lesa humanidad y las políticas de memoria, verdad y justicia.
Su voz se hizo más fuerte a partir del nuevo movimiento feminista, los pañuelos verdes, militando derechos como el aborto, la igualdad de género, y por el trabajo contra la violencia machista.
En el plano global, a más de reconocerse como “internacionalista”, mantiene un firme discurso antiimperialista, entendiendo como el imperio que extiende su sombra sobre el planeta, a los Estados Unidos.
Si bien no ha cuestionado la democracia como sistema de gobierno, si ha criticado la visión liberal y representativa del sistema, y brega por una democracia que se base en la participación directa de los trabajadores, los sectores populares y sus organizaciones.
Su trabajo legislativo se refleja más en la denuncia y en la representación de demandas sociales que en leyes aprobadas, ya que pertenece a una minoría sin relevancia, en términos numéricos, dentro de la Cámara de Diputados.
Su figura se extiende más allá del pleno legislativo, y tanto ella como sus camaradas tienen una fuerte presencia en la calle, acompañando movilizaciones como las de los jubilados, adonde enfrentaron hasta lo físico a las fuerzas de seguridad, empoderadas tras la asunción de Patricia Bullrich como ministra de Seguridad y la aplicación del “protocolo anti piquete”.
Hoy aparece como una de las dirigentas nacionales con mayor imagen positiva.
Su desafío es consolidar a la izquierda como la tercera fuerza en la Argentina. Es, por mucho, la dirigente con mejor imagen del espacio, y seguramente será la candidata a la presidencia en 2027. Su postura firme y sus convicciones son reconocidas incluso, por sus enemigos más acérrimos. Cómo mantener esa postura, y a la vez articular política con potenciales aliados es la clave para abandonar la política testimonial y convertirse en una opción de mayorías para gobernar la Argentina.