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Historias

"Me dijeron toda la vida que estaba mal vista": la bancaria sanjuanina que creó un streaming donde nadie tiene que encajar

Milena Botta tiene 38 años, trabaja hace casi dos décadas en un banco y convive con depresión y ataques de pánico. Después de dos matrimonios, pérdidas devastadoras y años sintiéndose “fuera de lugar”, creó Mal Vista, un streaming under que reúne artistas, músicos, poetas y personas comunes en San Juan

Por Cecilia Corradetti

La primera vez que pensó en el nombre fue encerrada en el baño de su casa.

Tenía puestos unos lentes negros, aunque estaba adentro. Se había sacado una foto frente al espejo y, antes de subirla, una frase le cruzó la cabeza: “Mal vista”.

Milena Botta

En ese momento se rió sola. Lo asoció simplemente a la escena absurda de estar dentro de un baño usando anteojos de sol. Pero tiempo después, cuando empezó a imaginar un proyecto de streaming propio, ese nombre volvió.

Y ya no hablaba de los lentes.

Hablaba de ella.

“Cuando surgió la posibilidad del stream, nuevamente me vino a la cabeza Mal Vista, pero esta vez fue como algo propio. Como un adjetivo hacia mí”, cuenta hoy Milena Vanesa Botta, sanjuanina, 38 años, empleada bancaria desde hace casi dos décadas y creadora de uno de los espacios emergentes más particulares del under local.

Porque Mal Vista no nació solamente como un canal de streaming. Nació como una identidad.

Como una manera de apropiarse de todo aquello que durante años la hizo sentir distinta.

Milena Botta seis

Milena vive sola desde los 21 años. Se casó dos veces. Perdió dos embarazos. Y después de atravesar ese dolor tomó una decisión extrema y profundamente personal: quitarse las trompas de Falopio.

“No creo que la naturaleza quiera que sea madre después de hacerme morir a dos”, dice, sin rodeos.

Habla igual que vive: frontal, intensa, sin pedir permiso. “Nunca pedí ni di demasiadas explicaciones”, resume.

El magnetismo que hoy genera Mal Vista

Milena Botta siete

Y quizás ahí, en esa mezcla de sensibilidad y crudeza, está buena parte del magnetismo que hoy genera Mal Vista.

Porque mientras de día trabaja en un banco —donde entró gracias a una pasantía universitaria mientras estudiaba Licenciatura en Trabajo Social—, de noche piensa entrevistas, arma placas para redes, edita videos, responde mensajes, produce programas y sueña con llevar su streaming a cada rincón de San Juan.

Todo prácticamente sola. “El streaming es mi amor”, dice.

Pero llegar hasta ahí no fue fácil.

Milena Botta dos

Lo más difícil, recuerda, fue lograr que la gente entendiera qué era Mal Vista.

“Hacer que empezara a resonar como marca, que se empezara a consumir streaming y encima yo no venía del rubro”, explica.

Sí conocía el under sanjuanino. Había circulado durante años entre músicos, artistas, poetas y personajes de todos los mundos posibles. Pero una cosa era moverse ahí y otra completamente distinta era producir un espacio propio.

La primera temporada la hizo sola.

Pensaba temáticas, convocaba invitados, organizaba los programas y sostenía el proyecto a pulmón.

“Buscaba personas afines a cada tema y producía todo yo”, recuerda.

Con el tiempo empezó a pasar algo inesperado: artistas, emprendedores y músicos comenzaron a escribirle para participar.

Querían estar en Mal Vista. Querían contar ahí sus proyectos.

Querían formar parte de esa comunidad extraña y auténtica que Milena había construido casi sin darse cuenta.

Milena Botta cuatro

La decisión de aprender a hacerlo todo

En la segunda temporada se sumaron algunos amigos como columnistas. Pero sostener el ritmo no era sencillo.

“Una vez una chica me dijo: ‘No te puedo seguir el ritmo de trabajo’”, cuenta entre risas.

Entonces entendió algo: si quería que el proyecto creciera, tenía que aprender a hacerlo todo.

Y aprendió.

Hoy maneja las redes sociales, produce los contenidos, organiza invitados, diseña placas y coordina segmentos. Este año, además, decidió dar otro paso: empezó a estudiar periodismo en ETER.

“Mes por medio hacía cursos y dije: bueno, ¿por qué no hacer algo con todo esto?”, explica.

Pero lo que más la entusiasma en esta nueva etapa es salir a la calle.

Literalmente.

Después de empezar desde espacios pequeños, en junio mudará el streaming a un café y un bar sanjuanino cuyos dueños apostaron por el proyecto. La idea es que Mal Vista deje de existir solamente detrás de una pantalla.

Que la gente lo vea, que circule, que se convierta en un punto de encuentro real.

“La idea es que la gente sepa que el streaming existe en San Juan, que está bueno, que hay un montón de artistas, emprendedores, músicos y profesionales con cosas hermosas para aportar”, explica.

Por eso este año quiere recorrer la provincia, conocer personajes nuevos, sumar historias distintas y ampliar todavía más el universo Mal Vista.

Porque si algo la obsesiona es generar comunidad. “Quiero que quienes me miran se sientan cómodos. Que les parezca un planazo participar, asistir, tener un sticker, sentirse mal vistos o mal vistas”, dice.

Y en esa frase hay algo más profundo que un simple nombre.

Hay una reivindicación, la idea de transformar aquello que antes dolía en una bandera compartida.

“Ser quien sos y tener un lugar donde poder ir a contarlo siendo libre de expresarte”, resume.

Quizás por eso el proyecto conecta tanto con personas que nunca encontraron dónde encajar.

Porque Milena tampoco encajó nunca del todo.

Aunque parezca extrovertida, convive con depresión y ataques de pánico. Dice que no le teme a la soledad. Que no carga con problemas ajenos. Que puede perder amistades o parejas sin derrumbarse.

Pero al mismo tiempo tiene un costado profundamente sensible.

"Cien historias de amor de una mal vista"

Uno que aparece, por ejemplo, en su podcast “Cien historias de amor de una mal vista”, donde relata romances, vínculos y experiencias personales. Lleva apenas diez capítulos publicados, aunque asegura tener muchísimas historias más escritas.

“Siempre salgo bien parada de cualquier situación”, dice.

Y probablemente sea cierto.

Porque detrás de esa mujer que arma streamings, estudia periodismo, trabaja en un banco y organiza entrevistas hasta la madrugada, hay alguien que convirtió sus propias heridas en combustible creativo.

Hoy Mal Vista tiene columnas de poesía, deportes, emprendedores, historia, salud mental, música y hasta un segmento llamado “Mal Trip”, dedicado a temas random.

Cada programa tiene un invitado distinto y una dinámica diferente. Y aunque el proyecto creció, Milena mantiene intacta la misma curiosidad del principio.

“Me paso horas buscando gente en Instagram. Veo un bailarín o cualquier artista y digo: ‘Qué lindo, me encantaría que vaya al programa’”, cuenta.

Después sonríe y agrega algo que probablemente explique todo el espíritu de Mal Vista.

“Siento que las personas me enseñan. Incluso cuando estoy ahí, nunca sé nada. Siempre me gusta que me cuenten algo”.

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